3er Congreso extraordinario del PCU - Septiembre de 2003

Concepción del Partido
Aprobado por el III Congreso Extraordinario (26-28/9/2003)

1    Introducción
Algunas afirmaciones a desarrollar
La realidad tiene sed de pensamiento
¿Qué opina el Partido? Marxismo leninismo
¿Por qué ir a las fuentes?

2    Tesis fundamentales del marxismo
El marxismo leninismo es la ideología del Partido de la clase obrera
La dialéctica materialista y el materialismo histórico
Partidos políticos y organizaciones de masas
La clase obrera
Vanguardia social y política
3    La Teoría del Partido
4    Estado de la elaboración teórico-práctica del PCU La articulación del pensamiento del Partido
La ideología
Acerca de la política de cuadros
El centralismo democrático La acumulación de fuerzas Sobre el Plan del PCU
5    Estado de nuestra Concepción del Mundo
Análisis crítico de  la incidencia de  la práctica teórica del  PCUS, en  la conformación del pensamiento filosófico del marxismo leninismo
Relación Partido-concepción del mundo
Tareas de investigación a impulsar para el desarrollo de nuestra concepción filosófica.



1    Introducción


Ha  transcurrido  una  década  desde  el  estallido  de  la  crisis  de  los  Partidos Comunistas en el mundo y en particular desde el Congreso Extraordinario del PCU de 1992.

Parecería que el tiempo transcurrido, los acontecimientos que se fueron sucediendo, de los que fuimos partícipes, las transformaciones del movimiento popular y del propio Partido, incluyendo su composición, nos exige y al mismo tiempo nos permite, sistematizar y avanzar en una síntesis con el objeto de dar un impulso cualitativamente superior a nuestro tarea.

Algunas afirmaciones a desarrollar
 
Somos parte del Movimiento Comunista y como tal, manifestación de los diversos fenómenos que lo atravesaron y atraviesan. Cada Partido en cada país tiene su propia historia, sus características, sus experiencias, resultados y creador de los acontecimientos particulares, y por tanto, expresa los fenómenos de manera propia, y actúa sobre los mismos de acuerdo a su grado de desarrollo teórico, su inserción en el pueblo, los instrumentos de los que participa o ha creado. Esto quiere decir, que la esencia de los fenómenos es la misma, y la multiplicidad y peculiaridad de sus expresiones nunca es la misma.

A partir del XXIII Congreso, en 1993, en sus sucesivas sesiones, que no por casualidad  culmina  en  1994,  pudimos  colectivamente  caracterizar  la  crisis  de  los Partidos Comunistas, y por cierto, también del PCU, como causa y no como consecuencia de lo que entonces llamamos la derrota de la experiencia socialista en el Este de Europa.(Ver XXIII Congreso) El elemento principal de esta definición fue que colectivamente, con el grado de aproximación teórica, política y afectiva que logramos entonces, despejamos algunos elementos no menores, del análisis: no se trataba de un fenómeno únicamente circunscrito a quienes abandonaron la Dirección, y por otro lado, la crisis incluía fundamentalmente al PCUS, con las consecuencias que conllevó para la URSS y el entonces llamado campo socialista.

El término derrota, ampliamente debatido entonces y ahora, aproximaba, cuidando los aspectos afectivos, a la afirmación de que existían causas permanentes, exógenas, de la acción del imperialismo yanqui y los enemigos del socialismo, pero que incluía, necesariamente elementos endógenos sin los cuales era inexplicable la desaparición del “campo socialista en el Este de Europa”. La caracterización de “experiencia socialista” daba cuenta del supuesto, que lo derrotado no era el socialismo, ni siquiera todas sus experiencias (Cuba demostró, entonces y ahora, los caminos que podían y pueden encontrar las revoluciones), pero que debíamos ir aproximando conclusiones de  las  causas  propias,  las  de  los  Partidos,  que  se  habían  anudado  y expresado en los noventa.

Quizá hoy, a once años del Congreso Extraordinario, podríamos afirmar que, sin dejar de observar para su superación, otros elementos, la mayor responsabilidad de la Dirección que defeccionó, fue el no haber abordado la compleja y dolorosa tarea de estudiar el fenómeno, poniéndose a la cabeza de un Partido que hubiera respondido al llamado a un profundo análisis en medio y en tanto, dábamos la pelea en todos los ámbitos en los que actuábamos los comunistas y que no admitían el impacto brutal de nuestro estallido.

Insistimos en los aspectos afectivos, que nunca dejamos de tener en cuenta, aunque por diversas razones no lo hicimos de manera explícita, porque para los comunistas en general y cada uno en particular, el  serlo NO significa una opción política cualquiera, sino que compromete, abarca, implica el conjunto de su vida, el sentido de la misma, en lo cotidiano o en actos heroicos por los que se da la vida. Por tanto, el cuestionamiento al Partido, a su concepción del mundo, a las llamadas “piedras de toque” que demostraban la certeza de nuestras ideas, ponían en cuestión la existencia misma, la historia personal de cada uno de nosotros.

En el fondo del debate, estaba la comprensión de la alegría de ser partícipes, creadores de una sociedad nueva, con seres humanos nuevos, de encontrar los caminos para la no porque sí llamada sociedad del pan y de las rosas, o el atroz sufrimiento que significa tener que aceptar que todo había sido en vano, y que había que reconocer sin el menor esfuerzo de análisis, que a lo sumo sólo se podían limar las peores aristas del capitalismo.
 
El Partido que sobrevive al Congreso Extraordinario y el “Comité de crisis” que pasa a ser la Dirección,  tenía a su favor una serie de factores de enorme importancia: los  instrumentos  del  pueblo  que  ayudó  a  construir  y  por  tanto  que  exigieron  su existencia, la acumulación histórica de experiencia política, la elaboración teórica a partir de la realidad nacional y continental y por tanto, un método marxista de análisis, que se había demostrado como esencialmente justo.

Incluso la afirmación que hicimos entonces, tan ridiculizada por propios y ajenos, que la propia desaparición de la URSS corroboraba, de la manera más cruel, la vigencia de nuestra concepción del mundo, en tanto demostraba que cuando se pretende encorsetar la realidad en un esquema de pensamiento, la misma termina triunfando, en la mayoría de los casos, con terribles consecuencias para los pueblos.

El Partido que sobrevive al Congreso Extraordinario planta la bandera, declara que es  necesario  el  Partido Comunista y asume la  responsabilidad de  comenzar a demostrar esta afirmación. Al mismo tiempo y como consecuencia inmediata de este hecho, tiene que despejar, tamaña tarea, lo esencial de nuestra concepción del mundo, los principios de las deformaciones, analizar las causas del derrumbe no como tarea de laboratorio, sino para seguir incidiendo sobre la realidad, no cometiendo los mismos errores y tratando de anticiparse a los nuevos errores fruto de la crisis.

No es objetivo de este material, pero tendremos que escribir la historia real, la cotidiana, con sus anécdotas, sus vicisitudes, las peripecias que signaron día a día este proceso que quizá hoy podamos sintetizar en un par de párrafos.

No usamos el término Partido que sobrevive de manera distraída, porque en definitiva fuimos los sobrevivientes de una hecatombe, que teníamos en común la decisión de seguir vivos. Pero, parecería obvio, que cada uno de nosotros llegó a esa circunstancia con herramientas de pensamiento, experiencias, actitudes distintas, y que el corte que significó la dictadura primero y el estallido de la crisis después, marcó entre otras cosas las dificultades para resolver en la práctica la tarea histórica que nos tocó a esta  generación  política.  (Ver  introducción  a  las  Bases  de  discusión  del  XXVI Congreso)

El Partido nos había enseñado que nuestra razón de ser era la lucha, y por tanto no se trataba de sentarnos a lamernos las heridas, sino de sumergirnos en la tarea que tenía planteada el pueblo uruguayo, la defensa de las empresas públicas. En medio de esto, y bajo la consigna de “agrupar a como dé lugar”, salimos a trabajar y mientras tanto, intentar recomponer los ámbitos partidarios para impulsar un debate colectivo y organizado sobre la vigencia del marxismo leninismo, la teoría del Partido y la teoría de la revolución uruguaya, en un marco internacional drásticamente transformado, para desgracia de los pueblos.

Es que estábamos y seguimos estando convencidos, que la tarea de transformar la sociedad, la elaboración teórica y política debe ser colectiva y si no, no será. Es parte de lo que aprendimos del análisis de la desaparición de la “piedra de toque”.
Esta tarea debería haber sido abordada, sobre todo en el caso del PCU, por una Dirección  y no por los que fuimos electos en el CE, resultado del abandono casi total de la  anterior  Dirección.  No  éramos  una  Dirección,  ya  que  éstas  se  construyen  y desarrollan a través de la experiencia de años, pero igual debíamos cumplir con la responsabilidad que asumimos. La continuidad de un proceso de desarrollo no estaba ni está asegurada, porque los vaivenes de su elección, Congreso tras Congreso, se parece más a una selección circunstancial, fruto de la fotografía del momento puntual, que a una política de cuadros que apunte a la continuidad y relevo imprescindibles en una Dirección comunista.

 
¿Por qué se mantuvieron las formulaciones estatutarias que provenían de otro debate, y se expresaban en una sed de democratización del Partido en el XXII Congreso, a la vez que encubrían una discusión que apenas se hacía consciente en la cabeza de miles de comunistas? Porque no teníamos condiciones reales para modificarlas y debía y debe ser aún, parte de un proceso de crecimiento en el sentido más amplio del término.

La desconfianza instalada luego de los acontecimientos de los noventa y de la propia realidad, trababan y traban un debate necesario, imprescindible, sereno, sobre la conducción de un proceso complejo por parte de un colectivo que se asume a sí mismo como Dirección.

Como hemos afirmado más de una vez, y por cierto no de la mejor manera, habían desaparecido los dioses del Olimpo, “arriba”  de nosotros no había nadie que nos indicara el camino, y los “próceres” se habían llevado consigo muchas de las respuestas. Los comunistas fuimos educados en la infalibilidad de las Direcciones y la defección, traición, abandono de las mismas, las tremendas consecuencias de los errores cometidos por la Dirección que defeccionó, instauraron la desconfianza generalizada, la desconfianza    a    partir    del    propio    hecho    de    ser    Dirección,    pese    a    que, contradictoriamente, se sigue deseando, aspirando, a encontrar aquella Dirección infalible, que nos dé seguridad, confianza y la alegría de saber que vamos por el camino justo.

Pese a todas estas y otras dificultades, luego de más de diez años estamos vivos. Participamos en todas las batallas, aportamos en todos los ámbitos en los que nos toca actuar, y hemos elaborado desde el punto de vista teórico, mucho más de lo que somos capaces de avizorar.
El XXIII Congreso fue capaz de plantearse y responder, por lo menos en el marco de una hipótesis de trabajo, que seguía siendo válida la concepción del avance, defensa y profundización de la democracia hacia la Democracia Avanzada como vía de aproximación al socialismo, en el nuevo marco internacional derrotada la experiencia socialista en la URSS y las Repúblicas Socialistas y Populares en el Este de Europa. Esta afirmación no era menor; signaba y signa, toda nuestra elaboración posterior, nuestra táctica y nuestro accionar concreto. No es casual que en todos los Congresos posteriores (en particular en el XXV), estuviera siempre en debate.

En  el  XXVI  Congreso,  el  Partido  asentó  como  tesis    la  necesidad  de  la construcción de las grandes mayorías  nacionales, organizadas, movilizadas en torno a un programa, del que participaron en su elaboración, que lo hagan suyo, para corregirlo, enriquecerlo, y defenderlo desde y ante su gobierno.

Aquí se condensa el conjunto de las tareas que tenemos por delante, el entrelazamiento del entramado social, la participación real organizada, los puntales de un gobierno nacional, popular y democrático, el papel del movimiento sindical y social no sindical, su relacionamiento con la fuerza política, el signo del proceso que queremos imprimir. Está indisolublemente unida a la concepción de Democracia Avanzada.

El XXVI Congreso estudia los avatares de esta concepción, su relación con el desarrollo histórico del país, las perspectivas del gobierno.

Otro aporte no menor de esta etapa es estudiar las raíces, el desarrollo del neoliberalismo, entendido como estrategia global, en todos los aspectos de la vida social. (Ver informe al XXV Congreso)

La realidad tiene sed de pensamiento
 

Las transformaciones vertiginosas de la realidad material, el brusco cambio de la situación mundial, la crisis de los PPCC y las consecuencias que ella trajo para los movimientos populares, abrió paso a todo tipo de "explicaciones" de los fenómenos. Las corrientes de pensamiento que responden de manera desembozada a los intereses de la hegemonía imperialista, creyeron llegada su hora: se proclamó el fin de las ideologías (convirtiéndose por tanto en sí misma en una ideología totalizante y totalizadora), pero ante la atónita sed de respuestas, comenzaron a ensayarse algunas interpretaciones.

Desde el resurgimiento de stalinistas que adjudicaban lo sucedido a lo que, para nosotros, fue un intento frustrado de rectificación (XX Congreso del PCUS), los que comenzaron a tomar distancia rápidamentes, ya por haber sido "videntes" desde el pasado, a los que declararon que desde ese momento en adelante "iban a pensar con cabeza propia"…

Nosotros, como PCU, intentamos, paso a paso,   estudiar nuestra realidad para darle respuesta a nuestra tarea, afirmados en los aciertos propios, medidos por sus resultados, y fundamentalmente aferrados, casi como a la tabla el ahogado, a la honestidad intelectual.
Hubiera sido más  fácil, quizá, sobre todo desde el  punto de  vista afectivo, construir una respuesta que diera mayor seguridad a nuestros primeros pasos posteriores al cataclismo. Aún hoy, y eso está en debate, creemos que debemos avanzar sobre aquellos elementos que consideremos esenciales, que ésta es una tarea colectiva que llevará mucho tiempo, y que los pasos que se den, deben ser del conjunto del Partido.

No sabemos si esto es realizable, no existe un referente que nos diga que yendo en ese sentido nos encontraremos con la roca de nuestras certezas. Sí estamos convencidos  que  el  sentido  signado  por  las  "respuestas  adecuadas",  de  algunos pensantes  que,  incluso,  y  como  es  lógico  y  deseable,  modifican  el  rumbo  y  no comparten, no explican, no debaten, por tanto, no educan en el desarrollo del pensamiento propio, conduce irremediablemente a derrotas. Puede ser que como somos seres actuantes en la realidad política, muchas veces debamos, en aras de la misma, postergar un análisis. Lo que no estamos dispuestos a hacer es a escamotear el mismo "a las masas", como solíamos decir.

¿Qué opina el Partido?

Deberíamos intentar definir de qué estamos hablando cuando nos referimos a las opiniones o  posturas políticas  del  Partido. Un elemento  que  podría estar  fuera  de discusión, es que las decisiones en materia de estrategia, orientación, etc, las fijan los Congresos. Esto es, el Partido en su conjunto, en asamblea, lugar por lugar, sobre la base de un documento, al que hará aportes, enmiendas o sencillamente discrepará. Primer paso a analizar, ¿fue así en el pasado? ¿Realmente estaban en debate los documentos? Hoy no es aún así, aunque hemos avanzado en lo que hace a la libertad del debate, a su democratización. Pero no todos disponemos de las mismas herramientas para el aporte, para la discrepancia, ni hemos logrado superar las instancias formales que sustituyen el auténtico análisis lugar por lugar. Son variadas las causas, pero las tendremos que identificar para superarlas, de lo contrario, ya desde el arranque, “el Partido  que  opina”,    son  aquellos  que  preparan  antes  y  después  los  diversos documentos.

Otro elemento que parecería indiscutible es que, entre Congreso y Congreso, la orientación general la fija el Comité Central, y cotidianamente, sobre esa línea, lo lleva adelante el Comité Ejecutivo. Todo esto está en el Estatuto y, aparentemente, no surgen opiniones en el sentido de modificarlo. El problema a modificar, lo novedoso, según creemos, es que debemos encontrar las formas para que todo esto sea verdad, para que la línea, que no sube y baja, sino que se traslada y enriquece (o no), exprese de verdad lo que el Partido opina. Este es, a nuestro entender, el gran desafío, lo nuevo, inédito, que tendríamos que aportar al Partido de nuevo tipo, sin lo cual, parecería difícil lograr cumplir con su papel.

Marxismo leninismo

Parecería que parte de las tareas que nos toca abordar, es definir con claridad de qué estamos hablando cuando reafirmamos que somos marxistas leninistas. "Yo no soy marxista" afirmaba socarronamente Marx, sintetizando la esencia de su doctrina (enseñanza, concepción del mundo), en el sentido de que no se trataba de un sistema cerrado,  sino, al decir de Lenin en Nuestro Programa (ver), puso  el fundamento de la ciencia que los socialistas debemos desarrollar, si no queremos quedar detrás de la vida.

Somos leninistas, porque hemos considerado al mismo como el marxismo de nuestra época, la del imperialismo. Podríamos decir, en esencia que somos marxistas, incluyendo al leninismo sin necesidad de explicitarlo. Sin embargo, el debate histórico en torno a la Revolución de Octubre, primer escándalo teórico, como todas las revoluciones, entendiendo el mismo como imposible de encorsetar en una definición de manual, el debate en torno del Partido, el de nuevo tipo, nos llevó, entre otras cosas, a no poder separar ambas caracterizaciones.
No se puede ser marxista sin ser leninista, afirmaba nuestro Partido y no es casualidad que lo más acechado, golpeado y en cuestión, ha sido y sigue siendo la concepción leninista del Partido.

