“La educación está mirando para otro lado”

“Que la ciudadanía se movilice es una señal de esperanza y marca un rumbo”

En un nuevo 8 de marzo, fecha en la que se conmemora la lucha de las mujeres, hablamos con Andrea Tuana, educadora y directora de la organización “El Paso”, sobre la situación actual de las mujeres en nuestro país, sobre los avances y los debes.

.¿En cuáles situaciones se hace más notoria la desigualdad de la mujer?

Hay varias, la violencia y los femicidios es una. Las principales víctimas de violencia en la pareja son las mujeres, y eso está absolutamente ligado a las desigualdades de género, y a un sistema cultural patriarcal y machista, que ha establecido durante siglos la subordinación de las mujeres y la idea de que las mujeres somos propiedad de los varones. Hace bastantes pocos años, en el 1968, en las libretas de casamiento uruguayas todavía decía que el varón debía proteger a su mujer, y que la mujer le debía obediencia al marido, de esa cultura somos parte, de esa cultura somos hijos. La violencia sexual también es una de las expresiones más aguda de la desigualdad, y afecta particular y abrumadoramente a las mujeres, tanto niñas como adolescentes y adultas. Y dentro de las mujeres es importante destacar que mayoritariamente afecta a las mujeres afro, que los colectivos de mujeres afro lo plantean con mucha fuerza, el poder mirar dentro de las mujeres las diferencias que encontramos y cuáles son los colectivos que tienen mayor vulnerabilidad. La violencia es un gran capítulo, la violencia en las relaciones afectivas, en la pareja, y especialmente la violencia sexual, el acoso sexual callejero, el acoso sexual laboral.

Después está todo el capitulo que tiene que ver con el trabajo invisible, no remunerado, el trabajo dentro de casa, las tareas de cuidado de hijos e hijas y de las personas dependientes. Las mujeres uruguayas seguimos invirtiendo el doble de tiempo en la realización de esas tareas en relación a los varones, la idea de que son tareas que no le corresponden a los varones, o les corresponden en forma secundaria, eso sigue estando presente porque se sigue reproduciendo en la educación, en los estereotipos de género con los que seguimos educando a nuestros hijos e hijas, y a mí me parece que cuando una va mirando cómo se imparte esa educación, como se transmiten los estereotipos de género, como se transmite la doble moral sexual que juzga diferente una conducta si la lleva adelante un varón o si la lleva una mujer, eso es uno de los puntos donde se puede notar con mucha intensidad esto de la desigualdad.

Después, todo lo que es la participación de las mujeres en los espacios públicos, en los lugares de decisión, la participación política de las mujeres. Basta con mirar el parlamento, basta mirar quienes están en los principales cargos de decisión para que tengamos claridad de que las mujeres no llegamos, y de que hay grandes barreras para que las mujeres accedan, en las distintas instituciones, sindicatos, empresas y en la política. Y luego, la brecha salarial, todo lo que son las desigualdades a nivel laboral, también es un componente fuerte. Y la feminización de la pobreza, cuando hay pobreza las mujeres son las principales afectadas.

-¿Cuáles han sido los grandes avances legislativos en materia de género?

Yo creo que ha habido leyes que han sido muy importantes, simbólicamente y en lo que ha representado en la vida de las mujeres. Destacaría dos, la ley de salud sexual y reproductiva, la interrupción voluntaria del embarazo, que las mujeres uruguayas tengamos esa posibilidad ha generado un impacto y un cambio en la vida de las mujeres muy importante, por ejemplo se ha reducido drásticamente la muerte por aborto, y eso es muy importante. Y después, la ley de violencia de género, es una ley votada recientemente, en diciembre, es una ley muy importante, y haber logrado esa ley es de una conquista brutal para las mujeres uruguayas, pero eso se tiene que concretar y se tiene que empezar a implementar. Todavía estamos en la etapa previa a esa implementación, y para implementarla necesitamos presupuesto. A nivel legislativo es un tremendísimo avance, ahora necesitamos que eso empiece a tener una traducción en la vida cotidiana de las mujeres con la implementación.

.¿Cuál crees que es el gran debe del Estado con las mujeres?

