Editorial del Semanario El Popular N° 404: “Por tu querida presencia”

EL POPULAR rinde homenaje a Ernesto Che Guevara a 50 años de su caída en combate. Al escribir del Che, al igual que sobre Fidel, hay que decir que se escribe de una de las personalidades más grandes de la historia. El Che fue y es muchas cosas, pero si hubiera que utilizar solo una palabra, no habría lugar a dudas, esa palabra sería: revolución.

La principal polémica que hay que enfrentar es sobre la vigencia del Che y de su lucha.

Es claro que es muy importante conocer y aprender de la historia del Che y de sus realizaciones, la más trascendente de ellas, dicha por él mismo, la Revolución Cubana, donde dejó sus “más puras esperanzas de constructor”. Queremos enfrentar la tentación de escribir una colección de citas más o menos atinadas y del casi patético intento de forzar las posiciones del Che para justificar o invalidar, según el caso, posiciones políticas o teóricas actuales.

La mejor manera de homenajear al Che, de ser como el Che, tarea imposible si se toma como un desafío individual pero imprescindible si se la concibe como una necesidad colectiva, es asumir la época que nos toca vivir, estudiar a fondo la realidad, enfrentarla tal cual es y comprometerse, sin guardarse nada, en la lucha por transformarla.

Ese es el mejor homenaje. El Che fue guerrillero, ministro, director de banco, teórico marxista, fundador de medios de comunicación, constructor de partido, militante comunista, periodista, escritor, poeta y hasta fotógrafo. Sobre cada una de esas facetas se podría escribir libros.

Pero es más importante reivindicar al Che en el presente. ¿Por qué hablamos de la presencia del Che hoy? Porque es tal el peso, la magnitud de su figura, que el enemigo, el imperialismo, sigue empeñado, 50 años después, en matarlo.

Para ello intentan reducirlo a un idealista solitario que perdió todas sus batallas, o a un teórico y práctico de la lucha armada. Buscan transformarlo en un fenómeno simpático de mercado o de rebeldía sin causa, vaciarlo de contenido revolucionario.

El fracaso de todos por borrar al Che del imaginario colectivo de los pueblos es, en sí mismo, una demostración de su vigencia. El Che está vigente porque siguen inconclusas las luchas por las que vivió y por las que dio su vida.

Sigue siendo imperioso enfrentar al imperialismo yanqui y su política de dominación en América Latina y el Tercer Mundo, y hay que hacerlo con la más amplia unidad de los pueblos, de los gobiernos y de los países.

Y también sigue siendo imperioso soñar, pensar, construir y luchar por una sociedad superadora del capitalismo que implique el fin de la explotación. Sigue siendo imperioso pensar, soñar y luchar por la revolución.

Cuando hablamos de revolución hablamos de un proceso histórico, con el pueblo organizado como protagonista, como sujeto social de ese proceso, hablamos de un cambio de una formación económica y social por otra, hablamos de un cambio de clases en el poder y hablamos de la sustitución de la ideología dominante por una nueva.

Y concebimos esa revolución, con Arismendi y con el Che, como un proceso continental. En “Problemas de la revolución continental” de 1962, Arismendi define a la revolución cubana como el acontecimiento fundamental de la historia del continente desde las guerras de independencia. Un cambio cualitativo, el ingreso a la segunda y definitiva independencia.

Esa comunidad de ideas y de lucha con el Che se forjó desde esa visión común. El PCU y EL POPULAR estuvieron siempre junto al Che. Con diferencias, que fueron discutidas con franqueza y fraternidad. Pero estuvimos desde el primer día junto a la Revolución Cubana y seguimos estando junto a ella, sin vacilar. Estuvimos con él en su visita a Uruguay en 1961, marchando a Punta del Este enfrentando la represión y brindándole protección y defensa cuando atentaron contra su vida. Y estuvimos con él cuando asumió la decisión de ir a combatir una tiranía en Bolivia, colaborando con su ingreso, con compañeros que se alistaron voluntarios para ir a pelear junto a él y no llegaron porque fue aislado y asesinado antes. Se conocen testimonios, se han escrito notas de prensa, varias en EL POPULAR, la última en el número 43 de la revista Lento, en un artículo de Miguel Aguirre Bayley y Ramiro Alonso. En ellas se habla de su paso por Uruguay en 1966 y de la protección y apoyo del PCU. Es una historia que merece ser contada y comprometemos nuestro esfuerzo para hacerlo, dándole voz a sus protagonistas.

La vigencia del Che obliga a eso: a hacernos cargo de la historia y eso implica, hacernos cargo del presente.

Y por eso hay que hacer la revolución y no hablar de ella. Nunca fue tan necesario encontrar una salida superadora del capitalismo. Es cierto que 50 años después de la caída en combate del Che han sido derrotadas experiencias emancipadoras y el imperialismo, forma concreta de existencia real del capitalismo en esta etapa de su desarrollo, ha logrado victorias y ha extendido su hegemonía.

Pero también es cierto que los pueblos, en especial de América Latina, han seguido luchando y buscando caminos de independencia y de justicia social, de avance democrático, de construcción de libertad e igualdad.

Tener presente al Che implica pensar con cabeza propia, no atarse a esquemas, mirar la realidad de frente y sin autocomplacencia, pero a la vez, asumir el compromiso de luchar para transformarla.

Valorar todo lo que se ha avanzado y comprometerse con esos avances, pero asumir todo lo que falta. Es entender que hay que mejorar las condiciones de vida, materiales y espirituales, de nuestra gente, pero también ser capaces de participar de un proceso en que la transformación nos incluya a nosotros mismos, dar la lucha cotidiana por construir el hombre y la mujer nuevos.

Es no caer en la trampa de repetir sus ideas como una liturgia, es mirar críticamente al Che y, sobre todo, mirarnos críticamente nosotros mismos.

Es asumir que la lucha siempre es posible y que nada se consigue sin ella. Es construir unidad y a la vez no rehuir el debate. Es tener la sensibilidad a flor de piel y estar dispuesto a ser solidario con los pueblos hermanos que luchan y sentir esa lucha como nuestra. Es sentir y defender a Cuba, su obra más querida. Es ser profundamente antimperialista.

Es ser revolucionario y, en nuestro caso, sin atisbo de sectarismo, pero sí con honestidad intelectual y política, es ser comunista.

Es indignarse ante la injusticia, pero transformar la indignación en acción, no en pasividad resignada, es superar el horizonte individual e inscribir esa indignación en una acción colectiva, es construir organización, porque como bien decía el Che: “Si no existe la organización, las ideas, después del primer impulso, pierden eficacia, se diluyen”.

Por eso “su querida presencia” trasciende las operaciones de la resignación y la claudicación. El Che está en cada movilización estudiantil, en cada lucha obrera, en cada reclamo campesino, en cada organización barrial, en cada centímetro de libertad conquistado a pulso. Está en nuestras banderas, en nuestros pechos, en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Siempre.

De nada sirve seguir escribiendo si es imposible decir lo que se siente con palabras, porque el Che no es sólo razón, es emoción, es pasión, como dice la canción: “¿Qué tengo yo que hablarte, comandante, si el poeta eres tú? y el que ha tumbado estrellas, en mil noches de lluvias coloridas, eres tú”.