Pero la propia esencia del Weltanschauung (concepción del mundo) exige su desarrollo so pena de traicionarlo. De ahí que debamos ser capaces de distinguir entre esencia y fenómeno, entre los principios y todas las adherencias, deformaciones y arborescencias que se le fueron incorporando a lo largo de la historia.

La  puesta  en  cuestión  de  los  manuales  no  es  caprichosa.  Debemos  ir directamente a las fuentes, para saber no solamente qué dijeron sino en qué condiciones históricas lo hicieron, en medio de qué debate (que explica los énfasis de cada circunstancia),  en  el  marco  de  qué  necesidades  del  accionar  práctico.  Para  los comunistas el trabajo teórico debe estar indisolublemente entrelazado con la actividad político práctica, la teoría debe servir a la praxis, respondiendo a las preguntas que la misma plantea, y resistiendo la prueba de la misma. Lenin, en especial, sale al paso de manera permanente a la actitud dogmática respecto de la teoría.

¿Por qué ir a las fuentes?

En medio de los diversos debates que atravesaron y atraviesan los difíciles momentos del movimiento, y en particular, a nuestro Partido, hemos reclamado insistentemente “ir a las fuentes”. Esto significa, leer directamente a nuestros “clásicos”, o para expresarlo de manera estricta, abordar a quienes desarrollaron nuestra concepción del mundo en el transcurso de todo el proceso.

Ir a las fuentes nos enseña a separar lo esencial, lo determinante, identificar con claridad las tan meneadas “piedras angulares” y los tan sacudidos principios.

Pero para hacer una lectura correcta, que no extrapole citas que nos ayuden - violencia simbólica mediante- a confirmar nuestra propia opinión, hay que establecer un método de abordaje de dicha lectura.

Lo primero a reconocer son las circunstancias históricas concretas en la que surge tal o cual obra, el objetivo de la misma –determinado por dichas circunstancias – e identificar lo esencial que nos deja del punto de vista teórico y en función de la práctica concreta que se estaba dando en el momento y sus enseñanzas para nuestro presente.

Es así, como tantas veces lo hemos repetido, que la obra magistral de Marx, entre otras muchas cosas, enfatizando en la demostración científica del papel de la base material, deja, luego de su muerte, una batalla de Engels hasta el último momento de su vida, para desarrollar la determinación que "en última instancia“ ésta tiene sobre la superestructura.

Esa manera de abordar la lectura, en sus fuentes, fue reclamo incesante de todos los teóricos de talla, que aportaron al desarrollo de nuestra doctrina, incluyendo, sin duda alguna, a Rodney Arismendi. Porque desde las primeras escaramuzas contra el marxismo, se trató de oponer a Marx con Marx, al "joven" con el "viejo", a Marx con Engels, con Lenin, con Gramsci, con Rosa Luxemburgo, por sólo mencionar a algunos.

Y siempre el procedimiento fue extrapolar, descontextualizar del desarrollo histórico, y por tanto también de la propia concepción del mundo. Independiente de las tiendas de donde provenga, incluyéndonos a nosotros, Partidos Comunistas, esa manera de supuesta lectura, niega al marxismo en su propia esencia.

A modo de ejemplo, y reconociendo de manera expresa, que también condicionado por las circunstancias concretas en las que nos toca actuar, queremos referirnos a uno de los aportes cardinales de Lenin, "La enfermedad infantil..."

Este trabajo aparece en 1920 en idioma ruso, y un mes después en alemán, francés e inglés. Su objetivo inmediato era que estuviera en manos de los delegados del II Congreso de la Internacional Comunista. En el joven movimiento habían surgido manifestaciones de radicalismo "de izquierda" y sectarismo. Lenin polemiza con dichas expresiones  y  a  la  vez,  y  en  tanto  lo  hace,  expone  ideas  fundamentales  sobre  la estrategia y la táctica de los comunistas.

Lenin aspiraba a sistematizar y aportar a los comunistas de todo el mundo, las experiencias de los bolcheviques y la generalización teórica de las mismas.

Esta obra es ejemplo de la aplicación creadora  de la teoría marxista en la búsqueda de la resolución de las tareas estratégicas y tácticas nuevas, que se le plantean siempre (siempre nuevas) a cada Partido Comunista. Nos brinda una metodología científica para analizar las  experiencias del movimiento obrero, siempre ricas, siempre nuevas, al mismo  tiempo  que  para  el  estudio  de  las  condiciones  nacionales  diversas.  Es instrumento para identificar en  dichas experiencias lo  esencial  y por tanto lo  más valioso de las mismas.
¿Por qué Lenin aborda este tema? ¿Cuáles eran las condiciones histórico concretas que lo motivaron a dicha tarea? El 28 de diciembre de 1919, Lenin le envía a M. M. Litvinov un telegrama, solicitándole le recopile todos los documentos, resoluciones, folletos, artículos de prensa y discursos que correspondan a corrientes ideológicas del seno del socialismo de izquierda. (OC. Ed. Alemana.T.4. Cartas).

Hacía  ya  cerca  de  dos  años  que  los  bolcheviques  estaban  en  el  poder, aprendiendo de cada paso que daban. Por primera vez la construcción del comunismo se convertía en tarea práctica, pero naturalmente no había un solo plan acerca de cómo lograr la nueva sociedad ni cuál era, en la práctica, el camino hacia ella. El Programa de 1919 del PCR(b) se asentaba en los principios esenciales de los clásicos del marxismo, pero dichos principios debían materializarse en las condiciones concretas, generalizar de modo permanente las experiencias, para encontrar la estructura económica y política de la sociedad socialista.
 
Estos primeros pasos, que ponían en cuestión para el conjunto del movimiento el carácter "invencible" del imperialismo, despertaron el entusiasmo en los más amplios sectores, impulsaron los más diversos movimientos, las revoluciones en Alemania y Austria- Hungría, así como las República de los Consejos en Hungría, Bohemia y Eslovaquia. Nacen Partidos y grupos comunistas en las más diversas partes del mundo.

¿Cuáles son las causas del    radicalismo "de izquierda"? Una de ellas, es la incorporación al movimiento de sectores y capas que traen consigo la impaciencia fruto del acelerado deterioro de sus condiciones de vida. Pero existía otra causa que se expresaba  en  corrientes  dentro  del  mismo  movimiento  comunista,  y  que  Lenin expresaba magistralmente como una especie de castigo por los pecados oportunistas del movimiento obrero: no se trataba exclusivamente de las carencias en el conocimiento y la  capacidad  de  llegar  a  las  grandes masas,  sino por  el  rechazo  a  las  direcciones oportunistas de derecha con las que se confrontaba en el momento. No se trataba de las viejas corrientes anarquistas, sino que era resultado de la impaciencia revolucionaria, unida a la incomprensión, inexperiencia acerca de la relación que existe entre el Partido, la clase obrera y el conjunto de los trabajadores. En síntesis, la relación Partido-clase- masas, y las nuevas, complejas condiciones que alcanzaban un largo camino de lucha por la conquista de las masas y la utilización de todas las formas posibles de acuerdo a las más diversas condiciones.

Parecería que la tarea que nos ha tocado a esta generación política, que asumió la confrontación con las viejas y nuevas corrientes del llamado oportunismo "de derecha", que puso en juego incluso la propia existencia del Partido y de los Partidos Comunistas, debe aprender al mismo tiempo, a que dicha confrontación no nos haga padecer el castigo de dichos pecados, encarnados en el sectarismo y oportunismo de "izquierda".

De ahí que nuestras fuentes, la de los clásicos, la de nuestro propio Partido, nos enseñan a distinguir lo esencial de cada desarrollo teórico, si, y sólo si, lo contextualizamos correctamente en los objetivos de la obra, el momento histórico en la que surge, y somos capaces de no incurrir en el error de contraponerlos, propinándonos con citas, tarea que cumplen magistralmente aquellos que niegan nuestra concepción del mundo. (Ver Lenin: La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo)

2    Tesis fundamentales del marxismo

El marxismo - leninismo es la ideología del Partido de la clase obrera

El marxismo surge históricamente a partir de tres fuentes que, a la vez, lo componen, éstas son la economía política inglesa, en particular la de los teóricos de la economía burguesa Smith y Ricardo, de la filosofía alemana, particularmente el pensamiento filosófico desarrollado por Hegel y Feuerbach y los representantes del socialismo francés, entre quienes Marx destacaba a Saint Simon y Fourier. (ver las obras de Lenin: Tres Fuentes y tres partes integrantes del marxismo; Carlos Marx;  Las vicisitudes    del marxismo). La reformulación materialista de la dialéctica hegeliana, llevada a cabo por Marx y Engels así como su  aplicación sistemática (sin sustituir la investigación concreta) a la interpretación de la historia, conforman la concepción del mundo que es abrazada por los comunistas. A partir de la obra de Marx y Engels, el comunismo se convierte en ciencia y al decir de Engels, es preciso estudiarla como tal. Poner el énfasis en las tres fuentes y tres partes del marxismo alude a la tierra nutricia que da nacimiento a nuestra concepción. Pero, por su naturaleza y carácter, el marxismo leninismo se enriquece constantemente con el avance de las ciencias y en el debate con las más diversas corrientes filosóficas y sociales de nuestro tiempo. La práctica rica y multifacética de los partidos comunistas, constituyen también otra fuente de indudable valor para el desarrollo del marxismo leninismo.

Lenin es el marxismo de nuestra época. Lo restaura creadoramente en su pureza revolucionaria, luego de la operación de deformación a la que es sometido por los teóricos revisionistas de la Segunda Internacional. Asimismo, da una batalla sin cuartel contra toda forma de dogmatismo y doctrinarismo.

Libra una intensa lucha ideológica y científica en todos los frentes. Partiendo de las investigaciones económicas monumentales de Marx y aplicando creadoramente el método  de  la  economía  política  descubierto  y  por  él  aplicado  en  EL  CAPITAL, establece los rasgos principales del imperialismo y lo define como fase superior y última del capitalismo.  En defensa de la filosofía del marxismo da respuesta a algunas de las principales corrientes filosóficas de su tiempo.  Desarrolla la teoría del partido de nuevo tipo,  llamado a expresar los intereses cardinales de la clase obrera en las nuevas condiciones  y  al  frente  del  partido  por  él  fundado, conduce    en  1917  la  primera revolución proletaria triunfante que logró consolidarse.

Lenin nos deja en ese período tan dramático como fermental de la historia de la humanidad,  lecciones  metodológicas  de  enorme  significación  en  todo  lo  que  se relaciona con la estrategia y la táctica del partido del proletariado. a partir del examen profundo de las circunstancias concretas, de inédita complejidad, que debió abordar en su fecunda vida.Marx, Engels y Lenin sientan las bases del comunismo científico.

La dialéctica materialista y el materialismo histórico.

El punto de partida de la filosofía del marxismo es el materialismo. Continuador y síntesis de la filosofía materialista  a través de sus distintos períodos en la historia del pensamiento filosófico, Engels, en su discurso ante la tumba de Marx, formula el punto de partida del materialismo en palabras sencillas que podrían resumirse de este modo: el hombre antes de pensar debió resolver sus necesidades más elementales destinadas a asegurar su existencia. La conciencia del hombre es el fruto del desarrollo de la relación del hombre con la naturaleza y esta relación se basa en el trabajo socialmente considerado. El hombre arrancando a la naturaleza los medios de su existencia, interponiendo entre él y el objeto natural a transformar para satisfacer alguna necesidad socialmente definida, las herramientas de su propia creación que prolongaban su mano y la convertían en instrumento cada vez más poderoso y complejo, se humanizó, es decir, se volvió consciente, desarrolló la capacidad que lo hace mejor que la mejor de las abejas: pudo reproducir con su pensamiento lo que se proponía crear.

Es la naturaleza la que piensa decía el materialista Baruch Spinoza. Pero el pensamiento no es materia sino reflejo ideal de la materia.

Lenin define la materia como la realidad objetiva que existe con independencia de la conciencia y es anterior a ella, en consecuencia, no se reduce a ninguna de sus infinitas formas.

Para comprender el carácter esencial de esta forma del materialismo, era necesario poner en el cimiento de esta concepción a la dialéctica.

El pensamiento dialéctico es muy antiguo y en forma embrionaria ya aparece entre los griegos, V siglos a.n.e. Pero correspondió a Federico Hegel transformarla en un sistema de interpretación de las leyes generales del movimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento y sus fuentes. En virtud de este carácter abarcador es que Lenin sostuvo que Dialéctica, Teoría del Conocimiento y Lógica era una y la misma cosa,  afirmó  su  identidad  esencial.  El  movimiento,  la  transformación  de  todo  lo existente es automovimiento y su fuente es la unidad y lucha de los contrarios. Hegel descubre las leyes fundamentales del pensamiento, pero lo hace partiendo del idealismo objetivo que lo esteriliza. Marx y Engels realizan la extraordinaria operación de reconvertir la dialéctica idealista en materialista, tarea siempre presente pues está ligada al desenvolvimiento científico y práctico de la humanidad.

La dialéctica le permitió al hombre percibir los fundamentos de las formas universales del desarrollo. Es, en consecuencia, la forma de ser de lo existente pero, a la vez, es una herramienta del conocimiento y una lógica. Bajo la forma de sistema orgánico de leyes y categorías, nos permite entender el mundo, sirve de guía al pensamiento científico más profundo y la práctica humana consciente. En particular, tiene una significación excepcional para los que queremos transformar la existencia humana en la lucha por una sociedad sin explotados ni explotadores. Es, en este sentido, el álgebra de la revolución.

El carácter sistemático del materialismo dialéctico, contiene en su seno la contradicción que le permite enriquecerse constantemente con la práctica teórica de todas las formas del saber y de actuar en la transformación de la naturaleza y la sociedad humana. Es, valga la paradoja, un sistema abierto.

Esta concepción filosófica aplicada sistemáticamente al estudio de la historia, dio nacimiento al materialismo histórico. En el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx sintetiza en palabras inmortales los fundamentos del desarrollo de la historia humana.
La producción, es decir, las diversas formas que   históricamente fundaron las relaciones de los hombres entre sí para arrancarle a la naturaleza los medios de vida, está en la base de la conformación de las sociedades humanas. Durante miles de años, los hombres por la debilidad de sus herramientas, de sus fuentes de energía y de sus conocimientos y habilidades, sus fuerzas productivas, no alcanzaban a producir más que lo que consumían inmediatamente. Nada había para apropiarse una vez que no existía un plusproducto del trabajo apropiable por otros hombres. Por lo demás, la tierra fuente original de toda riqueza era compartida, así como eran accesibles a todos las sencillas herramientas. No existían las clases, las comunidades humanas conformaban un todo homogéneo, más allá de las diferencias de género y edad. Era la comunidad como un todo la que enfrentaba a la naturaleza y producía lo que necesitaba. Fue la fase (1) de lo

(1) Con frecuencia, no explicitamos adecuadamente los conceptos de fase, período, etapa y momento histórico. La distinción entre ellos es relativa, una vez que se entrecruzan en relación, precisamente, a lo que pretenden distinguir: el objeto social en desarrollo que incluye momentos de salto cualitativo. Incluso, la utilización de los términos es menos preciso en el discurso político coyuntural. En general reservamos el concepto de fase para designar las grandes formaciones que pautan el desarrollo social de la humanidad. Y también hablamos de "fases de la luna" para designar los modos en que ésta aparece a nuestros ojos incluido el tránsito de una fase a otra, lo que de hecho confirma aquella definición. El concepto de formación económico social es altamente teórico y se realiza bajo la forma de estructuras económico-sociales concretas pero al designar su sustancia expresa la fase histórica por la que atraviesa: es esclavista, feudal, capitalista o socialista. El periodo designa grandes momentos históricos del proceso de formación y maduración de la fase. Por ejemplo, la acumulación originaria del capital designa un momento especial del desarrollo de las estructuras económico-sociales capitalistas en determinadas naciones concretamente consideradas. La etapa es un concepto que encierra determinadas complejidades para su definición precisa. Transcurre claramente al interior del periodo históricamente considerado. Está cargado con las connotaciones del accionar de formaciones políticas que se proponen determinados objetivos. La etapa, en consecuencia, está ligada a una caracterización de la situación en sus grandes lineamientos programáticos y estratégicos. Así el efectivo cumplimiento de los objetivos económico sociales y políticos de un gobierno progresista cierra la etapa de acumulación de fuerzas destinada a alcanzar el desplazamiento efectivo del bloque burgués en el poder, abriendo camino a la etapa de democracia avanzada, la que a su vez prepara las condiciones para el pasaje revolucionario al socialismo, es decir, el pasaje a una fase estructural que contiene la sustitución del capitalismo por otra formación que Marx llamaba "comunismo primitivo". Explicaciones mitológicas pretendían dar cuenta de los secretos de la naturaleza que más tarde las ciencias develarían. Esta fase duró cientos de miles de años. Sin embargo, el constante desarrollo de las herramientas, el creciente conocimiento de la naturaleza y la formación de habilidades forjadora de los oficios, eleva la productividad del trabajo, hasta que el hombre comienza a producir más de lo que cada miembro de la comunidad necesitaba para vivir. Llega la hora de la aparición de las clases sociales. Por diversas razones históricamente determinables, una parte de la comunidad comienza a apropiarse de los frutos del trabajo de la parte restante. El objeto producido se modifica sustancialmente de sentido, para convertirse de  mero  valor  de  uso  en  valor  de  cambio.  Comienza  la  hora  del  intercambio  de productos devenidos en mercancías. La primera forma de organización de la sociedad para la producción de bienes, basada en la explotación de unos hombres por otros fue la esclavitud. Los esclavos, despojados de todo derecho, inclusive el de ser considerados humanos, "aperos parlantes" los llamaba Aristóteles, constituyen la fuente de la producción de riquezas. Los esclavistas, la otra clase fundamental de esta formación económico social, eran propietarios de aquellos hombres. Las formas de la propiedad se generalizan incluyendo la tierra que deja de ser compartida libremente. Se desarrollan el comercio, el horizonte del mundo de aquellos hombres se amplía extraordinariamente.

