Turiansky: “Suponer que la huelga general fue espontánea es una locura”

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Compartimos con ustedes una entrevista que le realizara a Vladimir Turiansky en el año 2013, el semanario El Popular, con motivo de cumplirse los 40 años de la Huelga general. Hoy a 4 años, recordamos aquel momento y al compañero Vladimir, cuando se cumplen 44 años de la heroica Huelga del 73.

- Muchos dirigentes sindicales de la época de la Huelga General, entre ellos usted, afirman que la necesidad de responder con esa medida ante el golpe fue algo definido muy anteriormente a 1973, ¿cómo fuel el proceso de esa discusión en el movimiento obrero?

-  La decisión inicial de responder a un golpe de Estado con una huelga general y ocupación de los lugares de trabajo fue en el año 64.

En ese año la CNT estaba aún en etapa de coordinación, no se había constituido, eso pasó unos meses después. Sí existía la Central de Trabajadores del Uruguay, la CTU, que fue una suerte de paso inicial para la central única. La iniciativa surgió de ahí. Se tomó en el 64 porque fue el año del golpe militar en Brasil, que fue un golpe militar contra un gobierno elegido por normas democráticas y que tenía un contenido progresista y antiimperialista. El grupo militar que dio el golpe eran los sectores más reaccionaros del Ejército con el apoyo de Estados Unidos. Eso que pasaba en el gran vecino, tenía repercusiones en el Uruguay. En ese período, aquí existía lo que se llamaba “rumores de sables”, quiere decir que había movimientos militares que temían, dentro de los fenómenos continentales que se daban, el avance del comunismo en Latinoamérica. Eran los tiempos de la Guerra Fría.

De manera que el tema surgió luego del golpe en Brasil, pero que se analizaba en el contexto del surgimiento de dictaduras y gobiernos sumisos a la política hegemónica de los Estados Unidos, en América Latina. Estábamos viendo un proceso de fascistización de la región. Entonces, en el movimiento sindical uruguayo empezamos a discutir qué hacer nosotros, cómo responder, nos pareció que debíamos responder.

La resolución fue que las asambleas sindicales discutieran la propuesta, de modo que la definición no fuera de una cúpula sindical sino se discutiera en todos los lugares.

La CNT se constituye como central única en el 66, con su programa que era el del Congreso del Pueblo, y ese congreso de unificación sindical hace suya aquella resolución. O sea que desde los orígenes de la CNT la respuesta con huelga general al golpe de estado ya estaba planteada. Y se reiteró permanentemente, en el primer congreso del 69, en el segundo congreso del 71, pero no solamente ahí, esa reiteración implicó la discusión en los sindicatos, en las asambleas.

Ya en los años previos, comienza la organización práctica de la huelga. El tema del golpe de Estado estaba planteado en la realidad nacional. Comenzó por parte de la CNT, la parte de la organización concreta de eso. Así que no fue una simple resolución de una consigna, sino que fue un trabajo sistemático, una resolución ampliamente discutida, adoptada; hubo un consenso muy generalizado en cuanto a responder de esa manera.

Eso es lo único que puede explicar la inmediatez de la respuesta, no hay otra explicación posible, no hay manera de que espontáneamente en centenares de lugares dispersos por toda la ciudad y en muchos lugares del interior se produzca exactamente lo mismo. Porque, además, cómo circula la información, el que ocupaba una fábrica no tenía idea si la fábrica de la otra cuadra se estaba ocupando, cumplía con la obligación y ocupaba. En el interior, donde se pudo, se hizo igual. Suponer que una medida de tal amplitud, de tal grado de riesgo, en todo el país y simultáneamente, sin años de preparación, es una locura pensar que esto fue una obra del espontaneísmo,  solo alguien que no vivió ese proceso o que se lo imagina.

- ¿Cómo recuerda los días en que se avecina el Golpe de Estado y la implementación de la huelga?

