Editorial central del Semanario El Popular N° 397: “Para que vean…”

Por segunda semana consecutiva el editorial lo dedicamos a las y los estudiantes. No es para menos. El solo hecho de que por primera vez estemos conmemorando oficialmente el Día de los Mártires Estudiantiles lo ameritaría.

La importancia social de las y los estudiantes en la historia, el presente y el futuro del Uruguay también. Lo decíamos y lo repetimos: los estudiantes son uno de los sectores sociales más importantes de nuestro país, por su peso específico y por su enorme potencialidad democrática y transformadora.

El estudiantado uruguayo y sus organizaciones tienen una historia hermosa de compromiso con la libertad, con la democracia y con la transformación social. Con sus luchas y su compromiso han democratizado la educación y han dado una contribución fundamental a la democratización de la sociedad toda.

No se puede explicar ningún avance democrático del Uruguay sin contemplar la participación comprometida y combativa del movimiento estudiantil en ella.

También dijimos que, de la fuerza, de la organización, de la capacidad de propuesta y de movilización del movimiento estudiantil, y de su unidad con los trabajadores y el movimiento sindical, depende en gran medida la salud general de la unidad del pueblo. Los estudiantes son un componente clave del movimiento popular. Son un componente estratégico del bloque político y social de los cambios.

Por todo eso merecerían los dos editoriales y las dos tapas. Pero hay más. Es que este 14 de agosto el movimiento estudiantil ratificó en la calle su potencialidad.

En primer lugar, por su convocatoria. En Montevideo más de 10.000 muchachas y muchachos inundaron de combatividad, compromiso y alegría 18 de Julio y Avenida del Libertador. No se achicaron ni con el frío ni con la amenaza, que se hizo realidad al final de la noche, de lluvia.

Como si esto fuera poco, se realizaron marchas en Salto, Paysandú, Colonia, Treinta y Tres, donde además se rindió homenaje en el Liceo 1 a un grupo de estudiantes y docentes que resistieron la dictadura y la represión en 1975, Maldonado y Florida.

Y donde no hubo marchas hubo movidas, asambleas, charlas, intervenciones, toques, debates, pegatinas, pintadas, salpicaron de lucha todo el país.

Pero eso no mereció tapas de los grandes medios, ni encabezar los informativos, ni mañanas enteras de radio. No es de extrañar.

La organización de los jóvenes, en particular de los estudiantes, siempre fue un peligro para el poder. Los quieren sumisos, dispersos, entregados, encerrados en sí mismos, la única organización que les toleran es para grupos de viaje de fin de año.

Es una extraordinaria noticia para la perspectiva popular que año a año el movimiento estudiantil crezca en su organización, su convocatoria y su movilización.

Para fortalecer la democracia uruguaya, concebida como un proceso permanente de construcción de libertad e igualdad, se necesita la participación popular. Y la participación popular implica un protagonismo juvenil destacado. Y las y los estudiantes han sido y son el sector más dinámico de la juventud y de las capas medias, aunque hoy, y fruto de la democratización del acceso a la educación, no solo de ellas.

Hoy también es así. Decíamos hace una semana que hoy Uruguay tiene más estudiantes que nunca. Casi medio millón de muchachas y muchachos estudian en nuestro país, para ser exactos 479.789.

Esa es la dimensión de la potencialidad del estudiantado para una perspectiva popular. Es imprescindible encararla como un desafío concreto. Hay que generalizar la organización estudiantil y masificar la existente. Hay que abrir canales para esos cientos de miles y no encerrarse en disputas estériles y esterilizantes por estructuras y frases de un documento.

No habrá transformación popular de la Educación, ni en la Enseñanza Media, ni en la UTU, ni en la Formación en Educación, ni en la UDELAR, sin un protagonismo masivo estudiantil.

Tampoco habrá avance en democracia y transformación social sin ella.

Hay que escucharlos, abrirles canales de participación, en todos lados, respetarles sus formas de decir y hacer, este movimiento estudiantil se parece más al No a la Baja que a la FEUU del 68, y está bien, así debe ser. No precisan que los defiendan, se defienden solos. Hay que dejar de ponerles la lupa para buscarles defectos o similitudes y diferencias con esquemas preconcebidos. Son continuidad y ruptura. Son ellos y ellas.

Hay que acompañarlos en sus luchas e incorporarlos en un plano de igualdad a todos los debates y luchas de la sociedad y particularmente a los del movimiento popular.

Por eso, celebramos la combatividad de miles de muchachas y muchachos que salieron a la calle. Por eso expresamos nuestra solidaridad con los muchachos y muchachas reprimidos en Paysandú por una acción policial injustificable.

Las y los estudiantes mostraron una vez más su fuerza y su disposición de lucha. Les dijeron a los que niegan la realidad y siguen con los discursos sobre la pasividad y el desencanto: “Para que vean…”