Editorial del Semanario El Popular N°399: “Hoy extrañé a alguien que no conocí”

“Hoy extrañé a alguien que no conocí. Reí y lloré sin saber bien por qué. Porque creo que era como alguna vez lo imaginé. Escuchando con él a Zitarroza y Gardel, y Silvio, puede ser. Puede ser que a ellas les pase también. A veces no pensé, o me olvidé, que para ellas él es más que él, y cada tanto debe doler no saber. Porque creo que era como alguna vez lo imaginé. Hablando de las cosas que me gusta hablar con ellas también. A veces no pensé, o me olvidé, que para ellas él es más que él. Pero hoy me acordé. Me acordé y me puse triste por no poderlo conocer. Porque creo que era como alguna vez lo imaginé. Porque para mí: él es más que él”.

Así habló Aimar Medina, nieto de Omar Paitta, obrero de la construcción, dirigente del SUNCA, militante de la resistencia clandestina, del PCU y la UJC, secuestrado y desparecido desde setiembre de 1981, en el homenaje que hace pocos días le realizó su sindicato en Las Piedras.

Reproducir sus palabras nos parece la mejor manera de empezar una reflexión sobre la lucha contra la impunidad, por memoria, verdad y justicia y nunca más terrorismo de Estado.  Por dos razones: por los conceptos, por la ética que transmite y por la fecha de desaparición de su abuelo.

Empecemos por la fecha, Paitta es secuestrado y permanece desaparecido desde 1981. Y es precisamente en enero de ese año que se reúnen en Costa Rica un grupo de madres y familiares de desaparecidos de nuestro continente para denunciar la situación, en noviembre, en Venezuela, crean FEDEFAM y es esa organización la que decide que el 30 de agosto sea el Día del Detenido Desaparecido. Esta fecha nació como una instancia de lucha y denuncia. Posteriormente, en el año 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas decide declararla Día Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas.

No es casual que la fecha haya surgido en América Latina. No es que sólo en nuestro continente se registren desapariciones forzadas, lamentablemente las hubo y las hay en todo el mundo, pero aquí esa práctica del Terrorismo de Estado tuvo una expresión brutal. Según cifras de las organizaciones de familiares hay más de 250 mil desaparecidas y desaparecidos en América Latina, solo entre Guatemala (50 mil), Argentina (30 mil) y México (20 mil) son 100 mil.

Todos los crímenes del Terrorismo de Estado, la persecución, el hostigamiento, el secuestro, la detención, la cárcel, la tortura y la muerte, persiguen instalar el miedo y prolongan en el tiempo los efectos sobre las víctimas y toda la sociedad. Pero la desaparición forzada es la expresión más terrible de todos esos crímenes.

La falta de justicia, la persistencia en la mentira y el ocultamiento, además de la brutal injusticia que conlleva para las víctimas y sus familias, permite que su práctica se continúe, demostración dramática de ello son los cientos de desaparecidos, de ahora, en Colombia, en México, en Honduras, en Guatemala, en Argentina; como la de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa o la de Santiago Maldonado en Argentina.

Es mentira que sea un tema del pasado, se prolonga en el presente y se proyecta como amenaza hacia al futuro.

Denunciar la desaparición forzada, es denunciar el Terrorismo de Estado y denunciar el Terrorismo de Estado es denunciar la impunidad.

La impunidad es el lado oscuro del poder. Es un resorte de poder central. Pelear contra la impunidad es disputarle la hegemonía al poder en un aspecto central.

La impunidad se sustenta en la mentira, el miedo y el ocultamiento. Salir a la calle, decir la verdad, construirla, defenderla, es clave. Es un avance democrático central. La impunidad es incompatible con la democracia. La democracia es un proceso permanente de construcción de libertad e igualdad. La impunidad se sustenta en la opresión, la dominación y perpetúa la desigualdad, ante la ley y ante la vida.

Pero hay una dimensión central que no se puede obviar. Y es la lucha por construir una nueva hegemonía en la sociedad. La hegemonía popular, la de la perspectiva emancipadora, la de la libertad y la igualdad plenas.

