Homenaje del SUNCA a Omar Paitta a 36 años de su secuestro y desaparición

Homenaje del SUNCA a Omar Paitta a 36 años de su secuestro y desaparición

GM

El viernes pasado el SUNCA homenajeó, en un Plenario Metropolitano de delegados, a Omar Paitta, obrero de la construcción, dirigente del sindicato, militante del Partido Comunista de Uruguay y de la UJC, secuestrado y desaparecido por el Terrorismo de Estado el 21 de setiembre de 1981.

Paitta nació en Mercedes y fue secuestrado por el fascismo en Montevideo, en esos momentos integraba la dirección clandestina del SUNCA. La clandestinidad lo obligó a mudarse varias veces para eludir la represión, durante años residió en Las Piedras, junto a su compañera y sus tres hijas, por ello una calle de esa ciudad lleva su nombre y el homenaje se realizó allí, más precisamente en la Criolla de esa ciudad de Canelones.

Pese al mal tiempo, y a la tormenta, cientos de obreras y obreros llenaron el local. En el estrado estuvieron los familiares de Omar Paitta, sus hijas, nietas y nietos, que recibieron flores por parte del SUNCA, los acompañaron Daniel Diverio, presidente del sindicato y Oscar Andrade, secretario general.

En el marco de este homenaje se dio a conocer la primera versión de una canción que Mario Carrero le compuso a Agustín Pedroza, primer presidente del SUNCA, cuyo nombre llevan las Brigadas Solidarias de los trabajadores de la construcción.

“Él es más que él”

El acto lo abrió Aimar Medina, nieto de Paitta, quién muy emocionado leyó un texto que escribió pensando en su abuelo, al que no conoció.

Arropado por cálidos aplausos explicó: “Buenas tardes, gracias a todos por venir, tengo un texto aquí que escribí hace poco, en una fecha cercana al cumpleaños de Omar, es un texto bastante personal, que se podría leer en un asado de familia, como la oportunidad no se da porque es un tema bastante complicado, voy a aprovechar para leerlo acá”.

“Hoy extrañé a alguien que no conocí. Reí y lloré sin saber bien por qué. Porque creo que era como alguna vez lo imaginé. Escuchando con él a Zitarroza y Gardel, y Silvio, puede ser. Puede ser que a ellas les pase también. A veces no pensé, o me olvidé, que para ellas él es más que él, y cada tanto debe doler no saber. Porque creo que era como alguna vez lo imaginé. Hablando de las cosas que me gusta hablar con ellas también. A veces no pensé, o me olvidé, que para ellas él es más que él. Pero hoy me acordé. Me acordé y me puse triste por no poderlo conocer. Porque creo que era como alguna vez lo imaginé. Porque para mí: él es más que él”, dijo y le respondió un silencio conmovido y luego un aplauso de pie de todas y todos los presentes.

“Una trinchera ética”

Cerró el emotivo acto, Oscar Andrade, quien comenzó destacando la presencia “de delegados de decenas de centros de trabajo que hicieron un esfuerzo enorme para el éxito del paro y la movilización del PIT-CNT, y hoy pese al clima están acá”.

Agradeció el homenaje de Mario Carrero a Agustín Pedroza, ya que, según afirmó “se militante sindical siempre es difícil, ser de la construcción y negro, como Agustín, es sacar todos los boletos para ser objetivo privilegiado de los sectores dominantes”.

Andrade destacó que “el SUNCA siempre rompió moldes y tuvo a su frente, en la mayor parte de su historia, a dos negros, Agustín y Mario Acosta y hoy estamos muy felices de que nos represente en la Mesa Representativa del PIT-CNT una compañera, Laura”.

“Estamos tratando de hacer un esfuerzo contra el olvido, contra la amnesia colectiva. Yo tenía cuando terminó la dictadura, diez años. Y durante mucho tiempo escuchamos que esa era una página que no tenía que ser recordada. Había que olvidar todo. Nos invitaban a la amnesia y en la amnesia olvidarnos de los impunes, de las bestias, y olvidarnos de los héroes”, dijo.

