Editorial del Semanario El Popular N° 410: “Memoria para alumbrar futuro”

Este miércoles se colocó una placa de memoria, se inauguró un conjunto arquitectónico y se plantaron 14 árboles en lo que fue uno de los peores centros de represión y tortura de la dictadura fascista: el viejo hotel de La Tablada, en Montevideo, cercano a Lezica.

En La Tablada se torturó sistemática y continuadamente entre 1977 y 1983. Dependía del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), la pata uruguaya de la Operación Cóndor.

Por La Tablada pasaron más de 200 personas y al menos 13 están desaparecidas: Luis Arigón, Oscar Baliñas, Oscar Tassino, Amelia Sanjurjo, Ricardo Blanco, Félix Ortiz, Omar Paitta, Miguel Mato, Carlos Cabezudo, Célica Gómez, Eduardo Gallo, Carolina Barrientos y Juvelino Carneiro.

Es tal la profundidad ética del acto en La Tablada que cuesta racionalizarla y transmitirla en conceptos. Para intentarlo nos refugiaremos en una idea central, dos imágenes, una poesía y una frase.

Hay memoria, debe haber Justicia. Esa es la idea central que de cualquier reflexión sobre lo vivido este miércoles se puede extraer. Hemos avanzado mucho en la reconstrucción de la memoria. Van más de 60 placas en todo el país, lo que va construyendo un imprescindible mapa material del horror de la represión fascista y de la dignidad de la resistencia.

Hay calles que llevan el nombre de las heroínas y héroes de nuestro pueblo. Cientos de miles asumen, aunque sea parcialmente, la historia. El Estado asume su responsabilidad y condena, simbólicamente, al Terrorismo de Estado.

No es poco, pero no alcanza, debe haber justicia. Y en eso tenemos un retraso vergonzoso.

Según información del Observatorio Luz Ibarburu, hay 308 expedientes judiciales por causas del terrorismo de Estado; el 70% de ellas no supera aún la etapa pre sumarial, solo hubo 42 procesamientos, además hubo 7 revocaciones. La mayoría de los peores delitos de la historia nacional continúan impunes.

Por eso es impresentable la decisión, por mayoría, de la Suprema Corte de Justicia, que no consideró delito de lesa humanidad una denuncia por torturas que involucra al teniente coronel José Nino Gavazzo. Votaron a favor de esa aberración jurídica y humana el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Jorge Chediak, el Dr. Eduardo Turell y la Dra. Elena Martínez. La calificamos de aberración porque niega la principal función del Poder Judicial, producir justicia. Esta sentencia consagra la impunidad, exactamente lo contrario.

El acto de La Tablada es parte de la respuesta popular a esta nueva ofensiva de la impunidad que cuenta con la complicidad, una vez más, de una mayoría en la Suprema Corte de Justicia.

La dignidad de resistir. Eso transmitió la primera imagen de la que queremos hablar. Que en realidad es un collage de imágenes y sensaciones. En el acto estaban cientos de hombres y mujeres que sufrieron el horror en La Tablada. Donde se produjeron desapariciones, asesinatos, torturas, violencia sexual. Conmovía verlos al ingresar por primera vez luego de décadas a ese lugar de horror. La respiración contenida, los ojos empañados, el andar nervioso. Pero más conmovía ver a sus hijos y sus nietos a su lado, tomándoles la mano, conteniéndolos en abrazos interminables. Esta vez no estuvieron solos. Hubo mucha solidaridad rodeándolos. Fue nuestra forma de decirles que tiene un valor inmenso la resistencia que plantaron, en las peores condiciones, al fascismo. Decirles que sabemos que nuestra libertad de hoy se basa, en no poca medida, en su heroísmo y dignidad.

Plantando memoria. La segunda imagen tiene que ver con una dimensión profunda de la impunidad: las desapariciones forzadas. En La Tablada están documentadas 13. Estaban sus familiares, sus compañeras y compañeros, hermanas y hermanos, hijas e hijos, nietos y nietas. Hay denuncias de que en La Tablada hubo enterramientos, ese lugar de horror aún tiene cosas escondidas y hay que buscarlas. Todo eso pesaba en los familiares presentes. Y por eso, cuando se plantaron los árboles, ver a los nietos de Omar Paitta y Miguel Mato, dos de los desaparecidos en La Tablada, plantando juntos uno, fue realmente removedor. Ellos concentrados en su tarea y emocionados, todos nosotros, mirando al disimulo, dejándoles espacio, para no interrumpir.

“La que mata es la vida a la muerte y avanza”. Los seres humanos, y en particular los militantes revolucionarios, encuentran mil maneras para resistir cuando enfrentan la brutalidad sin límites del horror fascista. En medio de las peores condiciones de reclusión, siendo torturados todos los días, con la muerte rondando como una posibilidad concreta permanente, construir humanidad y solidaridad fue no solo necesario, sino posible.

En medio de esas condiciones brutales, un compañero, Pedro Giúdice, hizo en su cabeza una poesía, que tiempo después, cuando fue trasladado a un cuartel, pasó al papel. Esa poesía era repetida de memoria por los presos y las presas. Salió de las mazmorras de la dictadura y se imprimió en los volantes y boletines clandestinos, se hizo canción y alentó, con su ejemplo y su ternura, a la resistencia.

“Ha de morir la flor para que el fruto nazca. Y es a la muerte de este que la semilla arraiga, presta siempre a entregarse a una muerte temprana, para que el brote crezca, heche tronco, críe ramas, y germine en las flores que han de morir mañana. No le escribo a la muerte, aunque parezca, es falsa la creencia de que la muerte mata, la que mata es la vida, a la muerte, y avanza”.

Ese poema nació en las salas de tortura de La Tablada y sintetiza mucho de lo que vivimos el miércoles. Imposible no erizarse cuando lo leyeron frente al memorial.

Apuntando al futuro. La frase es de Antonia Yáñez, ex presa política, militante clandestina de la UJC, torturada en La Tablada, en su emotivo discurso dijo: “Este encuentro apunta al futuro, y este espacio creará interlocutores con ese futuro, el sitio de memoria habla con lo que vendrá. El sitio de memoria de La Tablada habla de encierro y de crueldad y nosotros queremos cambiar esa historia”.

La memoria es el presente del pasado, se afinca con raíces firmes en nuestra identidad, la nutre y justifica, pero por sobre todas las cosas, nos permite un futuro.

No hay proyección posible de futuro sin memoria.  Si renunciáramos a la memoria nos condenaríamos, como pretende el poder para eternizarse, a vivir en un presente perpetuo, donde nos negaríamos como seres humanos.

El ser humano es el único ser vivo que pisa nuestro planeta que tiene sentido histórico. Que nos roben la historia nos deshumaniza. Esa es la consecuencia más dura y perversa de la impunidad: su inhumanidad.

Y la historia es pasado, presente y futuro, es proceso, es continuidad y ruptura.

Por eso tiene razón Antonia, y las compañeras y compañeros que, con su dignidad en ristre, nos hicieron más humanos a todos el miércoles en La Tablada: apuntamos al futuro, y dialogamos con él, desde nuestra porfiada y digna memoria.