Ni una mujer menos, ni una muerta más

Historia y presente de la lucha de las mujeres contra la violencia

por Mariana Arias

Como cada año el 25 de noviembre se conmemoró un nuevo Día Internacional contra la Violencia hacia las mujeres, con movilizaciones en el centro de Montevideo.

Este año la convocatoria fue doble. Desde la Plaza Independencia partió la movilización convocada por el colectivo Mujeres de Negro que año a año se manifiesta en esta fecha contra los feminicidios y para exigir el fin de la violencia contra las mujeres. En silencio, vestidas de negro y organizadas en filas miles de mujeres, y también hombres, marcharon hasta la explanada de la Intendencia de Montevideo.

La segunda movilización fue convocada por el 14° Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe que este año se celebró en Montevideo. Con colores, pancartas, megáfonos y cánticos miles de mujeres de toda Latinoamérica se manifestaron contra el patriarcado, el machismo y el racismo.

Una vez en la explanada de la Intendencia capitalina las movilizaciones se unificaron y se dio paso a la proclama leída por Minou Tavárez Mirabal, hija y sobrina de las hermanas Mirabal (Minerva, Patria y María Teresa) quienes fueron asesinadas por la dictadura de Rafael Trujillo, en República Dominicana, el 25 de noviembre de 1960, asesinato que se repudia y se recuerda en esta fecha.

La proclama condenó la desigualdad de género que todavía existe en el mundo, la violencia contra las mujeres y el machismo que reina en las sociedades.

La violencia que no cesa

Al sábado 25 iban 29 mujeres asesinadas en nuestro país, hoy, menos de una semana después, ya son 31.

Según el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad, en Uruguay se recibe una denuncia por violencia de género cada 14 minutos. Se produjeron 104 denuncias por día en los últimos 10 meses de este 2017. Entre el 1o de enero y el 31 de octubre, fecha en la que se cortó la medición, hubo 31.854 denuncias.

El Observatorio, en su informe entregado al Parlamento, destaca que en los "últimos 10 meses del 2017" aumentaron 14% las denuncias por este tipo de delitos, en relación con el mismo período del año anterior. En los primeros 10 meses de 2017 fueron asesinadas 23 mujeres por una pareja, expareja o familiar. Si se suman los dos casos de este fin de semana la cifra aumenta a 27. En total, las organizaciones feministas denuncian 31 muertes este año directamente asociadas al hecho de ser mujeres.

El citado informe señala que el 70% corresponde a conflictos con pareja o expareja y el resto a familiares o personas con las que convivían. El 72,8 % de las denunciantes son mujeres y prácticamente la totalidad de los agresores son hombres.

La violencia hacia las mujeres a manos de sus parejas, ex parejas, padres, hermanos, nietos, es algo sistémico no es aislado, es algo que está instaurado desde las bases mismas del patriarcado, y cada micro machismo suma a la impunidad de quienes agreden, abusan, violan y matan a las mujeres, y la sociedad no es otra cosa que cómplice. Desde la objetización de la mujer, desde esa separación en dos de las mujeres, aquellas que son para consumir, porque su cuerpo se ajusta a los estándares de belleza, y aquellas que son para formar una familia (y esto por supuesto quiere decir que se encarga ella de las tareas domésticas y de la crianza de los hijos), desde esto, la mujer es en función del hombre. Entonces, si estamos criando generación tras generación a niñas y niños con estos preconceptos, ¿cómo esperar que los hombres no crean que son dueños de las mujeres?

Si les estamos enseñando que una mujer se maquilla, se viste y actúa en función de querer gustarle a los hombres, ¿cómo esperamos que el hombre no crea que cada mujer lo está “provocando”? Y si además, cuando una mujer denuncia una violación, lo primero es preguntarse dónde, cómo, en qué estado estaba ella, y qué tenía puesto, si lo primero que la sociedad hace es buscar una justificación para el hombre que la viola, ¿cómo podemos pensar que esto se va a terminar?