Reconoció que “en algún tiempo, desde las trincheras del campo popular, tuvimos mucha dificultad para recuperar esa historia” y destacó que “toda la historia merece ser recuperada”.

Se refirió a “los viejos inmigrantes que junto con los oficios traían las primeras ideas de organización, cuando pensar en armar un sindicato era tratado con el jefe de policía y no como un derecho laboral”.

Recordó las primeras reivindicaciones: el derecho a las 8 horas, el derecho a tener agua potable, el derecho a luchar contra los maltratos físicos.

Reivindicó el internacionalismo y asumir “que las desgracias de los pueblos del mundo son nuestras propias desgracias”.

“Aunque nos enseñen que las fronteras principales son las que delimitan un país con otro país, las fronteras principales para los trabajadores son las que delimitan al que vive de su laburo con el que vive del laburo ajeno”, afirmó.

“La historia nos enseña a educarnos en esa solidaridad de los laburantes. El viejo Turiansky, que se fue hace poco, nos contaba que ya en la década del 40 asesinaban por sicarios contratados por una patronal a Dámaso Caballero, obrero de la construcción; los mártires de la industria frigorífica; María del Carmen Díaz, obrera de Ferrosmalt; ¿merecen ser olvidados?”, dijo.

“Si olvidamos la historia habrá trabajadores que piensen que el Seguro de Paro fue dado por el BPS un día porque se le antojó y no porque fue una de las plataformas de lucha más importantes del campo popular”, sentenció.

 “Si fueran olvidadas esas luchas no tendríamos el grado de organización, de compromiso, de propuesta y de lucha que tenemos hoy para defender la Ley de Aporte Unificado de la Construcción que es una conquista construida por esta clase y esta clase no está dispuesta a soltarle la mano y abandonarla”, indicó.

“El recorrido de la memoria tiene que ver con el homenaje a lo que debe ser homenajeado, pero también es una forma de lucha”, explicó.

Andrade recordó que “hay páginas de esa historia que se nos perdieron. Nos enteramos con veteranos del teatro que el teatro El Galón fue construido con mano de obra solidaria de los trabajadores de la construcción. O que el primer gremio que fue a rodear a Líber Arce herido fue este. Con páginas heroicas de la resistencia, por ejemplo, en la huelga general, porque cualquiera puede hacer retórica acerca de la democracia, pero la clase obrera que ocupó y volvió a ocupar los centros de trabajo en defensa de la libertad y la democracia, y pagó con cárcel, fue esta”.

El dirigente del SUNCA dijo que “Omar es parte de esa historia heroica. De los que en dictadura decidieron resistir contra todo. Resistir y denunciar, que había compañeros presos, que se habían quedado con nuestro local. La historia de Omar, con tres hijas pequeñas, que están acá y nos emociona mucho que estén acá, durante muchos años saltando de casa en casa, para evitar la represión. Pocas horas antes de que lo detuvieran estaba mostrándole a un compañero donde era nuestro local sindical, porque a pesar de que lo hubieran transformado en un centro de detención y tortura ese era nuestro local sindical. En esas condiciones tan complejas tenemos el honor de que hubo compañeros que resistieron. Que resistieron pagando con su vida, que resistieron y están desaparecidos”.

“Nos quieren convencer que eso tiene que ser olvidado, que tenemos que hacer de cuenta como que no pasó esa vida. Que nos olvidemos de los héroes y de las bestias. Pero no va a pasar. Nos alegra pila que los jóvenes que entran a la construcción a la semana están preguntando: ¿quiénes eran esos?”, dijo entre aplausos.

Andrade recordó a Guillermo Machado, asesinado por las razias en el gobierno de Julo María Sanguinetti, a Omar Paitta, a Arpino Vega, a Luis Batalla, a Gelós Bonilla, a Modesto Quiñones, a Cuña, a Piterle, a Rosales, asesinados o desaparecidos durante la dictadura, todos militantes del SUNCA.

“Omar representa para nosotros varias cosas, primero la batalla por la memoria y segundo, es una trinchera ética”, dijo Andrade.