Son de distinto orden, yo creo que uno de los debes centrales es que el Estado no se involucra en la transformación del sistema cultural, y eso hace a que la educación está mirando para otro lado, la educación está siendo omisa a este tema y se pierden los tiempos. Para que nosotros tengamos dentro de 10 años una generación de jóvenes que establezcan relaciones en equidad en las relaciones de pareja, o en las relaciones familiares con sus hijos e hijas, necesitamos empezar a trabajar hoy. Poder introducir en la currícula de grado de todo el ciclo educativo, desde inicial hasta terciaria la perspectiva de género, la educación en derechos humanos, en prevención de violencia, en prevención de violencia domestica, de violencia sexual. Sino empezamos a trabajar eso ahora, para poder empezar a cambiar esa mentalidad, esa cultura que sigue criando hijos machos, que tienen que demostrar su virilidad, que tienen que demostrar que son heterosexuales, porque a pesar de que tenemos una ley de matrimonio igualitario este es un país fuertemente homofóbico, que presiona a los varones para ser viriles, y para mostrar esa virilidad, aun a costa de acosar sexualmente a una mujer, o de violentar a una mujer, o que sigue condenando y estigmatizando a aquellas mujeres que no aceptan los límites que le pone este patriarcado para vivir su sexualidad, y entonces la condena, que ahora se hace a través de las redes sociales, se viralizan los videos, y las mujeres quedamos en el escarnio público. Mientras no cambiemos eso y no empecemos a criar varones para que dejen de ser acosadores, abusadores, violentos con su pareja y mujeres que podamos estar fortalecidas, que no aceptemos ese tipo de vínculos, que no los naturalicemos, hasta que no hagamos eso, esto difícilmente cambie.  Y después está todo lo que tiene que ver con el sistema de protección, la respuesta que se da cuando la situación ya esta, y ahí el Poder Judicial es una de las grandes piedras en el zapato que tenemos. Si bien ha habido distintas etapas en los últimos años, tiene muchos jueces y juezas con formación, con compromiso, yo creo que la cabeza, la política, la rectoría que hay en el Poder Judicial es muy conservadora, fuertemente machista, y tiene un componente de misoginia importante, no está brindando la protección, no está combatiendo la impunidad.

-¿Qué desafíos tienen por delante las organizaciones?

Tenemos una enorme expectativa de que sigamos avanzando, porque así como vemos los debes, vemos el proceso, Hace 20 años atrás habían 6.000 denuncias de violencia doméstica al año, hoy hay entre 30 y 40,000 denuncias, y eso nos habla, no de que la violencia hoy aumenta porque estamos en una sociedad que ha perdido el rumbo y los valores, en realidad de lo que nos habla es de que las mujeres se animan a pedir ayuda, porque encuentran respuesta, y eso es un cambio notorio. Hace 20 años atrás no estaban las respuestas, no estaban los centros de atención, no estaban las tobilleras, no estaban las unidades de la policía especializadas en los distintos departamentos del país, no estaban los juzgados especializados en Montevideo, entonces, ese reconocimiento del proceso, de lo que sí se ha logrado, del avance en el sistema de respuesta, de que la gente se anima hoy a denunciar, de los medios de comunicación que abren la puerta para que estos temas entren, para ponerlos sobre la mesa, y dentro de las casas, me parece que es la expectativa que a nosotros nos da de que hemos avanzado, y que podemos seguir avanzando. Creo también que el 8 de marzo y el 25 de noviembre son dos días claves, en donde se ha logrado movilizar a la ciudadanía, y eso también es una señal de esperanza. Esperanza de que este es un problema que hoy tenemos mucha más consciencia que es un problema de todos y de todas, que no es un problema de algunas mujeres, ni de las mujeres, sino que es un problema que afecta tremendamente a las mujeres, pero que es de todos y todas. Es una señal de esperanza y de gran expectativa de que la ciudadanía se está expresando, la ciudadanía está harta de tanta violencia y discriminación hacia las mujeres. Y está generando un hecho político con esto que es salir a la calle a colocar los problemas que importan, y eso también presiona, y eso también de alguna forma marca un rumbo para quienes están hoy dirigiendo el país, para que puedan escuchar y puedan empujar políticas para seguir cambiando y transformando.