Y aparece el Estado, es decir, la forma por la que la clase dominante se establece como tal, constituyéndose en herramienta de coerción y de reproducción del sistema. Las ideas dominantes, comenzaron a ser las de las clases dominantes. La lucha de clases madura en el seno de la primera sociedad constituida por hombres puestos en posiciones sociales antagónicas y desde esa formación económico-social, la historia humana fue la historia de la lucha de clases.

En el seno de esta primera sociedad dividida en clases, comienza a desarrollarse la vida política, la ciencia y las más diversas formas del arte. En la infancia de la humanidad, como la llamara Marx, nacen ciencias y formas del arte que pasarán a ser patrimonio cultural de la humanidad. Es que, reflexiona, no se deben establecer paralelismos mecánicos entre el modo de producción y las formas espirituales a que éste da lugar y le sirve de soporte. Un grupo de hombres de extraordinario talento particularmente en Grecia y en Roma, liberados del trabajo, producen obras científicas, filosóficas, políticas, y de arte de extraordinaria significación. Por otra parte, la lucha de clases, en particular la diversidad de intereses originados en la compleja vida económica y social que tenía como actores a los "ciudadanos libres",    se traduce en formas de convivencia complejas y muy dinámicas. Aparecen las normas de derecho destinadas a regular los conflictos, de las que obviamente no participaban los esclavos.

Sin embargo, la humanidad nunca se propone objetivos que no pueda alcanzar. En la base del nacimiento, desarrollo y desaparición de las formaciones económico- sociales está el incesante desarrollo de las fuerzas productivas. Marx, investigando profundamente estos procesos descubre la ley fundamental del materialismo histórico. El  desarrollo  de  las  fuerzas  productivas  queda  prisionero  de  las  relaciones  de producción, creando así las condiciones materiales de toda revolución. No obstante, advertía siempre que si bien ésta era la causa que en última instancia daba nacimiento a un nuevo modo de producir los bienes, la historia es siempre una obra humana, se gesta como producto de la lucha entre las clases sociales.

El esclavismo se derrumbó junto con sus clases fundamentales, abriendo paso al surgimiento y desarrollo de la sociedad feudal. Sus clases fundamentales fueron los siervos y los señores feudales. El estado de servidumbre ya no era el del antiguo esclavo. Una nueva forma de contrato establecía que el señor feudal, dueño de las tierras en las que trabajaba el siervo, administrador de la fuerza y del Derecho, se apropiaba de una parte de lo producido por el siervo, en general dueño de sus aperos de trabajo, o tenía el derecho de usufructuar sin pago de una parte de la jornada de trabajo del siervo. El siervo y su familia quedaban sujetos al señorío feudal, al tiempo que el señor se comprometía a defenderlos de los ataques exteriores. Nace la monarquía como forma de poder del Estado y se establece en toda Europa y en otras tierras, la dictadura espiritual de la Iglesia Católica, convertida a su vez, en dueña de extensas propiedades en la que trabajaban sus propios siervos.

No obstante, el progresivo desarrollo de las ciudades dio lugar a la organización de la producción bajo formas semejantes, al principio, a la de la explotación de la tierra, en talleres cuyos actores principales eran el maestro y sus aprendices. Estos maestros dedicados a los más diversos oficios practicaban formas de organización corporativa. Los  mil  años  de  feudalismo  en  Europa,    estuvieron  sembrados  de  levantamientos campesinos brutalmente reprimidos y de conflictos, muchas veces de inaudita crueldad, entre la ciudad y los señoríos feudales. Es que el desarrollo de las fuerzas productivas en las ciudades y el florecimiento del comercio,   favoreció el surgimiento de formas de organización del trabajo diferentes a las del taller feudal. El desarrollo de las ciencias en el largo período renacentista, caracterizado por la oposición al pensamiento teológico y la utilización generalizada de fuentes diversas de energía, comenzó a gestar formas embrionarias de producción fabril. Al mismo tiempo, la llegada de los europeos a América y Africa, la colonización y la utilización del trabajo de los habitantes de esas tierras, así como el rapto y esclavización de africanos, hizo fluir riquezas inmensas hacia Europa. Comienza el proceso de acumulación originaria de capital que servirá de soporte al desarrollo de la industria. El modo feudal de producción ingresa en un largo período de descomposición, período violento  y cruel por la resistencia que ofrecían los señores feudales y la propia Iglesia, sometida a múltiples crisis y divisiones. Millones de campesinos son lanzados a los caminos y obligados a trabajar en las fábricas. Se va conformando un nuevo contrato, basado en la venta de la fuerza de trabajo por parte de hombres  liberados  de  la  condición  de  servidumbre,  pero  sometidos  a  terrible explotación en fábricas en las que trabajaban hombres, mujeres y niños en jornadas interminables. El capitalismo se gesta en el seno de la sociedad feudal hasta que la clase de los capitalistas, erigida en representante de todos los que de un modo u otro se oponían a la dominación feudal, toma por asalto el poder. La Revolución Francesa es la expresión más madura de la insurgencia burguesa antifeudal. Este proceso gesta sus propios teóricos, científicos y filósofos, llamados a constituirse en la conciencia de este período histórico, enfrentado particularmente a la Iglesia y su herramienta intelectual, la Teología.

Pero las banderas de la Revolución Burguesa no podían esconder por mucho tiempo,  que  aquella  expresaba la  consolidación de  un  nuevo  modo  de  producción basado en la explotación del hombre por el hombre: el capitalismo.

Con el descubrimiento de la plusvalía, Marx establece la piedra sillar de la explotación capitalista. El capitalista no paga el trabajo producido por el obrero, sino que  se  apropia  de  una  parte  de  la  jornada  de  trabajo  a  la  que  llama  excedente, destinando la otra, bajo la forma de trabajo necesario, el salario, para pagar el costo de la reproducción de la fuerza de trabajo.

En El Capital, Marx desmonta el mecanismo de funcionamiento de esta formación económico social en sus aspectos fundamentales. Y funda de este modo, el papel liberador de la clase obrera que despojada de medios de producción, está llamada a conducir el proceso revolucionario de sustitución del capitalismo por la sociedad sin clases, el comunismo, la sociedad en la que, al decir de Gramsci, cada hombre será dirigente de sí mismo.

El  estado  capitalista  asume diversas formas.    En  unos casos, transforma la sustancia de las monarquías pero las mantiene como símbolo de unidad de la nación  y en otros, desembarazándose de esta institución anacrónica, establece repúblicas democrático-representativas, sin perder el carácter hegemónico de la burguesía. Pero también recurrió y recurre a la dictadura cuando siente que sus intereses están en riesgo. La dictadura fascista que padecimos a lo largo de más de diez años en Uruguay, aplicó férreamente la estrategia neoliberal de dominación. Los regímenes nazifascistas que quisieron por medio de la guerra establecer un nuevo reparto del mundo, fueron la dictadura terrorista del gran capital.

Como toda formación económico-social, su trama se entreteje con vestigios de formas de producción ya superadas. La estructura de clases del capitalismo es de alta complejidad. Sus clases fundamentales son el proletariado y la burguesía. La propiedad de  la  tierra  se  realiza  como  renta  capitalista,  pero  sigue  constituyendo una  forma especial de propiedad, de aquí que en algunos textos Marx se refiere a tres grandes clases, incluyendo la de los terratenientes. Y en los Grundrisse hace referencia a la existencia de "clases improductivas", apuntando de este modo a la gran complejidad estructural de la sociedad capitalista.

La expansión capitalista fue un fenómeno que abarcó varios siglos. La estructuración del mercado mundial llevó el capitalismo hasta el último rincón de la tierra. Sin embargo, esta expansión se estructura  a partir de una desigualdad esencial en el nivel de desarrollo y, en consecuencia, sienta las bases para constituir el mundo en dos partes bien diferenciadas. Por un lado, un pequeño número de naciones se adueña del mercado mundial y somete al resto de las naciones. Primero conforma un sistema colonial mantenido a sangre y fuego en Africa, Asia y América Latina. Este sistema colonial se derrumba en diversos períodos de la historia, pero sin que ello significara abrir paso al desarrollo económico independiente.

El proceso de centralización y concentración del capital estudiado por Marx, conducirá al surgimiento de los grandes cartels y monopolios que están en la base del imperialismo que, como se dijo, fue analizado en profundidad por Lenin desde la óptica del proletariado y con el método marxista. El imperialismo somete a la inmensa mayoría de las naciones a la dependencia y mientras pudo, mantuvo el sistema colonial básicamente heredado del siglo XIX. Lenin, proyectando el fenómeno como característico  del  siglo  XX  e  interpretando el  carácter  guerrerista de  esta  fase  del desarrollo capitalista, señala su constante ansiedad por asegurarse un reparto de los mercados favorable a sus  naciones. En su nuevo período de desarrollo, es responsable de la 1ª Guerra Mundial de 1914 - 1918 y la matanza de diez millones de hombres, mujeres y niños. Ante la hecatombe y analizando la nueva realidad, Lenin introduce una modificación en la consigna con que finaliza el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Marx en 1848: ¡Proletarios del mundo, uníos! Llama en las naciones oprimidas del mundo, a unirse a los proletarios en la tarea de rescatar la soberanía y el derecho a una vida digna.  La humanidad  vuelve a conocer los horrores de la guerra en 1939 - 1945 la que, utilizando medios más mortíferos, produce 50 millones de muertos. Truman, el Presidente de EEUU, arroja las primeras bombas atómicas que conoce el mundo sobre las ciudades mártires de Hiroshima y Nagasaki.

Los ejes del mundo se sacuden con el triunfo de la Revolución Rusa, decisiva para alcanzar la paz en 1918 y en la derrota del eje nazifascista, dirigido por la Alemania nazi en la 2ª Guerra Mundial.

Asimismo, fue inmensa la contribución de la URSS y el campo socialista a la derrota del colonialismo, la profundización de la democracia y particularmente en la defensa de la paz mundial.

La clase obrera mundial y el enorme movimiento comunista internacional sufren una derrota de enorme significación en la Unión Soviética y el campo socialista europeo, surgido de las cenizas de la 2ª Guerra Mundial.

Sobre la base material de la sociedad, un nivel determinado de desarrollo de las fuerzas de producción, y las relaciones de producción y de propiedad dominantes, se erige una inmensa y compleja superestructura, en el marco de la cual se desenvuelve la lucha de clases. La diversidad institucional y cultural que construye sus propias leyes y formas de realizarse, en última instancia condicionada por la base material que la sostiene, interviene activamente en esta base como parte de la lucha incesante entre clases, con intereses opuestos en distinto grado y forma.    Las clases dominantes tratan de teñir todas las instituciones para ponerlas al servicio de la reproducción del sistema de dominación. De allí que la acción de las clases se desarrolla a todos los niveles. Ninguna forma cultural o institucional queda al margen de los condicionamientos de la vida social. No se salvan ni el laboratorio del investigador, ni el taller de pintura, con su apariencia de zonas neutrales y al margen del pensamiento de las clases.

Las clases, desde que surgen, forjan en su seno formaciones políticas que expresan  sus  intereses  y  se  proponen  hacerse  del  poder,  más  allá  del  grado  de conciencia  que  tengan  acerca  de  sus  objetivos  de  clase.  Pero  es  con  la  sociedad capitalista que se despliegan en todo su significado los partidos políticos. Los partidos burgueses se han preocupado por ocultar su carácter de clase, pretendiendo siempre hablar en nombre de los intereses de la sociedad y de la nación. En general, y bajo la dirección de una u otra de las fracciones de las clases dominantes, consiguen unir bajo sus banderas a otros sectores, obreros inclusive, cuyos intereses objetivos no coinciden y hasta son opuestos, a los de aquellos que conducen esas formaciones políticas.

En 1848, Marx en colaboración con Engels redacta el inmortal Manifiesto al que llama del Partido Comunista. Establece su carácter proletario, se define como destacamento de vanguardia de la clase obrera y se propone defender sus intereses cardinales  en pos de la sociedad comunista. Con Lenin, el Partido Comunista se forja, apoyándose  en  las  experiencias  de  los  partidos  obreros  europeos  y  superando sus deformaciones, como partido revolucionario de cuadros y de masas, firmemente ligado a la clase obrera y a las grandes masas. Aplica consecuentemente la idea genial de Marx, de que las ideas cuando encarnan en las masas se convierten en fuerza material. Desde entonces, el Partido dedica los mayores esfuerzos a la formación de la conciencia de los obreros y del sistema de clases y fracciones de clase que constituyen sus aliados naturales en la forja de la nueva sociedad; los campesinos en primer lugar. Examina concretamente la realidad y participa activamente en la forja de organizaciones de masas, sindicatos y organizaciones diversas, destinadas a acumular fuerzas en la lucha estratégica y táctica contra el enemigo de clase. La vocación esencial de los Partidos Comunistas es la revolución socialista. Por lo mismo, y de acuerdo a las diferentes realidades en las que actúa, se propone objetivos históricos que los aproximen a su objetivo programático fundamental.

Partidos políticos y organizaciones de masas

Objetivos

 
Como decimos más arriba, el partido político es expresión de determinados intereses de clase y su objetivo es el poder. Su forma de expresión está ligada a las clases que representa y su ámbito es específico, le da contenido y desarrolla la vida política de los pueblos. De hecho, más allá de los intereses específicos que expresan, pretenden asumir la representación de la sociedad en su conjunto. En general, y prácticamente con la única excepción de los Partidos Comunistas, no proclaman públicamente y de un modo directo, (aunque pueda deducirse de sus programas), los intereses de clase que defienden. No obstante, los PPCC,  por ser partidos de la clase obrera,  asumen  como  propias  las  reivindicaciones  de  otras  clases  interesadas  en reafirmar la soberanía nacional y realizar transformaciones progresistas, populares y democráticas. En un proceso de avance de la conciencia de estas clases, pueden compartir con la clase obrera su ideal de una sociedad socialista.

Las organizaciones de masas representan intereses de clase, al igual que los partidos, pero, como tales, no se proponen tomar el poder. Defienden intereses delimitados, vinculados a las condiciones de vida de los que se agrupan en organizaciones de masas. Las organizaciones sindicales clasistas, procuran unir a otras clases sociales por un programa avanzado. Estas organizaciones también suelen asumir como propios los intereses de las clases populares e incluso pueden establecer acuerdos con capas sociales cuya posición en el sistema productivo se basa en la posesión de medios de producción y de cambio.

Una característica de las organizaciones de masas, es su indefinición respecto de la adhesión a determinado partido político, una vez que su objetivo es movilizarse por reivindicaciones generales de sus representados, con independencia de la opción política de los mismos. Esto no quiere decir, que las organizaciones de masas no luchen por objetivos políticos y democráticos generales.

Las organizaciones sindicales clasistas y otras organizaciones de masas pueden compartir, en situaciones determinadas, la lucha por reivindicaciones con partidos políticos progresistas y de izquierda. Esto es natural, entre otras razones, porque, con frecuencia, estas reivindicaciones están ligadas a decisiones del poder político en el ámbito legislativo y otros. Sin embargo, es preciso evitar a toda costa que en la lucha por reivindicaciones de cualquier tipo, la organización sindical o de masas en general, pierda su carácter de organización amplia y políticamente independiente, en función de los intereses, sin duda legítimos, de fortalecimiento de la influencia de las fuerzas políticas que apoyan su lucha.

Relacionada   con   este   problema   está   la   cuestión   de   la   actitud   de   las organizaciones sindicales y de masas en general ante los gobiernos progresistas. Es evidente que el gobierno progresista, como regla general, debe estimular el crecimiento y consolidación de las organizaciones sindicales, en tanto éstas no sólo comparten similares objetivos, sino que está interesado en profundizar la democracia y contribuir a la dignificación de la vida de los trabajadores y otros sectores populares que están en la base de su poder. Siendo así, las organizaciones sindicales clasistas y otras organizaciones populares de masas, asumen una actitud de apoyo crítico y responsable al gobierno progresista, en particular cuando es claro que el gobierno da pasos serios en la dirección de profundizar su contenido popular. No obstante, en la medida que estas organizaciones no exigen de sus afiliados una definición política y tienen un programa y reivindicaciones específicos, no pueden sacrificar su independencia en aras del apoyo al gobierno progresista. Por lo demás, esto no le serviría ni a las organizaciones sindicales que se debilitarían y aislarían ni, por las mismas razones, al gobierno progresista.