- La proximidad del golpe estaba planteada hace varios días, el rumor corría en el Parlamento, en la prensa. Naturalmente, cada sindicato comenzó a tomar las medidas para poner en marcha lo que se había planificado previamente. Cada sindicato necesitaba tener materiales para llegar a los trabajadores con información, un lugar donde reunirse que no podía ser el local habitual. Para comunicarnos teníamos los teléfonos comunes y silvestres, contábamos con la impresión a través de los mimeógrafos, había que tener stock de papel, las matrices, las máquinas de escribir; todo eso para elaborar los boletines. También había que tener suplentes a las directivas, pero además había que asegurarle a los compañeros que pasaban a ocupar sus fábricas la alimentación, cosas que les permitieran sostenerse durante la ocupación con las ollas que se hacían en las fábricas.

Todo eso se estuvo elaborando en ese tiempo. Como dirección de la CNT, nos tocó realizar más o menos las mismas actividades. Nos empezamos a reunir en el local de la Federación del Vidrio, en La Teja; ahí elaboramos el texto de la declaración que salió apenas empezaron las marchas militares, comenzó a circular ese boletín informativo hacia los sindicatos para que se distribuyera en los lugares de trabajo.

- ¿Cuáles son los momentos que se destacan de esos 15 días del transcurso de la Huelga General?

-  Se me vienen a la mente tres episodios. Al segundo día de la huelga, la convocatoria de Bolentini para negociar una salida. Otra fue el 9 de julio, esa demostración enorme. Se puede mencionar también la llama de La Teja como elemento simbólico. Pero hubo muchos momentos, cada compañero con el cual hables te va a nombrar un hecho distinto.

Yo, como Secretario de Propaganda, tenía la preocupación fundamental de tener información y que llegara a la mayor cantidad posible de trabajadores. Contaba con un equipo de compañeros, que son los héroes de la jornada, que se encargaban de armar los paquetitos y llevarlos a cada lugar.

Me parece muy destacable el trabajo que hizo Aurelio González con su cámara fotográfica, porque no solamente iba a sacar fotos, de alguna manera, era el vínculo con el exterior, porque la gente dentro del lugar ocupado estaba ansiosa por información sobre qué estaba pasando alrededor.

Decir también que las Fuerzas Conjuntas, el dispositivo militar que se encargaba de desocupar la fábrica, estaban convencidos de que una vez que sacaban de la troya a la dirección subversiva que tenía la CNT, los trabajadores “adquirían su independencia” y eso se terminaba. Pero se iban y resulta que después se enteraban que la fábrica volvía a ser ocupada. No tenían noción del grado de democratización del movimiento sindical, pensaban que funcionaba como funcionan ellos, con una cúpula que ordena y manda.

El otro sacudón que tuvieron fue la entrevista con Bolentini. El gobierno pensó que ofreciendo un aumento salarial el tema se resolvía, entonces llamó a una delegación de la CNT para presentar un proyecto de aumento salarial –creo que era un 25%-. La  carta de respuesta de la CNT establecía cinco puntos para negociar, el principal de los cuales era el restablecimiento de las libertades sindicales, democráticas y políticas en el país y la normalización de la vida institucional. Como eso estuvo planteado como principio para cualquier inicio de negociación, ahí mismo se terminó la ilusión de que pudieran contar con alguna ruptura dentro de la estructura del movimiento sindical.

Además de esa reunión con Bolentini, ¿tuvieron alguna más con otros partidos políticos?

-Hubo una entrevista con los dirigentes del Frente Amplio, previa a la manifestación del 9 de julio; con el Partido Nacional, no que yo recuerde, pero puede haber habido.

Lo que a nosotros nos preocupó es que la Huelga General no tenía respuesta política. Por alguna razón, el sistema político no reaccionó al Golpe de estado con el grado de enfrentamiento que debía. Eso luego se tradujo en que los partidos políticos no tuvieran respuestas a la altura de la hora, exceptúo al FA por dos razones: primero, el Frente acababa de constituirse, recién inauguraba su primer período de vida parlamentaria y buena parte de su militancia estaba ya militando en la vida sindical, en la huelga.