En América Latina y en Uruguay las dictaduras que practicaron el Terrorismo de Estado fueron parte de una contraofensiva del imperialismo yanqui para cortar los procesos de acumulación de fuerzas populares, destruir los instrumentos de lucha popular, impedir cualquier perspectiva emancipadora y garantizar un brutal ajuste del capital contra el trabajo, de las oligarquías contra los pueblos. Fueron dictaduras fascistas por eso, por su carácter de clase y su subordinación al imperialismo, no solamente por sus métodos represivos.

En este Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada es bueno hacer un balance somero de la lucha contra la impunidad en nuestro país, mirando, tanto como sea posible, la correlación de fuerzas en toda la sociedad.

La impunidad es mucho más que la ausencia de justicia, pero la comprende. En Uruguay la situación de las causas vinculadas al Terrorismo de Estado en la Justicia refleja una situación de estancamiento y en muchos aspectos es vergonzosa.

Según información del Observatorio Luz Ibarburu hay 308 expedientes judiciales por causas del Terrorismo de Estado, desapariciones, asesinatos, secuestros, torturas, violencia sexual; el 70% de ellas no supera aún la etapa pre sumarial, solo hubo 42 procesamientos, aunque varios represores tienen más de uno, además hubo 7 revocaciones. La mayoría de los peores delitos de la historia nacional continúan impunes.

Hemos entrado a los cuarteles y recuperado los restos de 4 compañeros, Chávez Sosa, Miranda, Blanco y Julio Castro, nos faltan más de 100.

Dicho esto, reiteramos que la lucha contra la impunidad es en toda la sociedad y tiene componentes judiciales, institucionales, reparatorios, políticos, ideológicos, éticos.

Es por eso que también deben medirse los avances concretos y simbólicos, particularmente en el plano de la conciencia social.

Se ha avanzado en el conocimiento por parte de la sociedad de la verdad histórica y de los crímenes del Terrorismo de Estado. Las publicaciones realizadas por Presidencia de la República y la UDELAR, coordinadas por Alvaro Rico, sobre los detenidos desaparecidos y sobre el Terrorismo de Estado, fueron un aporte importante.

Todo lo realizado en el terreno simbólico de la reparación y la reconstrucción de la memoria también. Las 26 Marcas de la Memoria colocadas por la Intendencia de Montevideo. Las más de 50 Placas de la Memoria colocadas en todo el país por la Comisión Especial de la Ley 18.596 que coordina el Ministerio de Educación y Cultura, también. La declaración por parte del Poder Ejecutivo del 27 de junio como “Día de la resistencia y la defensa de la Democracia” y las del 14 de agosto como “Día de los Mártires Estudiantiles” y el 14 de marzo como el “Día de los ex presos políticos”, constituyen un avance democrático al incluir fechas de la lucha popular en el calendario oficial y reivindicar, también así, la memoria.

La creación del Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia en el ámbito de Presidencia de la República, implica un aporte, aún insuficiente en sus concreciones, pero es un instrumento al que hay que apoyar.

La denuncia sobre el espionaje en democracia de los servicios de inteligencia, con los archivos Castiglioni y los archivos de inteligencia militar incautados por Azucena Berrutti, a la vez que muestran la prolongación en democracia, amparándose en la impunidad, de las estructuras y las prácticas del Terrorismo de Estado, tuvo una respuesta que implicó un avance en calidad en la lucha en su contra: la conformación de una Comisión Investigadora en Diputados, votada por unanimidad.

A todo ello hay que sumarle el avance que entendemos más importante. El de la lucha popular, el del involucramiento de sectores cada vez más amplios de la sociedad en el rechazo a la impunidad, de mil maneras. Lo muestra la convocatoria cada vez más amplia del 20 de mayo, que este año convocó a más de 100 mil personas en Montevideo y se realizó en 31 lugares de Uruguay, Argentina y Francia. Pero también las decenas de asambleas, debates, toques, intervenciones artísticas, pintadas, con las que miles de uruguayas y uruguayos expresan su compromiso con la lucha por verdad y justicia.

Esto seguirá siendo lo decisivo. El nivel de acumulación social y política que se construya para luchar contra la impunidad. Esa es la mayor derrota de la impunidad, de los impunes y de su proyecto de sociedad.

Por eso, la dimensión ética es fundamental. Por eso volvemos a Aimar y sus palabras sobre Paitta. No nos vamos a rendir porque, como dijo Aimar, las y los desaparecidos son más que ellos. Se refleja en la consigna “Todos somos familiares” y la trasciende. Es que ellos somos todos nosotros.