Las relaciones de las organizaciones sindicales y de masas con el poder político en las experiencias del ex campo socialista europeo es una cuestión abierta y sobre la cual es necesario continuar reflexionando. En principio es notorio que estas organizaciones, a cierta altura del desarrollo de la sociedad socialista y como un aspecto sustancial de su involución,    habían perdido su independencia de clase, volviéndose instrumentos del poder político, cuestión que no respondía a la necesidad de consolidación, fortalecimiento y desarrollo de estas sociedades.
El    gobierno    progresista    debe    establecer    claramente    su    política    de relacionamiento con las organizaciones sindicales y de masas populares, apuntando en la misma, a la satisfacción de sus reivindicaciones y defendiéndolos en la lucha que entablan contra las clases dominantes.

La clase obrera

La clase social


El materialismo histórico analiza la diferenciación social, como resultado de la apropiación del fruto del trabajo de unos grupos humanos por otros que poseen los medios de producción fundamentales. Este concepto va unido al de formación económico-social. La historia, a partir de la disolución de la sociedad sin clases, el comunismo primitivo, conoció una sucesión de formaciones económico-sociales, que tienen en común la explotación del hombre por el hombre pero basadas en modos de producción sustancialmente diferentes.

Las  contradicciones  entre  las  clases  son,  por  lo  tanto  inevitables,  como inevitables fueron y serán las revoluciones sociales. Estas tienen la finalidad objetiva de sustituir unas relaciones de producción que traban el desarrollo de las fuerzas productivas,  por  otras  capaces  de  seguirlas  desarrollando.  Este  es  el  fundamento material de toda revolución que, de todos modos, siempre será obra de las clases interesadas  en  cambiar  el  orden  existente.  El  socialismo,  al  sustituir  la  propiedad privada de los medios de producción por la propiedad colectiva de los mismos, elimina la explotación del hombre por el hombre, no necesita hacer una revolución para utilizar las fuerzas productivas en perpetuo desarrollo, porque la clase obrera que conduce este proceso de satisfacción de las necesidades crecientes de la sociedad en su conjunto, no tiene nada que perder y al liberarse de la explotación deberá eliminar toda forma de explotación. Como toda transformación revolucionaria, está amenazada por la contrarrevolución, en un mundo aún dominado por el imperialismo y está expuesta a los errores de la fuerza política que conduce el proceso, problemas que en el caso de las revoluciones socialistas europeas que conoció el siglo XX, coadyuvaron a la    crisis interna de los Partidos Comunistas.

Las clases sociales se definen al interior de cada formación económico-social conocida por la humanidad, de un modo objetivo y de acuerdo a la posición que ocupan en relación a los medios de producción y el papel que desempeñan en la organización de la producción, también en la parte del producto de que se apropian, la plusvalía y el salario en el caso de las clases fundamentales de la sociedad capitalista. “La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado”.(K. Marx; Manifiesto del Partido Comunista).

Los cambios tecnológicos. La tecnificación de la mano de obra. La universalización del obrero.

“El trabajo es la levadura que, echada al capital, lo hace entrar en fermentación”. (Marx, Grundrisse, p. 238)
 


El desarrollo de las fuerzas productivas adquirió una intensidad desconocida para los modos de producción que precedieron al modo de producción capitalista. Como es natural, este desarrollo incide directamente sobre las condiciones de participación del trabajo en el proceso productivo. La primera consecuencia es que disminuye constantentemente el tiempo de trabajo necesario, el tiempo que el obrero trabaja para adquirir los medios de subsistencia que le permiten volver al trabajo al día siguiente y se agranda el tiempo de trabajo excedente apropiado por el capitalista. Por otro lado, la aplicación  generalizada  de  la  tecnología  determina  la  simplificación  del  trabajo  y facilita la intercambiabilidad, universalización, dice Marx, de los trabajadores.

Este último no es un proceso simple. Aparecen en el proceso de trabajo estructuras productivas complejas, que exigen un grado de educación más alto en una porción importante de los involucrados en él. Inclusive, se modifica hasta la apariencia del antiguo tornero o del cortador de ropas de tela, quienes comienzan a parecerse a un técnico. Por lo demás, crece el número de profesionales universitarios que participan directamente en la producción, en particular en los países desarrollados, y que como tales pasan a integrar las filas de la clase obrera.

“...salvo el tiempo de trabajo objetivado en la condición vital de obrero – es decir el tiempo de trabajo necesario para pagar los productos requeridos por el mantenimiento de su condición vital – existe aún otro trabajo objetivado en su existencia inmediata, o sea los valores que el obrero consumió para producir una capacidad de trabajo determinada, una destreza  especial. El valor de ésta se revela por los costos de producción necesarios para producir determinada destreza parecida.” (Grundrisse, p. 264)

Como resultado de la continuada concentración y centralización del capital y la puja por mantener y aumentar la tasa de ganancia, aumentan las inversiones en la investigación  y  creación  de  nuevas  tecnologías,  que  inciden  directamente  en  el desarrollo de las fuerzas productivas. El desarrollo de nuevas tecnologías en determinadas áreas de la producción constituye la base de una diferenciación objetiva al interior de la clase obrera.    Los sectores potencialmente más avanzados de la clase obrera, serán aquellos que están asociados a las formas más avanzadas de la producción. Estamos refiriéndonos a un hecho objetivo, traducido de un modo muy abstracto en el plano teórico. La vida muestra variantes  en relación a esta afirmación básica vinculadas a  los  factores  “subjetivos”  del  comportamiento  de  clase  y  al  desarrollo  de  la organización y la lucha del movimiento popular.

La producción es el fundamento material de la economía capitalista, con independencia del grado de desarrollo del capital mercantil y el financiero o la moderna formación de los Grandes Grupos Económicos, es decir, los conglomerados industriales financieros que extienden sus redes a todas las formas de la economía:

“La producción, la distribución, el intercambio y el consumo no son idénticos sino que constituyen los momentos de una totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad. La producción trasciende más allá de sí misma, (...) como más allá de  los  otros  momentos,  (...)  una  producción  determinada,  por  lo  tanto, determina un consumo, una distribución y un intercambio determinados y relaciones    recíprocas    determinadas    de    estos    diferentes    momentos.” (Grundrisse)

Marx  afirma  que:    “Sólo  es  productivo  el  trabajo  que  produce  capital.” (Grundrisse, p. 246). Esta afirmación tiene un profundo valor metodológico en relación con la necesidad de discernir con claridad aquello a que llamamos clase obrera y diferenciarlo del conjunto de los asalariados. La automatización de los procesos productivos, o los procesos peculiares relacionados con la aplicación de una estrategia de dominación del capital financiero que hoy se llama neoliberalismo, crea la ilusión de la desaparición de la clase obrera, clase que es consustancial con el capitalismo. No obstante, es preciso analizar esta situación de un modo concreto.

Tomemos como ejemplo lo acontecido en nuestro país. Independientemente del desarrollo deforme del capitalismo, en particular, la dependencia del imperialismo, la ausencia en general de la industria pesada, el compromiso con el latifundio retardatario, se registran períodos de desenvolvimiento de la industria a lo largo del siglo XX, base y fundamento de la existencia de una clase obrera considerablemente desarrollada. La creación de un sistema de fábricas con incidencia real en la formación del PBI, las formas avanzadas de la producción y, en el plano subjetivo, la presencia de grandes organizaciones sindicales unidas en una sola central, constituyó el fundamento objetivo de un proceso social y político de enfrentamiento sistemático a las clases dominantes, en particular a sus políticas liberticidas y de creación de un ámbito propicio para la unidad política de las fuerzas progresistas. Estas organizaciones sindicales poderosas e influyentes,  fueron  capaces  de  crear  en  torno  a  sí,  un  sistema  de  organizaciones populares muy amplio y con claridad de objetivos. A su vez la extensión de los métodos de lucha característicos de la clase obrera a sectores sociales no obreros, elevó el prestigio de la clase, así como estimuló la creación de herramientas que facilitaron la formación de una conciencia antimperialista y por la transformación de la sociedad en base a un programa popular, nacional y democrático.

El Partido Comunista, profundamente anclado en los sectores más avanzados de la clase obrera, pudo, de este modo, incidir decisivamente en el proceso social de organización de la clase y de otras clases y capas así como en el proceso político de defensa de las libertades y unidad de las fuerzas de izquierda.

La desarticulación de este sistema de la producción industrial en ramas como la textil, metalúrgica, frigorífica, etcétera, producen debilidades de distinto orden y afectan la presencia del Partido Comunista, independientemente de las consecuencias de su crisis.

El cambio en las formas de producción, en un país que sigue siendo capitalista, obligan al sistema de organizaciones sindicales y a los partidos obreros, en particular el nuestro, el más fuerte y representativo, a analizar el proceso productivo y extraer las consecuencias de este análisis – más allá de las inconsistentes afirmaciones en torno a la “desaparición de la clase obrera” y el “fin del trabajo” – para su actividad práctica.

Así, por ejemplo, es preciso identificar el carácter y extensión del retorno a formas de producción industrial con baja inversión y que sobreviven en nichos del mercado, como ocurre con los innumerables talleres metalúrgicos pequeños y medianos, el trabajo a fasón en la industria de la vestimenta, etcétera.

La organización sindical debe reflejar y adaptarse a esta diversidad de modalidades productivas, para organizar a los trabajadores y luchar por sus reivindicaciones, en un marco de redoblada explotación y ataque a conquistas históricas de la clase obrera uruguaya. Esto es fundamental además, para jugar su papel unificador de grandes sectores sociales afectados por la estrategia neoliberal.

Por lo demás, el imperialismo, tal como lo advertía Lenin, en su esfuerzo por unificar al mercado mundial, lleva la industria a todas partes. Un fenómeno profundamente pernicioso para la vida de nuestros pueblos es el traslado de las llamadas “industrias sucias”, llamadas así porque producen daños a veces irreparables al medio ambiente, a nuestros países. Muchas veces, acuciados por la necesidad, esta generación acepta la implantación de estas industrias a sabiendas de que estamos comprometiendo el  futuro  de  las  nuevas  generaciones.  La  industria  del  papel  es  el  caso  más paradigmático.

Los asalariados rurales

Puede distinguirse aquí un sector tradicional, inserto fundamentalmente en el trabajo zafral, del que está integrado de un modo permanente a las agroindustrias. Ambos coexisten y se  encuentran en  uno u otro momento de la  producción, pero aquellos que extraen su salario a partir de su integración fundamental a ésta o aquella agroindustria, forman parte naturalmente de la clase obrera, vinculados a formas productivas relativamente avanzadas. La organización sindical y nuestro Partido, deben prestar mayor atención a estas formas de la producción, que abarcan un número importante de trabajadores. Estamos refiriéndonos a las arroceras, la industria maderera, los ingenios azucareros, el citrus, etc.

A la vez, el peón rural vinculado en forma más o menos permanente a determinado establecimiento, sufre una explotación intensa, trabajando de sol a sol, muchas veces sólo por la comida, un refugio y un salario miserable. Convive muchas veces  con  pequeños  y  medianos  chacreros,  también  objetivamente  interesados  en realizar cambios profundos, en coincidencia con los intereses de la clase obrera y amplios sectores sociales urbanos. Esta contradicción y las características del trabajo, hacen que en ocasiones, los trabajadores rurales no aparezcan en el horizonte del trabajo social y político de las fuerzas avanzadas, con la fuerza necesaria en relación con los esfuerzos por ganar a estos pequeños y medianos productores para las ideas del cambio social. Se trata de una contradicción que es preciso superar, particularmente en algunas zonas del país, donde conforman un sector social de significación.

La experiencia de lucha

El análisis concreto exige tomar en consideración un conjunto articulado de factores que podríamos llamar subjetivos.

La realidad muestra a sectores de la clase obrera, que pese a haber sido objetiva y subjetivamente golpeados conservan su influencia en la vida sindical, por la acumulación de experiencias de lucha que vuelcan en el movimiento sindical.

En otros casos, debe tomarse en consideración la presencia activa de capas sociales no obreras, integrantes de lo que Marx llama, “clases improductivas”. Comparten con la clase obrera sus organizaciones sindicales unitarias, adoptan con frecuencia los métodos de lucha obrera y acumularon una experiencia considerable. A veces muestran debilidades y tendencias a la conciliación de clases, pero en general desempeñan un papel importante.

El dinamismo de la vida social, su complejidad atravesada por contradicciones no antagónicas, produce variados fenómenos que se expresan social y políticamente y forman parte de las vicisitudes cotidianas y del proyecto estratégico de cambios.

El criterio de clase, el método de abordaje de esta realidad desde el punto de vista de la ciencia social del materialismo histórico, es el que permite discernir con claridad el papel de las clases en el proceso revolucionario y en las determinaciones de la táctica.

Vanguardia social y política

¿Qué  determina  que  entre  todas  las  clases  y  capas  sociales  interesadas  en cambiar la sociedad, la clase obrera sea la fuerza social de vanguardia y el Partido Comunista sea el que debe conducir políticamente el proceso revolucionario?
 
Existen varias razones: el lugar que ocupa desde el punto de vista histórico, como una de las dos fuerzas antagónicas fundamentales del capitalismo y por lo tanto, el contenido de su ideología de clase; el lugar que ocupa en la producción y desde el punto de vista social, que hace que para liberarse deba liberar a las otras clases y capas explotadas; lo que a su vez la hace la fuerza social más interesada en cambiar el régimen, la más combativa y consecuente.

La clase obrera es la más revolucionaria, porque sus condiciones de liberación, la revolución socialista, y la construcción del modo de producción llamado a sustituir el modo de producción capitalista, conduce a la eliminación de toda forma de explotación del hombre por el hombre. “El proletariado sólo tiene sus cadenas a perder” (Manifiesto del Partido Comunista).

Pero la conducción de la clase obrera exige la existencia de un partido que la represente, y por representarla, expresa no sólo sus intereses cardinales, sino los de todos los explotados por el capitalismo. Este partido, destacamento avanzado de la clase obrera y vanguardia organizada, es el Partido Comunista.

¿Cómo se reflejan estas condiciones en la práctica en nuestro país? Por el peso social y político de sus posiciones en el movimiento sindical y popular, que le dan profundidad a su Programa, así como la amplitud de su política de alianzas con los demás sectores populares, en función de dicho Programa; por el papel que cumple y ha cumplido en la lucha social  y política, en la  confrontación y la lucha cotidiana  y consecuente contra las clases dominantes, antes, durante y después de la dictadura hasta nuestros días, en la que ha demostrado su organización y capacidad combativa.

Esta realidad demuestra que la hegemonía de la clase obrera en el movimiento popular, es determinante en la profundización del proceso revolucionario hacia la liberación social.  No hubo ni hay otro sector social que cumpla o pueda cumplir ese papel en el Capitalismo.
En  este  proceso,  el  rol  del  Partido  Comunista  es  insustituible.  Su  misión histórica es ganar política e ideológicamente a la mayoría de la clase obrera para los ideales del marxismo-leninismo, ya que estos no surgen espontáneamente del movimiento de masas. “El Partido es la fusión de la clase obrera con el marxismo” (Lenin:  “Un  paso  adelante,  dos  pasos  atrás”).  Sin  este  factor  fundamental,  el movimiento sindical no superaría los límites de la lucha reivindicativa. Precisamente, el papel  del  Partido  es  promover  la  transformación de  la  lucha  económica  en  lucha política, organizar y conducir a la clase obrera y al conjunto del pueblo a través de sus diferentes etapas, con una perspectiva socialista.

El PCU elaboró una teoría de la revolución uruguaya, que le permitió, desarrollando una labor práctica (y teórica) consecuente con ella, en las más diferentes circunstancias, cumplir esencialmente con esa función. En realidad, somos y seremos vanguardia revolucionaria, en la medida que la clase obrera, los trabajadores y el pueblo nos reconozcan como tal, como sus dirigentes de masas.

Históricamente, otras fuerzas sociales y políticas disputan la hegemonía de la clase obrera en la conducción del movimiento, así como del papel del Partido como fuerza política de vanguardia del proceso revolucionario. Hoy, en sintonía con las ideas promovidas por la estrategia neoliberal del imperialismo, particularmente luego de la derrota de la experiencia socialista en la URSS y el campo socialista, del “fin del trabajo” y la “muerte de las ideologías”, argumentan que el obrero ya no puede cumplir el papel principal, promoviendo otro “sujeto social de los cambios”, según el momento y el lugar; y en cuanto al Partido, distintas corrientes sustentan tesis con las que tratan de sustituirlo.
 
Independientemente de la clase o sector social a la que responda su ideología, esencialmente todas niegan la relación entre teoría revolucionaria y organización revolucionaria. En realidad niegan la necesidad de la teoría. Este desconocimiento y hasta menosprecio por la teoría, es una herramienta funcional a la burguesía, al conducir la energía revolucionaria por caminos que no llevan a la liberación social.

Respecto de la clase obrera, analicemos si los cambios producidos cambian lo esencial. Desde que Marx y Engels sentaron las bases del socialismo científico, sin dudas,  cambió  la  cantidad  de  obreros,  las  fuerzas  productivas  y  las  formas  de producción. En ese momento histórico no había tantos obreros como hoy, pero estaban más concentrados en función del estado de las fuerzas productivas. Con su desarrollo, los obreros crecieron en cantidad y su distribución en el proceso de producción, acompañó las formas de organización, que en función de sus necesidades, a veces concentran a los obreros y otras los desconcentran, atravesando incluso las fronteras de los países.

Sin dudas, el desarrollo tecno-científico aplicado a la producción, produjo cambios importantes en las fuerzas productivas y en la composición de la clase obrera, de los trabajadores en general y de otros sectores sociales afectados directamente.