Si los vecinos escuchan gritos y no llaman a la policía porque “cada casa es un mundo”, y “no hay que meterse”, ¿cómo esperamos evitar que otro hombre mate a una mujer y a una niña? Si cada vez que hay un caso de violencia a la mujer se dice que el hombre es un “loquito enfermo”, que es un caso aislado, ¿cómo vamos a, como sociedad, dejar de ser cómplices? Las feministas dicen que ellos son “hijos sanos del patriarcado”, y lo son, porque fueron criados en un sistema que les enseñó que las mujeres son su propiedad, que ellas son en función de ellos, y que les muestra que cuando un hombre abusa de una mujer, esta sociedad es cómplice y busca siempre culpabilizar a la mujer, y aprendieron de ese sistema.

Entonces, lo primero para eliminar la violencia hacia la mujer, es reconocer nuestra responsabilidad como sociedad, es repensar cada actitud machista, es ver cómo estamos criando a las próximas generaciones, es dejar de decirle “feminazi” a las feministas, es aprender de una vez que el feminismo no es lo contrario al machismo, y que nadie dice que sean todos los hombres, solo los suficientes para que sea un problema social, y no casos aislados.

La historia del 25 de noviembre

Cómo ya lo expresamos en la edición del 8 de marzo, las mujeres han tenido roles protagónicos en las luchas sociales en todo el mundo, ya sea en las primeras filas de la Revolución Rusa o Cubana, también las primeras filas de la resistencia a cada injusticia, a cada dictadura. Desde el año 1930, Rafael Trujillo era dictador que gobernaba en República Dominicana, una de las organizaciones opositoras era el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, en él militaban Minerva y María Teresa Mirabal, y también colaboraba Patria Mirabal.

Las hermanas Mirabal, también conocidas como “Las Mariposas”, fueron muy buscadas por el régimen de Trujillo, Minerva y María Teresa fueron encarceladas en varias ocasiones, en donde sufrieron abusos, violaciones, e incontables torturas. En mayo de 1960 fueron juzgadas por atentar contra la seguridad del Estado, y fueron condenadas, al igual que sus esposos, a tres años de prisión. Sin embargo, fueron liberadas por orden de Trujillo en agosto de ese año. Las hermanas retomaron sus tareas en la resistencia al régimen. Luego de ser liberadas, sus esposos fueron trasladados a la cárcel de Salcedo, quedando más cerca para las visitas de las hermanas. El 25 de noviembre de 1960, volvían de visitar a sus maridos en la cárcel, junto con su hermana Patria, cuando su auto fue interceptado. Las hicieron cambiarse al vehículo del Servicio de Inteligencia Militar, y las llevaron a sus casas, allí fueron ahorcadas y apaleadas y luego arrojadas a un precipicio en un auto, en un intento de fingir un accidente de tránsito. El asesinato de las hermanas Mirabal fue el comienzo del fin de la dictadura de Trujillo, quien fue asesinado en 1961.

A “Las Mariposas” las asesinaron porque eran mujeres que militaban, porque eran mujeres que se habían posicionado contra la dictadura y estaban militando activamente para derrocarla, las asesinaron porque eran mujeres que día a día luchaban por un mundo más justo, las asesinaron porque eran mujeres a las que encarcelaron, y cuando fueron liberadas volvieron a su lugar en la resistencia, las asesinaron porque eran mujeres a las que torturaron cruelmente pero que no se rindieron, las asesinaron porque eran mujeres. Porque este sistema quiere a las mujeres sumisas, las quiere con miedo, y escondidas, y cada vez que una mujer se niega a ocupar ese rol, cada vez que una mujer se empodera, el sistema no lo tolera, y más aún cuando las mujeres y no solo le hacen frente al patriarcado, sino que también al capitalismo.

En el año 1981 en el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en Bogotá, se decidió que el 25 de noviembre pase a ser el Día Internacional contra la violencia de la mujer.