62 años de la Ujotacé

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El 25 de agosto se conmemora un nuevo aniversario de la refundación de la Juventud Comunista. Desde su fundación, el Partido Comunista del Uruguay, ha tenido un ámbito específico destinado a la política juvenil, la Federación Juvenil Comunista. Pero en el año 1955, al calor de las transformaciones partidarias que surgen a partir del XVI congreso, se funda la Unión de la Juventud Comunista, como forma de reimpulsar el trabajo de los comunistas hacia el movimiento juvenil, y en particular en el movimiento estudiantil. Son años en los que las luchas universitarias por la ley orgánica de la Universidad, la forja de la alianza obrero-estudiantil y la efervescencia revolucionaria en el continente, marcan para siempre la identidad del movimiento juvenil uruguayo, y la recientemente nacida UJC juega un papel central en esas luchas.

Desde entonces, no es posible hablar de la UJC sin hablar de las luchas de la juventud uruguaya, de la misma forma, resulta imposible mencionar las luchas juveniles sin hacer una breve mención a la generosa contribución de la UJC.  Son entonces, 62 años de continuidad histórica del compromiso con los sueños y la lucha de la juventud uruguaya. Ese ha sido el rasgo común en la historia de la Ujotacé, poner en primer lugar los intereses de las jóvenes, hacer el esfuerzo permanente por identificar los desafíos centrales de lucha juvenil y destinar a eso el despliegue político de la organización.

A lo largo de la historia, la UJC se ha caracterizado por ser una juventud política que priorizó siempre ser parte de la lucha de las herramientas juveniles, contribuyendo con los mejores hombres y mujeres al fortalecimiento del movimiento estudiantil, a la unidad y la lucha del movimiento sindical, a la creación y el fortalecimiento permanente del Frente Amplio, como expresión política de las luchas populares, y a contribuir con la iniciativa de cada una de las organizaciones barriales, culturales, deportivas y académicas que luchan por transformaciones que vayan en el sentido de mejorar las condiciones de vida del pueblo.

Bastaría rememorar algunos de los grandes aportes de la UJC a la lucha popular, al fortalecimiento de la alianza obrero estudiantil, a las luchas en defensa de la educación pública que han posibilitado el acceso de amplios sectores al sistema educativo, a las luchas por más derechos y más libertades, la heroica resistencia a la dictadura fascista, para entender la importancia de forjar una gran UJC. 

Sería necio no reconocer que esa historia heroica ha estado llena errores, y también es parte de la contribución al fortalecimiento de la lucha popular asumirlas sin complejos, con la grandeza de una organización que tiene como objetivo central y permanente realizar su contribución modesta al fortalecimiento del poder popular y la iniciativa del pueblo. Nuestra historia son las luces y sombras, los aciertos y errores, las alegrías y los dolores, de decenas de miles de hombres y mujeres, que en su tiempo y con sus formas pusieron en primer lugar lo colectivo, y esa es una historia gloriosa, pero no idílica.

Repasar la historia, reconstruirla, es un desafío permanente de las organizaciones populares. Hacerlo para aprender de los pasos dados, pero fundamentalmente, hacerlo para darle perspectiva histórica a la lucha. La UJC viene realizando un esfuerzo enorme por salir al encuentro de esa historia, iniciativa que se viene trabajando en la formación de los y las militantes actuales, en recoger los testimonios de algunas de las personas que forjaron las páginas más gloriosas de la organización y la lucha juvenil. Este 62 aniversario, es también una invitación abierta a reconstruir, entre todos y todas, una historia de lucha que es patrimonio del conjunto de la sociedad uruguaya.

La UJC en la actualidad es herencia de esa historia gloriosa, pero como cada generación de jóvenes comunistas, es hija de su tiempo. Un tiempo en el que los dispositivos culturales para la dominación brillaron en su máximo esplendor. Nuestra generación es hija de lo que pretendió ser el sueño dorado del capitalismo, un mundo sin historia, sin sueños y sin alternativa. Comida chatarra, cultura chatarra, trabajo chatarra, educación chatarra. Pretendieron instalar un modelo cultural de una vida que no se vive, se consume.

Y en ese contexto histórico es que renació de esa herencia histórica la UJC. Luchando desde nuestro tiempo por transformarlo, por oponer al inmediatismo, memoria; al individualismo, construcción colectiva y a la resignación, sueños. Nuestra generación es también hija de un continente que se negó a vivir el sueño dorado del capitalismo de forma pasiva. Es hija del triunfo del Frente Amplio y los gobiernos progresistas en América Latina. Hija del protagonismo popular, que forjó sin pedir permiso una década de conquistas y avances sin precedentes en la historia del continente, ese sueño de pueblos y gobiernos que hoy quieren terminar.

La juventud uruguaya ha sabido en más de una oportunidad que la pretensión de terminar la historia fue un nuevo fracaso del sistema capitalista. Nos quisieron adoctrinar, “hace la tuya y no te metás”, y, sin embargo, esta generación supo asumir la responsabilidad histórica de construir transformaciones políticas y culturales, de esas que solo se construyen con protagonismo popular, organización y lucha. Eso implica la incorporación de nuevas formas de militancia, que conviven con las históricas, incorporando la forma de sentir y vivir de la juventud uruguaya.

Así fue posible, en un país en el que se decía que no había que tener ojos en la nuca, que decenas de miles de jóvenes nos vistiéramos de rosado para decir que nuestro tiempo no era de olvido, es de memoria, verdad y justicia, luchando por la anulación de la ley de impunidad, y participando masivamente en cada marcha del silencio y de los mártires estudiantiles. También es la generación que asume una nueva agenda de derechos, bajo la idea de que para vivir mejor precisamos ser más iguales, promoviendo una batalla cultural enorme contra el conservadurismo, que posibilitó la aprobación de leyes que recogieron transformaciones culturales muy profundas, muestra de una generación que cada vez se acepta más y tolera menos la injusticia.

También somos la generación que se opuso a la baja de la edad de imputabilidad, y sobre todo a la resignación, siendo la principal protagonista de una derrota histórica de la derecha, que, habiendo identificado las potencialidades del protagonismo juvenil, buscó estigmatizar a la juventud uruguaya. Es la generación que lucha en el movimiento estudiantil por memoria, presupuesto educativo y por materiales de estudios, en un movimiento estudiantil que crece como nunca en el interior del país, producto de una educación terciaría cada vez más descentralizada. La que lucha en el movimiento sindical por fortalecer la unidad y terminar con la precarización laboral juvenil. La que se hartó de la violencia machista y lucha por transformar y transformarse para ser cada vez más iguales. La que quiere poner fin a la discriminación sexual, racial y de cualquier tipo. La que lucha por construir un Frente Amplio, que cada vez más, sea expresión de esas luchas para seguir transformando el país.

Para contribuir con modestia a todas estas luchas, es que la UJC hoy se prepara para tomar impulso y llevar adelante un gran plan de crecimiento, que nos permita llegar el año que viene a un gran XVI congreso de la Juventud Comunista, con una organización en lucha a lo largo y ancho del país. Una organización renovada y con iniciativas claras de cara al cuarto gobierno del Frente Amplio. Solidaria con los pueblos del mundo y de nuestro continente. Joven, irreverente, entusiasta y alegre. Comprometida con su tiempo y con su historia. La de ayer hoy y siempre, la gloriosa Ujotacé.

 

Daniel Mariño
Secretario General de la UJC.