A nivel mundial, al agudizarse las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción por el avance científico-técnico, se profundizaron las diferencias entre los países más desarrollados e industrializados y los países dependientes, con todas las consecuencias previsibles (e imprevisibles), agravadas en la última  década  por la  derrota de  la  experiencia socialista en  la  URSS  y el  campo socialista.

En nuestro país, capitalista y dependiente, los cambios en la clase obrera deben estudiarse en ese marco. En el Plan 2002-2005 del Partido, se avanza en ese análisis:

“...es necesario analizar la situación integral de los trabajadores asalariados y los cambios producidos en el mercado de trabajo en la última década, en el marco de  la aplicación de la estrategia neoliberal del imperialismo en nuestro país.

Podemos decir que los principales cambios, son los siguientes: hay un crecimiento del trabajo asalariado en el Uruguay; hay cambios en las ramas de actividad (se reduce la ocupación en la industria y en el Estado (en particular en los Entes industriales); crece en el comercio, en los servicios y en ciertas áreas de la producción agroindustrial: forestación, citrus, lácteos); se produjeron cambios en las formas de organización del trabajo y en la contratación de los trabajadores (desconcentración de la producción, tercerizaciones, subcontratos temporales, etc.); existen cambios en la composición social de los trabajadores (mayor peso de los jóvenes y mujeres); aumentan los trabajadores precarios y la precarización de las condiciones de trabajo; aumenta la desocupación coyuntural y estructural; se procesa una caída muy importante del salario real; se promueve y favorece desde el gobierno, la desregulación de las relaciones laborales y la represión antisindical.

Para  transformar  esta  realidad  y  fortalecer  la  organización  sindical,  es necesario  elaborar  desde  la  Central  de  trabajadores,  una  estrategia  que abarque  la  situación  de  todos  los  asalariados, estén  ocupados  o  no,  sean formales o informales, estén organizados sindicalmente o no; una estrategia que defina los principales instrumentos y operaciones estratégicas para organizar una realidad tan diversa, dispersa, compleja y contradictoria.

Los cambios mencionados en el mundo del trabajo, producen una fragmentación social muy importante y el debilitamiento de la relación de los trabajadores con la    organización    sindical.    A    la    vez,    los    trabajadores    no    organizados sindicalmente, asumen responsabilidades en otras organizaciones de carácter social y reivindicativo.(Estos trabajadores -ocupados y desocupados-, muchos de ellos  con  experiencia  adquirida  en  su  organización  de  clase,  inciden  en  su realidad social no sindical: en las organizaciones vecinales, asentamientos, ollas, etc.)

Este proceso de fragmentación, no sólo se expresa en el plano laboral, sino que también produce, entre otras cosas importantes, diferencias en la calidad y en las zonas de ubicación de las viviendas...”

En esta realidad es que la clase obrera debe cumplir su papel histórico. Podría ser más o menos favorable, pero no hay ningún elemento que indique que no lo puede desempeñar. A  su vez, los factores señalados más arriba, indican a las claras que es el único que lo puede cumplir.
Sin dudas, el grado y las formas de explotación están en permanente cambio, y por lo tanto también cambian las condiciones en las que trabaja y debe luchar la clase obrera por el poder político, pero no cambió lo esencial, el origen de la explotación y de la tasa de ganancia del capitalista: la plusvalía, la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo del obrero y el valor generado por su trabajo. Por lo tanto no cambió su misión histórica.

Como siempre, la tarea a resolver es cómo organizar a la clase obrera allí donde esté, para que cumpla su papel de vanguardia social del proceso revolucionario. El papel es el mismo si es más o menos numerosa o si está más o menos concentrada.

Relación Partido, clase, masas.

Entonces, si no tenemos dudas en que debemos cumplir ese papel en la sociedad, un  factor  fundamental  que  tenemos  que  tener  claro,  es  cómo,  en  general,    deben desarrollar la clase obrera y el Partido Comunista su papel de vanguardia entre las masas.

Alvaro Cunhal, dirigente del Partido Comunista Portugués, en su libro “Un Partido  con  paredes  de  cristal”;  señala  que  para  ser  vanguardia,  debemos  tener conciencia que "no es el Partido quien, solo, asegura la defensa de los intereses y la liberación de la clase obrera y de las masas populares; más bien es la clase obrera y las masas populares que, con el Partido pero con sus propias manos, tienen que defender sus intereses y lograr su liberación".

"El Partido no se limita a defender los intereses de la clase obrera...Tanto el Partido, en su calidad de vanguardia de la clase obrera, como la clase obrera, en su calidad de fuerza social de vanguardia del proceso de transformación social, toman decididamente la defensa de los intereses de todas las otras clases y capas laboriosas, de todos las otras clases y capas cuyos intereses son afectados por la política de las clases dominantes y cuyos objetivos y aspiraciones coinciden o convergen con los de la clase obrera".

"Partido, clase y masas son tres realidades distintas que desempeñan funciones distintas y papeles distintos en el proceso revolucionario y en la transformación de la sociedad"..."Sin embargo, en cualquier situación, para que el Partido pueda   ser   o   llegar   a   ser   la   vanguardia  y   la   fuerza   dirigente,   debe necesariamente desarrollar la actividad de forma que la lucha del Partido, de la clase y de las masas se desarrollen en un proceso único, conjugado, armonioso e interdependiente".
 
3. La Teoría del Partido Comunista

La difusión de las 21 condiciones redactadas por Lenin como definición de los partidos comunistas y obreros, genera en la segunda década del siglo XX un debate que atraviesa todos los partidos socialistas, socialdemócratas y obreros en buena parte del mundo.

Desde entonces, los Partidos Comunistas se constituyen en torno a un núcleo teórico fundamental que es el marxismo leninismo. El internacionalismo proletario es guía de la acción de nuestros partidos, a la vez que cada uno es responsable por la revolución en sus respectivos países. La revolución no se exporta.

Desde entonces, el comunismo habla todos los idiomas de la Tierra. Como es natural, esta diversidad multicolor y casi ilimitada de realidades en las que actúan los Partidos Comunistas, le da al movimiento una inmensa complejidad a la vez que fue acumulando una gran experiencia.
Sin  embargo,  el  cuestionamiento  del  leninismo, en  particular  su  concepción  de  la revolución y la vigencia del centralismo democrático, produce los fenómenos    del eurocomunismo y el abandono de la esencia revolucionaria por parte de numerosos partidos en el mundo. Este fenómeno unido a la frustración del proceso de desestalinización, al cisma producido por el rumbo hegemonista del Partido Comunista de China y otras desviaciones importantes, pone en crisis al movimiento comunista internacional e introduce debilidades estratégicas en los partidos que lo componen, en un mundo que a pesar de todo transitaba del capitalismo al socialismo a escala mundial, acompañado del derrumbe del sistema colonial del imperialismo, el fortalecimiento de la    clase    obrera    mundial    organizada    en    base    a    los    principios    clasistas    del internacionalismo y la formación del llamado Tercer Mundo, expresión esencialmente política de las contradicciones de las naciones dependientes con el imperialismo.

En medio de la Guerra Fría impulsada por el imperialismo, particularmente el norteamericano, la crisis del Partido Comunista de la Unión Soviética y de los partidos que  conducían los  procesos políticos  en  los  demás  países  europeos, contribuyeron decisivamente a la derrota de la experiencia socialista en esos países.

La década del 90, desaparecida la Unión Soviética, deja al desnudo la crisis que ya afectaba al movimiento comunista internacional y atraviesa prácticamente a todos los Partidos Comunistas del mundo.

El estudio creador de la Teoría del Partido se vuelve una condición clave para absorber la derrota y asumir las responsabilidades históricas a que estamos llamados.

El  enfoque  dialéctico  de  Lenin  que  entrelaza  la  teoría,  la  táctica  y  la organización, concibe un Partido que ponga la teoría al servicio de la lucha política de masas, a la vez que aprende de ella, que construya una organización adecuada para actuar en todos los momentos y circunstancias del proceso revolucionario.

El Partido Comunista es, antes que nada, el partido de la clase obrera, ésta es su esencia.

"Es, por su historia y concepción del mundo, vanguardia política e ideológica de la clase obrera." ( Estatutos del PCU)

Es el partido del socialismo y el comunismo, ésta es su vocación fundamental. Su tarea programática, estratégica e inspiración sustancial de su acción cotidiana, es la forja de la fuerza social de la revolución. Es un partido revolucionario; su razón de  ser es ganar a la mayoría de la clase obrera para los ideales del marxismo leninismo y el comunismo.
 
Para desempeñar su papel y cumplir sus objetivos históricos,  debe resolver un conjunto de problemas que constituyen momentos fundamentales de su existencia.

El primero de esos problemas, es la formulación del programa que contiene los objetivos históricos a alcanzar y los lineamientos esenciales de su estrategia. El análisis científico de la realidad nacional, regional y mundial a la luz del marxismo leninismo, es por lo tanto su primera responsabilidad. El programa es la teoría de la revolución por la que cada partido brega en el marco de sus naciones.

El programa orienta la forja de la fuerza social, que encabezada por la clase obrera y su partido,  es una tarea de significación histórica que abarca todo un período. La  constitución  de  esta  fuerza  exige,  en  primer  lugar  y  como  ya  se  dijo,  ganar ideológica y políticamente a la mayoría de la clase obrera. Una clase obrera organizada y consciente de su papel, es la condición necesaria para asegurar la decisión revolucionaria de la alianza social y política que se propone alcanzar el poder.

Como, en palabras de Goethe, es gris la teoría y verde el árbol de la vida, los caminos de la historia son diversos y casi siempre, teóricamente escandalosos. Con frecuencia, la decisión revolucionaria de los pueblos que asaltan el poder tienen a su frente otros sectores de clase y otras formaciones políticas. Sin embargo, no se conoce ninguna revolución que rompa con el capitalismo y avance hacia el socialismo, al margen  del  papel  histórico universal de  la  clase  obrera  e  inspirada  en  otra  teoría revolucionaria que no sea el marxismo leninismo.

La construcción de un partido fuerte, grande y disciplinado, de cuadros y de masas y profundamente anclado en la clase obrera y en la compleja variedad de la vida social, es la otra tarea de significación histórica.

El principio rector de un partido así conformado, es el centralismo democrático. Más allá de las múltiples definiciones de este principio, es preciso enfatizar su carácter unificador desde el punto de vista teórico práctico. Este principio es el que materializa en la organización, la unidad de pensamiento de los comunistas, en lo que se refiere a sus  fundamentos  teórico-ideológicos  y  programáticos.  Es  además,  el  fundamento práctico de la unidad de acción que caracteriza a los partidos marxista leninistas.

Las formas de organización ensayadas por los Partidos Comunistas son naturalmente variadas y deben estar en correspondencia con la realidad concreta en la que actúan. Sin embargo, todos ellos comparten la necesidad de articular al Partido en torno a un centro único de dirección y en la forja de un sistema de organizaciones de base, que asegura la participación democrática de sus miembros y relaciona al Partido con las masas obreras y populares.

La  aplicación  oportuna  y  eficaz  de  la  línea  política,  la  táctica,  es  decir  la conducta cotidiana, se apoya en su profunda comprensión por parte de todos los niveles de dirección y se materializa en la acción consciente de las agrupaciones.

Los cuadros son el corazón del Partido, decía Arismendi. La formación de los cuadros, su justa distribución y atención por parte de la Dirección, es una tarea que se articula con los principios básicos de funcionamiento del Partido. La formación de los cuadros y de las Direcciones a todo nivel, es una tarea permanente.

Pero la clave de todo reside en el crecimiento, educación y encuadramiento de los nuevos afiliados. Un partido que no crece y se renueva, no podrá cumplir su misión histórica.

4    Estado de la elaboración teórico práctica del PCU


La articulación del pensamiento del Partido.
 
El fundamento de la articulación del pensamiento de un partido o corriente política, es el sistema de intereses de clase que defiende. Estos intereses se insertan en una estructura económico social, política y cultural histórico-concreta. Un número casi ilimitado de mediaciones de todo tipo, terminan por darle a sus expresiones político- partidarias, un aspecto singular que opaca sus vínculos materiales con la base que las sustenta.

El Partido Comunista, basado en una concepción científica de la historia, pone de manifiesto, denuncia, da batalla contra este efecto de ocultamiento, comenzando él mismo por declarar su carácter de clase, su condición de partido de la clase obrera. Es, de hecho, el único partido que lo hace sistemáticamente, desde su fundación. Hay algunas corrientes pequeñas que también lo hacen y algunos partidos que lo proclaman pero inconsecuentemente.

Este principio científico debe estar presente en tres instancias bien determinadas:

1) la reflexión acerca de cómo se traducen en nuestra política los intereses de la clase obrera; 2) la naturaleza de clase del conjunto del espectro político nacional; 3) el análisis de clase de aquellos acontecimientos de la vida internacional que el Partido considera importantes.

La complejidad de cualquiera de estas instancias es muy grande. Por ser tal, exige un alto grado de dedicación y, en cierto modo, de especialización. Sin embargo, y esta es la contradicción  que es preciso considerar a cada instante, no son cuestiones de técnicos una vez que deben encarnar en la vida del conjunto del Partido y del movimiento obrero y popular. Deben convertirse en guía constante de la acción del Partido, organismo por organismo, militante por militante; asimismo debe insertarse, a su  modo,  en  el  sistema  de  organizaciones  populares,  comenzando  por  las  del movimiento obrero y, en definitiva, convertirse en patrimonio de grandes masas. Es que somos, antes que nada, un partido político y nuestra vocación es el poder.

La relación entre el liderazgo y la construcción colectiva del pensamiento partidario asume, entre nosotros, la forma de aplicación sistemática y multiforme del principio del centralismo democrático. Como fue anotado en reiteradas oportunidades, el fundamento de la aplicación sana de este principio descansa en el funcionamiento regular de las organizaciones de base del Partido. Por supuesto, es condición necesaria el accionar de   direcciones estudiosas y con autoridad política, capaces de respetar y estimular escrupulosamente la participación política responsable.

A veces nos preguntamos si la historia se hace de esta manera, con partidos construidos bajo esta matriz.    Millones de hombres y mujeres tomaron por asalto la fortaleza zarista empujados por tres palabras: PAZ, PAN, TIERRA. En Venezuela, están elaborando la teoría de lo que están haciendo y creando la herramienta política que sostenga  el  poder.  Y  recuérdese que  Arismendi calificó  de  escándalo  teórico  a  la Revolución Cubana. Nuestro Partido, sin embargo, sobrevivió a la profunda crisis que culmina en el Congreso Extraordinario de 1992 entre otras razones porque: 1) desarrolló una inmensa labor teórica, política y de organización; 2) había alcanzado objetivos esenciales en el proceso de construcción de la unidad obrera y política, ligados directamente a la labor mencionada; 3) generaciones enteras de revolucionarios unieron su destino al Partido, entregaron su tiempo y muchos hasta su vida, en base a una concepción de la revolución que tenía al Partido y su pensamiento como centro.

Más allá de la acción ciega del topo de la historia, los comunistas seguimos constituyendo la conciencia de la época aunque tengamos el honor algo magullado.

Ahora bien, tenemos problemas serios en relación a la articulación del pensamiento del Partido. Debemos trabajar  en la elaboración del Programa, investigar más  profundamente  los  cambios  estructurales  que  se  procesan  ante  nuestros  ojos, desarrollar    el    marxismo    leninismo,    actualizar    la    Teoría    del    Partido,    mejorar sustancialmente la organización, en particular el funcionamiento regular de los organismos de base.

Pareciera que no circulan adecuadamente a lo largo y ancho del Partido, no sólo las  indicaciones tácticas  sino  sus premisas  teórico-estratégicas. Si  esto  es  así,  mal podemos pedirle al Partido elaboración y síntesis de la experiencia realizada. Es decir que la contradicción anotada, se tensa continuamente sin encontrar vías de solución.

El tema de la comunicación, es uno de los temas que no tenemos bien resueltos, ni en la interna del Partido ni hacia la sociedad. A la vez, también nos debemos un análisis más profundo de las estrategias a llevar a cabo para defender nuestro derecho a la comunicación, a la información como parte de ella, ya que no es solamente propaganda y agitación, hay que razonarla en la perspectiva de una cultura de masas, como cultura cotidiana. El tema de la comunicación se sociabilizó lo cual es positivo, ya que se cuestiona más la información por los múltiples accesos a ella. Se debe romper con el oligopolio de poder, que sustenta los medios de comunicación masivos  y difunde la ideología neoliberal, como parte de su estrategia de dominación. Se utiliza como herramienta la desinformación y la deformación de la realidad en su provecho, para someter a los pueblos y mantener el sistema.

Ejemplos cercanos en el tiempo, a gran escala, la incidencia de los medios en el derrocamiento del presidente Chávez en Venezuela y la  atomización social producida por la posibilidad  constante de permanecer “enganchados “  a un soporte técnico (T.V., Internet, etc), la  búsqueda de información independiente de los sucesos de la guerra en Irak., (Internet).

El Partido se extiende en el entramado social a partir, así tendría que ser por lo menos, de la inserción prioritaria en la clase obrera. El concepto de clase obrera resulta, a los efectos de lo que estamos refiriendo, en demasiado general. El Partido debe insertarse en los destacamentos más avanzados y con mayor influencia en el conjunto de la clase, a la vez que es un organizador de toda la clase. Su presencia política será más real y activa cuanto mayor sea su capacidad para poner en movimiento a la clase, reivindicando sus derechos en el marco de un programa liberador.