De manera, que el Frente no tenía incidencia en el plano político, donde se pudieran tomar las decisiones, eso le correspondía al Partido Colorado y al Partido Nacional, y esos partidos se partieron, particularmente una parte del Partido Colorado fue cómplice de la dictadura, empezando por el gobierno, que era de ellos. Lo mismo la minoría del Partido Nacional que había ayudado a sostener el gobierno de Bordaberry hasta ese momento, lo que Wilson Ferreira Aldunate calificaba de “blancos baratos”, que era el grupo herrerista del Partido Nacional que permitía que Bordaberry tuviera una mayoría en el Parlamento. Pero Ferreira Aldunate tenía sus vacilaciones, porque él fue responsable de que el Parlamento tuviera mayoría para votar el estado de guerra interno primero, la suspensión de las garantías individuales y la ley de seguridad del Estado.

Entonces, no hubo de parte de los partidos tradicionales una respuesta, aunque la hubo después, pero el problema es que en el transcurso de la Huelga General nos encontramos bastante solos los trabajadores.

La movilización del 9 de julio ya agarró muy debilitada la huelga, estábamos viendo hasta que momento podíamos seguir sosteniendo una huelga de esas características. En algunos lugares con poca organización ya existía cierta vuelta al trabajo. Ahí comenzamos a discutir la eventualidad de tener que levantar la huelga, que tenía el sentido de resistir, de dar un primer impacto y crear condiciones para generar otro tipo de resistencia al golpe que abarcara otros sectores sociales y políticos, y eventualmente militares, que podían surgir. Desgraciadamente, quedó reducido al ámbito sindical.

- Para terminar, a 40 años de la Huelga General, ¿qué reflexión puede dejar aquella gesta para el presente del movimiento popular?

-Se me ocurren varias cosas. Lo primero es reafirmar algunos principios básicos del movimiento sindical uruguayo. Uno de ellos es la construcción de la unidad, una unidad sin distinciones, capaz de abarcar todos los modos de pensar que imperan en el movimiento sindical, todas las corrientes ideológicas y políticas que lo componen. Lo segundo, su carácter no corporativista, contra lo que se afirma muchas veces por parte de los medios. El movimiento sindical, a la vez que construyó la unidad, construyó también una visión de país, elaboró una alternativa que tuvo su expresión programática en el Congreso del Pueblo, que fue tomado como el programa de la CNT, de manera que no era solo el programa de los trabajadores, abarcaba los intereses del conjunto del pueblo uruguayo.

También la necesidad de tener una visión clara de los problemas políticos nacionales, no estuvo ausente el movimiento sindical de eso. Es más, a partir del pachecato, el país giró permanentemente en el enfrentamiento o en el apoyo a la postura, la visión que tenía el movimiento sindical.

La unidad, la visión de país, y un principio de alianza, que me parece que es lo que hoy corre riesgo, el riesgo más importante, si me preguntan. Porque esa especie de alianza que se fue construyendo en aquellos años, incluía en primer lugar a la Universidad y los estudiantes.

En el origen de todo este proceso están los estudiantes y está la Universidad. Si contamos el 58 como punto de partida, es el año de la ley orgánica de la Universidad, de las luchas estudiantiles, de la consigna “Obreros y estudiantes, unidos y adelante”; y el papel de la Universidad como forjadora de pensamiento de izquierda, avanzado.

También la fuerza política de izquierda en el Uruguay, que termina por consolidarse en lo que es el Frente Amplio.

Había una especie de núcleo duro del bloque social del cambio, cuyos integrantes eran el movimiento obrero, la Universidad, y la fuerza política. Preservar eso, consolidarlo, es fundamental si queremos avanzar, porque es en ese núcleo duro donde se va aglutinando el pueblo en caminos de solución, de profundización, de un programa de cambios.

En definitiva, el acceso del Frente Amplio al gobierno también es fruto de esa confluencia. Me da la impresión que la coyuntura de hoy pone en riesgo todo ese proceso, es como si abandonáramos el proceso de acumulación de fuerzas y empezáramos a desacumular. 

Entonces, me parece que es necesario pensar, sobre todo la fuerza política, porque el papel protagónico de ese proceso tiene que ser la fuerza política. En aquellos años fue el movimiento sindical, pero hoy le corresponde a la fuerza política que ya existe. 

 

Huelga General de junio de 1973

Esta nota fue publicada en el Semanario El Popular N° 230.-
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