El reclamo de una investigación profunda acerca de las formas de organización de la producción y la articulación de la clase obrera en la producción, es absolutamente justo e impostergable. Muchas veces se suman los asalariados y este número nos sirve para demostrar que no hay tal "fin del trabajo". Y no está mal sumar el número de asalariados, sólo que esta cifra es apenas un punto de partida para la reflexión. Es preciso identificar los centros de concentración obrera y su nivel de organización y experiencia sindical, su combatividad y nuestra influencia en ellos.

A las nuevas formas de organización de la producción, vale decir, nuevas formas de obtención de la plusvalía, deben corresponderle probablemente nuevas formas de organización obrera, un trabajo diferente que incide inclusive en las formas de organización del Partido.
La exacerbación de la competencia entre los trabajadores se está constituyendo en una de las mayores trabas para la organización sindical. Esto exige una gran labor de educación por parte de los sindicatos, la Central y el propio Partido.

Y múltiples factores ya examinados en diversos informes.

Hemos notado, sin poder resolverlo, que hay una especie de distorsión en el contenido de las discusiones y resoluciones de las estructuras partidarias que atienden el movimiento obrero. Por un lado, tenemos estructuras que prácticamente no discuten otra cosa que la táctica sindical, es decir, viven al día en sus análisis y resoluciones. A la vez, se abre un foso respecto de las organizaciones partidarias responsables por la política del Partido en el lugar de trabajo y por el crecimiento y la educación. Aquí hay problemas estructurales que debemos atender específicamente pero tratando de generalizar el estudio para alcanzar síntesis que nos permitan orientarnos en el conjunto de la problemática.

Pero decíamos que el Partido actúa en amplios sectores de la sociedad uruguaya, en base a su concepción de la revolución. Debemos analizar si esta diversificación de la acción política que abarca hábitos y condiciones de vida y de trabajo tan diferenciados, puede atenderse con las mismas estructuras políticas. ¿Pueden los médicos y los trabajadores del taxi, por nombrar un sector de trabajadores, funcionar con el mismo tipo de agrupación? Y esto se relaciona directamente con el problema de la articulación del pensamiento político que incluye la creación y síntesis políticas. Es preciso preguntarse si las herramientas orgánicas de que disponemos, son eficaces a la hora de unir a todo el Partido en torno a su pensamiento y su táctica.

La ideología

Algunas consideraciones sobre el problema de la ideología


La simplificación en el análisis de la vida ideológica de los pueblos, tan compleja como su estructura de clases y las identidades culturales de grandes grupos humanos que la  componen, puede inducirnos a  errores teóricos  y políticos de  imprevisibles consecuencias.

Las formulaciones    de la ideología burguesa pueden ser múltiples.  A la vez, la profundización y difusión de la ideología del marxismo, con base en la teoría científica del materialismo histórico, la transformaron  en una realidad cultural que a lo largo de todo un período, particularmente del siglo XX, no sólo se constituyó en herramienta decisiva del pasaje de clase en sí en clase para sí del proletariado, sino que jugó un papel inmenso en la reflexión de clases sociales enfrentadas por razones diversas al bloque burgués dominante y a la dependencia del imperialismo  en el caso de los países coloniales, semicoloniales y dependientes.

Hay una "historia de las ideologías", que contiene en sí misma el concepto desarrollado de "ideología". El fenómeno de imagen invertida que producen las ideologías, mencionado muchas veces  por los  clásicos, se  refiere al  papel  que las diferentes clases pretenden jugar en la vida social. La revolución copernicana en materia ideológica, la hace el  marxismo al sentar las  bases científicas de su producción y declarar abiertamente su papel de clase en la transformación revolucionaria del capitalismo. Para ser más precisos, en el pasaje del capitalismo al socialismo, una vez que debe deducirse la extinción de la ideología con la supresión definitiva de las clases sociales.

La investigación de la producción ideológica al interior de las sociedades burguesas, es una responsabilidad permanente de los comunistas. Dice Arismendi en  "Problemas de una Revolución Continental"

"No pretendemos acostar el cuerpo vivo y palpitante de un continente en el lecho de Procusto de un esquema prefabricado. Lejos de nosotros está esa idea propia de un modo metafísico de pensar. No nos halagan las recetas escolásticas, ni  otorgamos coartadas a la pereza mental. La diversidad, también aquí, es la manifestación múltiple de la unidad. La unidad de la revolución latinoamericana no excluye sino que implica la diversidad de los procesos nacionales."

Sin la investigación mencionada, no hay lucha ideológica real sino pura confrontación sin mediaciones  y lo  que  es  peor, sin posibilidades reales  de  éxito. Llamamos  éxito,  no  sólo  a  ganar  para  el  marxismo  leninismo  a  las  clases  que construirán, junto a la clase obrera, el socialismo, cuestión que envuelve circunstancias políticas diferentes, sino a hacerles comprender que sólo la alianza con la clase obrera responde directamente a sus intereses. Entre tanto, lo que tendremos, de una u otra forma, es disputa ideológica y política por la dirección del "bloque opositor". Lucha ideológica, entonces, fundada en el estudio serio y profundo del modo de pensar de todas las clases. Obviamente, para que la clase obrera pueda desempeñar un papel decisivo en este sentido, debe ser ganada mayoritariamente para la ideología que la representa. Naturalmente que nos estamos refiriendo al papel del Partido.

Las clases están activamente disputando por sus intereses y formas de pensar dominantes. La lucha ideológica debe partir de que las representaciones que las clases y fracciones se hacen de sí mismas, no pueden    ser consideradas como emanaciones directas de sus condiciones de vida y menos aún en nuestro tiempo, una vez que la producción y circulación de ideas, adquirieron una inmensa complejidad.    Influidas ciegamente y en "última instancia" por la posición que ocupan en la estructura económicosocial (siempre específica más allá de las definiciones fundamentales), generan formulaciones ideológicas. De hecho, en torno a las clases o fracciones nítidas y permanentes de ellas, se desenvuelve una aguda lucha ideológica por ganarlas para determinada ideología, determinada producción espiritual que pretende representarlas y cuyo nivel de desarrollo, eclecticismo, etc., es circunstancia a investigar en cada momento. Y siempre en el marco de la hegemonía de las ideas dominantes sustentadas por el bloque en el poder, ideas que también sufren transformaciones. ¿O acaso es lo mismo Batlle y Ordóñez que el neoliberalismo?

La ideología es producción espiritual, producción espiritual cuyo destino depende exclusivamente de la capacidad para encarnar en clases y diferenciaciones de clase. De hecho, los  partidos  y corrientes políticos nacen, se  desarrollan o  mueren  antes  de significar nada, en torno a estas producciones espirituales. ¿Cómo es que vamos a desenvolver la lucha ideológica en todos los terrenos si no estudiamos los programas de todos los partidos y movimientos políticos, vigentes en el Uruguay de hoy? Y hablamos de los programas no porque muestren graciosamente su fondo ideológico, sino porque en ellos anidan concepciones ideológicas que es preciso desentrañar, investigación que debe ir unida al seguimiento atento de su comportamiento político, su estrategia, su táctica, etc. Ganar a las grandes masas influidas por las formaciones políticas burguesas implica comprenderlas, conocer a fondo las ideas que las influyen. Y esto sólo puede alcanzarse estudiando esas ideas. Soldar cada vez más firmemente la unidad de nuestro pueblo, depende también de cómo comprendemos las ideas de los partidos y corrientes que en él están encarnados.

La  ideología es  una categoría esencial  del  materialismo histórico. Los  clásicos plantean al respecto:

“Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia, considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en la historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionarán recíprocamente. No tocaremos aquí la historia de la naturaleza, las  llamadas ciencias naturales, abordaremos en  cambio la  historia de  los hombres, pues casi toda la ideología se reduce o a una concepción tergiversada de esta historia o a una abstracción total de ella. La propia ideología es sólo uno de los aspectos de esta historia”.” (La ideología alemana. Marx-Engels, EPU, pág.676. Impreso en Bs. As. 1975).

“La producción de ideas y representaciones, de la conciencia, aparece al principio directamente entrelazada    con la actividad material y el comercio material de los hombres, como el lenguaje de la vida real. Las representaciones, los pensamientos, el comercio espiritual de los hombres se presentan todavía, aquí, como emanación directa de  su comportamiento material. Y  lo mismo ocurre con la producción espiritual, tal y como se manifiesta en el lenguaje de la política, de las leyes, de la moral, de la religión, de la metafísica, etc., de un pueblo. Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero los hombres reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio que  a  él  corresponde,  hasta  llegar  a  sus  formaciones  más  amplias.  La conciencia  no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real. Y si en toda la ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en  una cámara oscura, este  fenómeno responde a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico”. (La ideología alemana”, EPU, ed.cit.pág.25 y 26).

“Los pensamientos de la clase dominante son, en cada época, los pensamientos dominantes, esto es, que la clase que es el poder material dominante, es al mismo  tiempo,  el  poder  espiritual  dominante”.  (Marx  y  Engels.  Obras Completas T.3, pág.46).

Nótese que los padres de la doctrina, y podemos abundar en ejemplos, hablan de ideas,   pensamientos,   representaciones    y   manifestaciones.   Comienzan   a   utilizar ideología, como categoría esencial del materialismo histórico, cuando hablan de la ideología de la clase obrera, fundada científicamente, abiertamente partidista y guía para la acción, como expresión de manera teórica de la tarea histórica del proletariado, que para llevarla a cabo necesita del conocimiento científico de las leyes del desarrollo y movimiento, la organización de un partido en la más amplia alianza de trabajadores y explotados. Debe ser y es, la apropiación crítica de todo lo producido por la humanidad a lo largo de su historia, y para convertirse en poder material (o fuerza real, decimos nosotros), debe ser introducida, llevada dentro y enriquecida de manera permanente de y para la acción real.

Algunas precisiones:


En primer lugar, cuando decimos “apropiación” reducimos el concepto. Los clásicos hablan de Aufhebung, que está en la esencia de las leyes de la dialéctica, significa conservar en un nivel superior, el verbo “heben”, significa elevar, y la partícula “auf” determina la idea de conservar, pero, como es naturalmente claro, si conservamos y al mismo tiempo elevamos a un nivel superior, estamos diciendo que transformamos. De ahí que surge lo de “apropiación crítica”, que incluso da la riqueza del verbo aufheben y el sustantivo Aufhebung, que está en la esencia de la dialéctica. (ver Lenin, Acerca de la dialéctica).

En  segundo  lugar,  debemos  dejar  de  utilizar  ideología  e  ideológico  para cualquier cosa. El tema de fondo (hay que ir a las fuentes, no para citarlas sino para seguir incluso el desarrollo de su propio pensamiento),es la relación entre materia y conciencia.  Si  no  entendemos eso  (y ayudamos a  entenderlo), tampoco  podríamos entender cuáles son las piedras angulares, los principios y fundamentos de nuestra concepción del mundo, (entendida como la manera que me paro para contemplar la realidad,  en  toda  su  complejidad,  movimiento  y  desarrollo,  con  el  objetivo  de transformarla), cuáles son , entonces, los que quedan en pie.

Tercero: Es interesante ver cómo Marx y Engels, cuando se ponen en orden consigo mismos, no meten todo en una sola bolsa o etiqueta, sino que someten a crítica, en el estricto sentido marxista, al desarrollo de las ideas, pensamientos, representaciones y manifestaciones del desarrollo histórico. Aprendamos de ellos, que no sólo dejaron las piedras angulares, sino el cómo hacerlo.

¿Qué hacer, entonces, con nuestros escasos recursos? Antes que nada, comprender la  complejidad  del  asunto. Y  esto  ya  sería  bastante.  Luego,  con  toda modestia, empezar a darnos herramientas de análisis. Podríamos introducir algunas modificaciones en los objetivos y el formato de ESTUDIOS, La BRÚJULA u alguna otra publicación, que nos permitan avanzar en el análisis y la difusión de estos temas.

La unidad ideológica y la unidad de acción

La unidad ideológica


La unidad ideológica es la esencial, porque su conquista o no, hace a la esencia misma del Partido, e influye decisivamente sobre qué unidad de acción se puede lograr o no. La unidad ideológica y política tiene que ver con que si el Partido se basa ideológicamente en el marxismo-leninismo, como concepción y teoría a la vez, o no lo hace.

Si el Partido se basa en el marxismo-leninismo, la unidad es sólida en el plano ideológico, y facilita y condiciona a la vez, la unidad del Partido en sus distintos aspectos: programa, estrategias, táctica,  línea  política  y en  su tipo de  estructura  y funcionamiento.

En el caso que el Partido no base su fundamento en el marxismo-leninismo, ello sólo significa que pasa a ser ganado por la ideología burguesa, por lo que deja de ser partido de la clase obrera, por más que proclame a gritos su fidelidad a la clase.

Es lo que pasó en el  surgimiento de la Social Democracia Europea (en su variante kaustkiana), en la II Internacional, a fines del siglo XIX, principios del XX; y con la crisis del Movimiento Comunista Internacional, que culminó con la derrota de la experiencia socialista en el este de Europa.

Es  lo  que  pasó  también,  en  la  mayoría  de  los  Partidos  Comunistas en  el  mundo capitalista.

La esencia de la crisis del PCU, cuyo punto neurálgico fue el Congreso Extraordinario, tuvo que ver también con que si el PCU seguía aceptando el marxismo-leninismo, o no.

Es importante destacar, que el rechazo del marxismo-leninismo tiene su fundamento principal en la enorme presión que sufre la ideología proletaria, por parte de las ideologías burguesa o pequeño burguesa.

No siempre el rechazo del marxismo-leninismo como ideología y guía, se hace formalmente. Sin ser aceptada expresamente, la ideología burguesa y pequeño burguesa condiciona las posiciones revisionistas, que al principio pueden aparecer como posiciones aisladas, desconectadas de su fundamento ideológico. Inclusive, a veces, sólo su  puesta  en  práctica  como  línea  política  o  programa,  revela  su  fondo burgués o pequeño burgués.

Cuando en el Partido del proletariado se desarrolla la ideología burguesa o pequeño burguesa, surge la contradicción entre ellas y la ideología del proletariado, y como son antagónicas, la lucha entre ambas es muy aguda, y sólo se resuelve cuando triunfa una de ellas, lo que define la naturaleza del Partido.

El surgimiento de desviaciones ideológicas tiene graves consecuencias, en la medida que se resiente el funcionamiento del Partido y la lucha de la clase obrera y el pueblo.

La  unidad  ideológica  y  política  exige  no  sólo  la  aceptación  expresa  del marxismo-leninismo como guía sino que además, para lograrla, es necesario que queden perfectamente elaborados, el programa, la estrategia, los lineamientos tácticos y el tipo de estructura y funcionamiento adecuados a la realidad y basados en los principios leninistas de organización del Partido. Si estos atributos no se elaboran o tienen una elaboración difusa,  surge la dispersión política en la militancia y el Partido no funciona correctamente, afectándose inclusive la unidad de acción.

La unidad de acción y su interacción dialéctica con la unidad ideológica

Podemos definir la unidad de acción, como el hecho de que el conjunto del Partido    o    determinado organismo, ante un problema político o de funcionamiento, luego de adoptada, tiene una posición única que  debe ser defendida y aplicada por el colectivo y por cada uno de sus integrantes sin discusión. El Partido o un organismo, no puede definir o encarar ninguna actividad correctamente, sin la unidad de acción.

Si bien la unidad ideológica, condiciona la unidad de acción (en el sentido visto más arriba), hay un efecto de retroalimentación de la segunda sobre la primera. Y ello ocurre porque, por un lado, la certeza o acierto logrado en la resolución de determinado problema, va demostrando en la práctica concreta la verdad de las posiciones marxisistas-leninistas, y por otro, porque ello va facilitando una maduración ideológica del colectivo, la que a su vez, aporta a su unidad ideológica.

Sin la unidad de acción, el Partido aparece disperso y disgregado en su accionar político o en los frentes de masas; (y también en la interna del mismo). Por tanto, siembra confusión entre las masas y el Partido no puede jugar su papel de vanguardia; pierde la confianza de las masas, y puede dar lugar a enfrentamientos dentro del mismo.

Cuando en un organismo del Partido se analiza cierto problema, hay que tener en cuenta que los integrantes del mismo pueden manifestar diferencias, que inclusive en el punto de partida pueden ser importantes. Múltiples causas explican el surgimiento de estas diferencias: la diversidad de experiencias en el trabajo de masas; la formación ideológica;  las  distintas  experiencias  de  militancia  en  el  Partido  y,  lo  que  es fundamental, nadie, ni un genio político puede tener un conocimiento total y exacto del problema a tratar; es decir, cada posición individual tiene cierto grado de conocimiento unilateral. Por eso sólo la discusión seria, fundamentada y colectiva, puede aproximar el organismo a una toma de posición de unidad. Si la toma de posición se basa en este tipo de discusión, decimos que la democracia funciona en el seno del Partido. Si algún compañero, basándose en su mayor conocimiento del problema, lo utiliza para querer imponer su posición o hay un traslado mecánico de posiciones sobre el mismo, de hecho está imponiendo una discusión que distorsiona el carácter democrático que ésta debe tener en los organismos.

De todos modos, la unidad ideológica y política permite un acercamiento profundo desde el inicio mismo de la discusión.

Por supuesto, la unidad de acción no implica sólo la toma de posición única para el colectivo, sino también que cada uno  de sus integrantes realmente lleve a la práctica la resolución tomada. Resolución que debe instrumentarse en un plan de trabajo, en el que quede perfectamente determinado el aporte de cada compañero en el cumplimiento de cada una de las metas fijadas en el mismo.

Acerca de la política de cuadros

El siglo XX fue el de la formulación de la Teoría del Partido de nuevo tipo y el de la primera revolución proletaria triunfante que logró desarrollarse. En esas primeras y fermentales décadas, se formaron decenas de partidos inspirados en las ideas de Marx, Engels y Lenin. Millones de hombres y mujeres abrazaron los ideales del comunismo y aprendieron a valorar el inmenso acontecimiento de alcance histórico, que significó el triunfo de la Revolución Rusa.

Con  la  consolidación de  los  PPCC,  comienza  una  tarea  nueva:  la  forja  de cuadros, de militantes y dirigentes obreros y populares armados con la teoría del marxismo leninismo y un programa revolucionario. Cuadros capaces de aplicar creativamente la  línea  estratégica  y táctica  a  partir de  la  asimilación profunda del principio del centralismo democrático y la unidad de acción.

En ese proceso, la aseveración de que la revolución la realizan las masas, trae consigo la necesidad de resolver en la práctica el principal problema: forjar la unidad del pueblo y su organización, construir la fuerza social de la revolución en Uruguay e implica también, como tarea central, la construcción de un Partido Comunista capaz de vanguardizar el proceso revolucionario.

Hoy, la perspectiva cierta de que la izquierda conquiste el gobierno en el corto plazo, pone con más fuerza sobre la mesa, la cuestión de qué concepción ideológica y qué fuerza política imprimirá el signo del proceso. Qué fuerza es capaz de conducir consecuentemente a la inmensa mayoría del pueblo, perjudicado por la política de la oligarquía  aliada  al  imperialismo,  en  torno  a  un  Programa  de  transformaciones profundas de la sociedad. Entendemos que conquistar el gobierno nacional en estas condiciones políticas, es la mayor garantía de que el pueblo defienda su Programa desde el gobierno e inicie el proceso de construcción de un país productivo, con trabajo y justicia   social,   que   vaya    generando   condiciones   para   continuar   avanzando    y profundizando ese Programa popular, en beneficio de la mayoría de los uruguayos.

La historia uruguaya ha mostrado que el papel del PCU es determinante para generar esas condiciones, para que la clase obrera, los trabajadores y el pueblo protagonicen conscientemente las transformaciones que el país necesita, ubicando y sosteniendo en ese proceso, a la fuerza política capaz de conducir esos cambios desde el gobierno, como parte sustancial del movimiento popular.

Entonces, la agudización de la lucha de clases a escala mundial, regional y nacional, hace urgente -y a la vez genera condiciones favorables- la construcción de un gran Partido Comunista de masas y de cuadros, que sea capaz de conducir ese proceso.

¿Por qué un Partido de masas y de cuadros?

El PCU nació ligado al desarrollo y a la lucha de la clase obrera en nuestro país y con las ideas de Marx y Engels, encarnadas en Lenin y su Partido y se caracterizó hasta hoy, por luchar en las más diferentes circunstancias, para que la clase obrera y el pueblo cumplan su papel en la sociedad y para cumplir el nuestro, incluyendo una actitud internacionalista consecuente.

Elaboramos una Teoría de la Revolución uruguaya, que fue encarnando cada vez más en grandes masas, posibilitando la construcción, en el marco de la lucha, de la unidad  del  movimiento  sindical,  la  unidad  de  la  izquierda,  la  elaboración  de  un Programa del movimiento popular e ir construyendo la alternativa política, que hoy permite que estemos ante la perspectiva de conquistar el gobierno nacional por primera vez.

Esta historia no fue ni es un camino de rosas, particularmente para los comunistas, pero en  el  período de  acumulación de  fuerzas en  el  que  estamos, los avances en todos los planos nos han permitido ir superando los escollos -muchos de ellos terribles-, que el enemigo nos impuso para mantener su dominio de clase.

Dicha teoría reclamaba la necesidad de construir un gran Partido Comunista de masas y de cuadros, como un problema central a resolver. Hoy, el desarrollo más probable del proceso revolucionario en nuestro país, lo sigue reclamando.

Para que el Partido cumpla su rol de conductor de masas, el desarrollo de esta unidad dialéctica de cantidad y calidad, nos plantea planificar el imprescindible crecimiento numérico permanente, la extensión del vínculo directo del Partido con las masas, la profundización de sus raíces a través de la incorporación a sus filas, en el marco de la lucha, de lo más avanzado y combativo de la clase obrera y el pueblo, al punto de convertirse realmente en un Partido de masas, organizado en torno a su sistema de Dirección, desde el Comité Central a los Secretariados de las Agrupaciones. O sea, nos plantea junto con el crecimiento en cantidad, ser capaces de asegurar la calidad del Partido desde el punto de vista ideológico, teórico, político y organizativo, a través de la formación  de  miles  de  cuadros,  que  asuman  las  diferentes  responsabilidades  que requiere el desarrollo de la actividad política en todas las áreas.

Es muy importante señalar no obstante, que la categoría masas partidarias, está concebida sobre la base de los principios leninistas que caracterizan a nuestro Partido: que los afiliados al PCU al ingresar, deben recibir y aceptar el Programa y los Estatutos, luchar por su aplicación, militar en una Agrupación, cumplir las decisiones del Partido y abonar su cotización.

Construir un Partido que sea capaz de ser la vanguardia real del proceso revolucionario en Uruguay, en todo momento y circunstancia, implica su permanente desarrollo, significa construir planificadamente un Partido de decenas de miles de comunistas organizados, actuando en función de la orientación general, desarrollar una permanente y adecuada labor de asimilación de los afiliados a la vida política del Partido, lo  que  reclama  a  su  vez,  una  política  de  cuadros que  dé  respuesta a  las necesidades que surgen de este proceso. Cuanto mayor sea la cantidad de afiliados, la influencia del  Partido en el pueblo y su grado de movilización y de lucha, mayor será la importancia de tener una sólida estructura de cuadros comunistas, actuando en todos los ámbitos de la sociedad -especialmente en los centros de concentración definidos en el Plan- y en todos los niveles de la organización.

Esta concepción, implica invertir esfuerzos y recursos en el trabajo ideológico del Partido y prestar una gran atención y trabajo en el sistema de Dirección, para asegurar    el    respeto    irrestricto    de    los    principios    leninistas    de    organización, particularmente del centralismo democrático.  La formación de los cuadros comunistas en estos principios, es una de las condiciones y garantías fundamentales del desarrollo político organizativo del Partido, de la preparación de la organización para cumplir su papel en la sociedad, a lo largo de todos las etapas del proceso revolucionario.

Nuestro Partido no es un Partido de tendencias, ni permite la existencia de fracciones, que resquebrajan la unidad y ponen en cuestión su capacidad de cumplir la función de organizador y conductor de masas. El PCU es un Partido con una concepción del mundo, con un Programa, con una Dirección, con una línea, con un Plan y con una organización, regida por los principios del centralismo democrático, unidad dialéctica concebida en función del carácter del Partido y que junto con la libertad de discusión, garantiza la unidad de acción.

Debemos elaborar y desarrollar una política de cuadros que se corresponda con dicha concepción, con el Partido que nos proponemos construir, con los lineamientos generales del Congreso y el objetivo político central de la etapa, con la actual realidad política y orgánica del PCU (y la UJC).
Sin dudas que para la elaboración de tal política de cuadros, nos basaremos en dichos lineamientos y en la experiencia del PCU en la materia, por lo que a pesar de los retrasos que tenemos, no partimos de cero.

Analizando textos de Lenin y Dimitrov, en los que se refieren al tema cuadros y textos de nuestro Partido, particularmente de Alberto Suarez y Alberto Altesor, así como en conversaciones con camaradas que tenían la responsabilidad de llevar a la práctica dichos criterios, prácticamente no se encuentran diferencias; por lo tanto no cabe dudas que la base teórica y la orientación política eran correctas. Otra cosa es el resultado en tal sector o con tal camarada, donde seguramente puede haber diferentes valoraciones sobre el trabajo de cuadros del Partido.

Ser comunista en el tercer milenio

Entendemos que antes de avanzar en el desarrollo de las características de la política de cuadros, es necesario realizar algunas consideraciones  sobre los comunistas y los cuadros del Partido.

El comunista es un revolucionario, un organizador político y dirigente de masas, que se guía en su accionar por las ideas del marxismo leninismo, que como dicen los Estatutos: “...lucha  porque  la  Clase  Obrera  uruguaya desempeñe  su  misión  histórica social, política, ideológica y  guíe la  marcha del  pueblo uruguayo hacia el socialismo y la posterior edificación del comunismo”.

Es  un  revolucionario que  lucha  para  ganar  ideológica  y  políticamente  a  la mayoría de la clase obrera y el pueblo, que lucha para introducir las ideas del marxismo leninismo en su seno, para transformar la lucha reivindicativa en lucha política. Es un revolucionario comprometido con el desarrollo de su Partido, en tanto lo asume como su organización política de combate “para cambiar el mundo”, como la herramienta fundamental para hacer la revolución.

A su vez, la lucha en el Partido, su formación como comunista, la batalla por las ideas en diferentes circunstancias, la alegría por la lucha compartida, el nivel de desprendimiento que conlleva, el estímulo a la sensibilidad por los demás, a la solidaridad, a dar la batalla moral y ética por los mejores valores del ser humano, va unido a su realización como tal, le da sentido a su vida.

Unir la alegría de la lucha cotidiana por ganar la conciencia de los trabajadores y el pueblo a la abnegación, el compromiso, el optimismo y la disciplina consciente, constituyen el sustrato de atributos básicos que caracterizan la personalidad del cuadro comunista.

Estos  atributos adquieren su  expresión concreta  y llena  de  vida,  cuando  el comunista vincula su militancia a su formación teórica y política. Gramsci definía al Partido como el intelectual orgánico, que investiga y aplica creadoramente lo investigado. En efecto, esta actitud es la propia del comunista que no se guía por el olfato ni el repentinismo, sino que actúa guiado por una teoría, un programa, una estrategia y una táctica. Y esto no es fácil de alcanzar. El estudio, la formación política que el Partido debe darle a los militantes y la autoformación, es tarea y obligación de todos.

En el seno del pueblo, en primer lugar en las fábricas y centros de trabajo que nuclean a los obreros, están sembradas virtudes esenciales que forman parte de la personalidad del comunista. Nos referimos en primer lugar a la solidaridad y a la sensibilidad ante cualquier forma de injusticia. Aquél que no sienta como propia la injusticia social, no llegará a ser comunista. Muchos hombres y mujeres del pueblo desarrollan esta sensibilidad, pero ésta no siempre se expresa bajo la forma de lucha sistemática  y  consecuente  contra    sus  causas.  Por  ejemplo,  el  asistencialismo  de inspiración religiosa o surgido de otras fuentes ideológicas y filosóficas, suele esterilizar la acción surgida de esta vocación de servicio, del dolor ante la pobreza y la injusticia.

La solidaridad y la necesidad de dar batalla ante la injusticia, y no cerrar nunca los ojos ante ella, son también atributos que anidan en la conciencia popular y que deben ser debidamente expresados por el cuadro y el militante comunista.

Por lo demás, el reconocimiento del enemigo de clase, una de las claves de la formación del militante comunista, es vivido directamente por los trabajadores organizados en sus sindicatos. En ese sentido, Lenin afirmaba que los sindicatos son escuelas de comunismo. Hay quienes, ocupando posiciones diferentes en la sociedad, tienen dificultades para reconocer al enemigo de clase y encontrar su lugar en la lucha de  clases  que mueve la  historia. Pero ni  aquellos ni  éstos llegan intuitivamente a comprender el marxismo leninismo, ya que éste es una ciencia y hay que estudiarla como tal.

Al Partido ingresan trabajadores y gente de pueblo provenientes de horizontes, de  experiencias  muy  diversas,  derivadas  en  esencia,  del  lugar  que  ocupan  en  la sociedad. El proceso de asimilación es prolongado y une la formación teórica a la práctica, donde el organismo de base desempeña un papel prácticamente insustituible.

Es en la agrupación donde el recién afiliado hace sus primeras armas, y es la agrupación la que lo convertirá en militante. No obstante, el devenir de la condición de militante a la de cuadro, implica un proceso de formación teórico-práctica complejo, en el que inclusive, intervienen circunstancias concretas y hasta fortuitas que le permiten asumir tareas de responsabilidad, en cuya resolución se va formando.

Así se matriza la personalidad del cuadro, lo que lo hace identificable y distinto. Madura en la reflexión, la autocrítica y la ayuda que el Partido está obligado a prestarle. De allí que la promoción de los cuadros, las tareas que el Partido le asigna, la audacia responsable con que debe proceder en estos casos, están directamente asociada con la suerte que el militante tenga en este proceso.

El cuadro es un hombre común, que transita a una condición que envuelve globalmente su personalidad. En tal condición tendrá que tener la fuerza de carácter necesaria para armonizar su problemática personal, con el cumplimiento normal de sus deberes políticos. A su vez, el Partido deberá ser capaz de entender en profundidad y con hondo humanismo esta problemática, para ayudarlo a encontrar el equilibrio justo. Es preciso trabajar para vivir, los hijos necesitan ser atendidos. Poner en orden obligaciones de diferente naturaleza, no es  tarea sencilla para nadie  y así lo debe entender el Partido, ese Partido en el que el cuadro debe confiar siempre.

El trato directo con los cuadros, el conocimiento oportuno de sus problemas y una alta sensibilidad para percibir su situación, es tarea cotidiana de los organismos y de la Comisión de Cuadros y es parte imprescindible de la aplicación de una correcta política de cuadros.

En definitiva, las tareas tan complejas que debe abordar el Partido, lo obligan a obtener el máximo rendimiento de sus militantes y cuadros. De aquí que toda forma de amiguismo e improvisación en esta materia, causa problemas que luego son de muy difícil solución.

Ser comunista en este milenio que se inicia, implica la capacidad para comprender lo que sucedió en el siglo XX y tener conciencia de la agudización extrema de la lucha ideológica. La formación teórica unida armoniosamente a la militancia cotidiana, es hoy más necesaria que nunca.
Ser comunista en este milenio, implica desarrollar una alta moral fundada en el optimismo histórico, la solidaridad y la sensibilidad humana. Significa dar batalla al consumismo y a la penetración cultural del imperialismo, eliminar de la personalidad propia y de la vida del Partido, toda forma de individualismo y arribismo.

Asimismo, es necesario erradicar el rutinarismo y el burocratismo en el abordaje de las tareas. Estas conductas, son deformaciones éticas que afectan directamente a los cuadros y su proceso de formación, así como su correcta distribución.

La adulonería y el servilismo en cualquiera de sus formas, constituyen deformaciones morales que es preciso enfrentar. El Partido necesita cuadros con capacidad de pensar con cabeza propia, con el valor suficiente para defender sus opiniones donde corresponda y dialécticamente, actuar basados en el centralismo democrático y el principio de la unidad de dirección y acción.

En esta etapa del desarrollo de nuestro Partido, entendemos que son particularmente importantes en su accionar, las siguientes características del cuadro comunista:

Cuidado de la unidad, del desarrollo y la cohesión de la organización, sobre la base de los principios y de la lucha consecuente desde su papel de organizador y dirigente de masas.

Apego al trabajo orgánico, al estudio y a la militancia cotidiana.

Modestia, ajena a todo culto a la personalidad, que enfrenta y valora a una persona, por encima del trabajo colectivo y del papel de las masas.

El concepto de cuadro es dinámico y está supeditado a su condición de hombre de Partido, militante, asimilado a la organización, no actuando aislado, por más capaz que sea o papel importante que haya cumplido en determinado momento. El cuadro comunista, asume las responsabilidades que el Partido le asigna en cada momento.

Entonces, basados en todas las consideraciones anteriores y en lo señalado en otra parte del material, en cuanto a la necesidad de recurrir a las fuentes, ¿cuáles deben ser las características principales de la política de cuadros del PCU?

En primer lugar nos remitiremos a lo planteado por Jorge Dimitrov, Alberto Suarez  y  Alberto  Altesor  sobre  el  tema,  para  luego  referirnos  y  desarrollar  otros aspectos que entendemos sustanciales de la política de cuadros del PCU para la etapa.

Dimitrov,  en  su  informe  al  VII  Congreso  de  la  Internacional  Comunista, señalaba que una justa política de cuadros se basa en primer lugar, en el conocimiento y en el estudio de los cuadros, que tiene la doble virtud de permitir “descubrir” las aptitudes de camaradas que hasta ese momento estaban desaprovechadas y por otro lado,  detectar  personas  extrañas  política  e  ideológicamente  a  la  organización.  En segundo lugar, en promover adecuadamente a los cuadros, en función de su aptitud real para la tarea y su prestigio en las masas. En tercer lugar “es necesario saber aprovechar los cuadros” en función de las cualidades que tiene en  ese momento y trabajar en su superación a partir de cómo son, estimulando sus aspectos positivos y corrigiendo sus defectos. En cuarto lugar, “distribuir acertadamente los cuadros”, haciéndolo de modo que en los lugares fundamentales, en los centros de concentración del Plan, estén los camaradas más firmes  y con mayor influencia en ese  ámbito. En quinto lugar, es necesario brindar apoyo regular a los cuadros, en cuanto a la orientación sobre su responsabilidad, la planificación, la organización y el control de la tarea asignada. En sexto lugar, es necesario el cuidado de los cuadros en todas las circunstancias, incluso su relevo a tiempo si es necesario.
A su vez, el camarada Alberto Suarez, en un artículo sobre el tema, aparecido en la Revista Estudios Nº 21-22, señalaba: ”Para  la  elección,  formación y  promoción de  cuadros, debemos  guiarnos siempre   por   los   principios   extraídos   de   la   experiencia   universal   del proletariado y que el camarada Dimitrov resumiera así en su informe al VII Congreso de la I. C.:“Qué CRITERIOS FUNDAMENTALES deben guiarnos en la elección de los cuadros”.

“Primero: LA MÁS PROFUNDA ABNEGACIÓN por la causa de la clase obrera y FIDELIDAD al Partido, probada en las luchas, en las cárceles, ante los tribunales, cara a cara con el enemigo de clase”.

“Segundo: la  más  íntima CONEXIÓN CON LAS  MASAS: vivir  para los intereses de las masas, a su estado de espíritu y a sus pretensiones. La autoridad  de  los  dirigentes  de  nuestras  organizaciones  del  Partido,  debe basarse ante todo, en el hecho de que la masa vea en ellos a sus dirigentes, se convenza sobre la propia experiencia de su capacidad de dirigirles, de su decisión y abnegación en la lucha”.

“Tercero: saber ORIENTARSE POR SÍ MISMOS EN LAS SITUACIONES y no tener miedo A LA RESPONSABILIDAD POR SUS DECISIONES. No es un  dirigente quien teme  incurrir en  responsabilidades. No es  bolchevique quien no sabe demostrar iniciativa, quien dice: “Yo me limito a hacer lo que me mandan”. Sólo es verdadero dirigente bolchevique, aquel que no pierde la cabeza en la hora de la derrota ni se ensoberbece en la hora del triunfo y demuestra una firmeza inconmovible en la aplicación de las decisiones adoptadas. Los cuadros se desarrollan y crecen del mejor modo cuando se ven colocados ante la necesidad de resolver por su cuenta los problemas concretos de la lucha y sienten toda la responsabilidad que esto supone.

“Cuarto: DISCIPLINA Y TEMPLE BOLCHEVIQUE, lo mismo para luchar contra el enemigo de clase que para combatir irreconciliablemente todas las desviaciones de la línea del bolchevismo”

Dimitrov subrayaba que los cuadros deben asociar el conocimiento de los que hay que hacer a la conciencia bolchevique y a la firmeza revolucionaria de carácter y de voluntad para llevarlo a la práctica”.

El camarada Alberto Altesor a su vez, en el Cuaderno de Organización Nº 3, en el que se refiere a las tareas de los secretarios de organización, señalaba: “Al margen de la lucha es imposible el florecimiento de estos.

Para nosotros, la idea de un cuadro, no es la de un hombre al margen de la lucha, sino la de un combatiente al frente de las luchas, conduciendo a las masas al combate contra el enemigo de clase y que en medio de esas luchas, se ingenie para elevar la conciencia política de las masas, para introducir las ideas del Partido, para ganar al Comunismo a los mejores luchadores.

Un cuadro dedicado a la labor interna del Partido, es también un combatiente político de masas, tiene siempre en cuenta a las masas, sus problemas, sus reivindicaciones, su estado de ánimo y buscar lanzar a todo el Partido a la lucha por encauzar y desenvolver el combate de las masas, profundizando su contenido político, etc.
 
Otro aspecto esencial del trabajo con los cuadros, es el de la lucha contra la fluctuación. Ya hemos dicho que se trata de afirmar a los cuadros en sus puestos, de no cambiarlos sin causas plenamente justificadas. Pero además, sucede en diversos organismos, que un cuadro desaparece de la actividad y nadie se preocupa de ir a buscarlo, de saber qué pasa, qué problema tiene, de discutir con él pacientemente para ayudarlo a resolver sus problemas y reincorporarlo a la lucha”.

En esta concepción, existen tres direcciones fundamentales en la formación de los cuadros: la participación en la lucha y el trabajo de masas, la participación regular en los organismos y la formación teórica y política (los cursos, el estudio, la lectura, etc.).
Junto con el imprescindible crecimiento por miles y el desarrollo de los cuadros en cantidad y calidad, debe ir el fortalecimiento de la organización.

El funcionamiento de los organismos, especialmente de las Agrupaciones, es para el PCU una tarea de principal importancia. Requiere de un gran, creativo y multifacético trabajo político y de organización, junto a la plena comprensión de que las transformaciones   radicales,   verdaderas,   sólo   son   posibles   con   la   participación organizada de las masas, para lo cual es imprescindible la acción de un Partido Comunista organizado en todos los sectores de la sociedad.

Es fundamental desarrollar y calificar por todos los medios posibles, el nivel ideológico, la actividad política y la organización de las Agrupaciones, especialmente las funcionales; por el papel que deben cumplir en cuanto a la difusión de las ideas del Partido entre las masas de trabajadores y en la conducción del conjunto del movimiento a la lucha reivindicativa y política.

El    fortalecimiento    y    desarrollo    de    las    Agrupaciones,    está    relacionado dialécticamente, con la construcción de sus Direcciones y con que cada una tenga su Plan de transformación de la realidad sobre la que actúa, que debe incluir sin excepción, la formación de los cuadros necesarios y la llegada a todos los afiliados.

En la formación del cuadro comunista, ocupa un espacio importante el estudio y la  asimilación de  los  conceptos fundamentales del  marxismo leninismo, que le  da confianza y lo prepara para actuar creadoramente en la realidad, que estimulan su independencia de criterio e iniciativa política.

Las escuelas del Partido, no tienen el objetivo de formar teóricos, sino de dar las herramientas teóricas y políticas a nuestros camaradas del PCU y de la UJC, para saber actuar mejor  y superar las dificultades concretas que la actividad política presenta permanentemente, para organizar y conducir mejor al pueblo en su lucha reivindicativa y política contra el enemigo de clase.

En este proceso y particularmente en esta etapa, el Partido deberá dedicar mayor esfuerzo y atención, a la formación de los cuadros comunistas que militan en los centros de concentración del Plan, de cada nivel de la organización.

La formación de los camaradas exigirá del Partido, como no puede ser de otra manera,  el  desarrollo  del  Frente  de  Educación,  el  funcionamiento  regular  de  las Escuelas  en  todo  el  país,  la  preparación  de  cursos  de  nivel  superior  según  las necesidades,  organizar  seminarios,  charlas  sobre  temas  ideológicos.  De  la  misma manera, exigirá del Frente de Propaganda la edición de materiales, la continuidad de la salida de la revista Estudios, la calificación permanente de Carta popular y demás instrumentos de difusión de nuestras ideas, mejorar el trabajo en torno a la biblioteca del Partido, etc.

La actuación del cuadro, también requiere la capacitación adecuada para la tarea que se le encomienda. O sea, tiene que saber, estar preparado para desempeñarla bien.
 
Esto tiene suma importancia, en la medida que el  Plan del Partido está sobre los hombros de la experiencia, la calificación y el accionar concreto de los cuadros.

En ese aspecto, hay una responsabilidad conjunta del camarada y del Partido, con el fin de desarrollar los conocimientos y habilidades personales, profesionales, teóricas,  políticas  y  metodológicas.  Debemos  trabajar    para  superar  los  métodos artesanales que utilizamos e ir profesionalizando nuestra actividad en todos los órdenes, planificando y estudiando para la acción.

El estudio de los cuadros, el conocimiento de sus características, su educación en la lucha, su promoción a tareas de responsabilidad, debe ser acompañada del adecuado control. No alcanza con planificar y asignar responsabilidades.

Entendemos que la mejor forma de hacerlo, es el apoyo en la organización de la tarea, con el fin de que se realice tal cual fue concebida y de tener el conocimiento directo del desempeño del camarada en la responsabilidad asignada. Este método de control, también contribuye a combatir la burocratización en el trabajo de los cuadros (apartarse de las masas, abuso de poder, etc.).

En el marco de la política de cuadros general, una tarea de gran trascendencia, valor político y complejidad, es planificar la construcción del sistema de Dirección,
particularmente del CC.

La construcción de una Dirección nacional con autoridad política frente a las masas y al propio Partido, que es un proceso permanente y planificado, debe desarrollarse como primera condición general, en la estrecha relación de sus cuadros con  la  lucha  de  masas  y  el  imprescindible  vínculo  regular  con  los  organismos  y afiliados.

En ese marco, en el plano personal es necesario que cada miembro del CC, realice y asuma una justa valoración de la responsabilidad que le encomendó el Partido y el  cumplimiento de sus obligaciones como Dirección, desde el  mínimo esfuerzo requerido, que significa asistir a las reuniones del CC, donde se consideran los principales problemas de nuestro pueblo.

En esta etapa, este proceso requiere de una atención especial y un esfuerzo conciente de todo el Partido, con el fin de ir generando condiciones que permitan cortar la dinámica, que luego del estallido de la crisis en 1992 se caracterizó por la renovación permanente de sus integrantes. Es necesario ir hacia una política de cuadros, en el marco de un Plan de construcción integral del CC, en que la necesaria renovación producto del desarrollo y el mejoramiento del trabajo de cuadros, se realice manteniendo la continuidad que asegure la estabilidad imprescindible del CC, desde el punto de vista ideológico y político, que permita acumular experiencia de Dirección e ir formando sobre un núcleo de cuadros cada vez mayor y más sólido ideológicamente, al CC como organismo de Dirección.
Un aspecto a tener en cuenta a la hora de llevar a la práctica la política de cuadros, es el marco político, económico y social complejo en el que la estamos formulando y pretendemos desarrollarla. Señalaremos sólo alguno de los factores importantes de carácter general, que inciden directamente:

   Como consecuencia de la derrota de la experiencia Socialista en el este de Europa, se ha ido profundizando la penetración cultural del imperialismo. La  sociedad  toda  está  sometida  a  una  gran  influencia  ideológica,  por distintos medios, a la que no escapamos los comunistas. A la vez, al no estar la URSS y el campo socialista, no existe la importante influencia ideológica y política que ejercían a nivel mundial, ni tenemos el apoyo concreto que se resumió en la formación de muchos de nuestros cuadros.
 
   Los  cambios  profundos  producidos  en  la  actividad  económica,  en  la organización productiva y del trabajo, no fueron acompañados por la organización de los trabajadores en su conjunto. Hoy se ha producido una gran fragmentación social en general y de los trabajadores en particular, lo que genera grandes dificultades para su organización y movilización. Este tema incide fuertemente en el desarrollo de la política de cuadros del movimiento en su conjunto y del Partido. Hace algunas décadas, las grandes concentraciones de obreros, eran verdaderos semilleros de cuadros y masas comunistas, con  grandes sindicatos en  los  que  el  Partido  tenía  un  peso ideológico fundamental.

   A  la  vez,  la  profundización  de  la  crisis  económica  y  social,  genera condiciones para la movilización de grandes masas, y por lo tanto para el desarrollo político-orgánico del Partido y en ese marco, también para su trabajo de cuadros.

   La dictadura y el estallido de la crisis del PCU en 1992, significaron la pérdida de cientos de cuadros, en los cuales el Partido había acumulado su experiencia histórica. No podemos calcular el daño producido, pero lo que es totalmente claro, es que fue enorme, que perjudicó a todo el movimiento popular, que tuvo consecuencias en todos los planos, que el proceso de construcción (y reconstrucción) del Partido, estuvo y está atravesado por esos momentos y se expresa permanentemente en lo que hacemos y en lo que aún no podemos hacer por falta de fuerzas.
El Partido Comunista es una organización de combate, que lucha para que la clase obrera y el pueblo asuman su papel transformador en la historia y conducirlos políticamente  en  ese  proceso.  Trabajamos  cotidianamente  en  la  construcción  del Partido, para que sea capaz de estar a la altura de las circunstancias, para cambiar una realidad que permanentemente nos golpea: tenemos un Partido chico en relación a las necesidades que el proceso revolucionario nos plantea y nos faltan cuadros.
¿Cómo abordamos este problema, en la actual estructura y en la perspectiva inmediata de un ingreso importante de afiliados al Partido?

Lenin planteaba al respecto lo siguiente: “...el estado crítico, el estado de transición de nuestro movimiento puede formularse del modo siguiente: no hay hombres y hay infinidad de hombres. Hay infinidad de hombres, porque tanto la clase obrera como sectores cada vez más variados de la sociedad proporcionan cada año más y más descontentos, que desean protestar, que están dispuestos a cooperar en lo que puedan en la lucha contra el absolutismo, cuyo carácter insoportable no lo ve aún todo el mundo, pero lo sienten masas cada vez más extensas, y cada vez más agudamente. Pero, al  mismo tiempo,  no hay  hombres, porque no  hay  dirigentes, no  hay jefes políticos, no hay talentos capaces de organizar un trabajo a la vez más amplio y unificado, coordinado, que permita utilizar todas las fuerzas, hasta las más insignificante.”(Lenin: ¿Qué hacer?, Cap. IV, inciso d) .

Lenin señala con claridad que ante la falta de cuadros, se debe apelar a las masas con más confianza y audacia para seleccionar, ayudar en su formación y promover a tareas de responsabilidad, a los militantes dispuestos a asumirlas. Le otorga gran importancia a las tareas de formación, a la especialización y profesionalización del trabajo político de los comunistas, sea cual sea su tarea.

A su vez, señala la íntima relación de la política de cuadros, con el desarrollo de la estrategia y la táctica del Partido en las masas. En este aspecto, es bueno tener en cuenta que la política de cuadros concebida y puesta en práctica como analizamos, juega un papel central en la elaboración y desarrollo de dicha estrategia y línea del Partido.

Un capítulo especial en la política de cuadros en esta etapa, está referido a la necesidad de continuar tomando medidas con el fin de recuperar para la vida del Partido, a lo largo y ancho del país, a cientos de camaradas, que no trabajaron ni trabajan contra el Partido, y que por equis razones hoy no militan en sus filas. Esta dirección de trabajo, es  muy importante para construir ese  Partido de  masas  y de cuadros de todos los comunistas, que la revolución uruguaya necesita.

El centralismo democrático

“El proletariado no dispone, en su lucha por el poder, de más arma que su organización. El proletariado(...) sólo puede hacerse y se hará inevitablemente invencible, siempre y cuando que su unión ideológica por medio de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la organización...” (V.I.Lenin: Un paso adelante, dos pasos atrás)

Lenin defendió y construyó la idea del “Partido de nuevo tipo”, a la luz de las ideas de Marx y Engel desarrolladas en el Manifiesto del Partido Comunista y con el fin de dotar a la clase obrera y a las masas populares, del principal instrumento político para realizar las transformaciones revolucionarias que la hora reclamaba.

La concepción leninista de Partido se basa en que para unir, organizar y conducir a la clase obrera y a las masas en la lucha por el poder político, no alcanza con tener una estrategia  y  una  táctica  correctas  y  vínculo  estrecho  con  las  masas;  es  necesario construir un Partido político, guiado por las ideas del marxismo y que organice a los comunistas, en torno a principios que aseguren el centralismo y la disciplina, como elementos imprescindibles para lograr la unidad de pensamiento y acción del Partido. A la vez, que tal condición sólo puede alcanzarse en el grado y calidad necesarios, a través de la discusión y resolución democráticas de los principales temas de la actividad política del Partido.

Es por estas ideas, que el principio organizativo rector del Partido creado por Lenin, el centralismo democrático, articula el sistema de organismos en torno a un centro único de dirección, con normas que garantizan la participación democrática de los comunistas.

O sea, para la materialización de este principio, es determinante el desarrollo político-orgánico de los organismos. Es en los organismos que se realiza la democracia partidaria, que los comunistas se informan, discuten, se forman y organizan, es allí que resuelven el camino a seguir y el plan de acción para avanzar.

De ahí que en esta etapa de desarrollo del Partido, el principal tema a resolver es el funcionamiento regular de los organismos, especialmente de las Agrupaciones, y de ellas, particularmente las de los centros de concentración del Plan.

Este factor central, que es fácil de decir y muy difícil de realizar, pone sobre la mesa múltiples tareas para resolver, entre las cuales destacamos: la participación de los comunistas en la elaboración de la línea y en su aplicación concreta en el trabajo y la lucha de masas, la política de cuadros y la comunicación, en el sentido más amplio del término. Fundamentalmente hacia dos direcciones: resolver que organismos y afiliados cuenten con la información en el momento que la necesitan, factor imprescindible para que la línea realmente sea elaborada colectivamente y para su actividad política general y desenvolver una adecuada política de comunicación del Partido hacia la sociedad.
 
La concepción del Partido, al estar en función de las ideas del marxismo leninismo, es portadora de una enorme fuerza intelectual  y material. Su desarrollo significa el despliegue de una energía creadora formidable, basada en el multifacético aporte de miles de comunistas enraizados en la clase obrera y en todos los sectores de la sociedad; fuerza que organizada según los principios del centralismo democrático, es capaz de conducir al pueblo uruguayo en el proceso de construcción de la Democracia Avanzada y el Socialismo.

Esta concepción, exige estudiar permanentemente la calidad y las formas de organización de los comunistas, en general y en cada realidad concreta y necesita la información, formación y los instrumentos necesarios para su desarrollo.

En  nuestros  Estatutos  están  los  principios  y  normas  fundamentales  que componen el núcleo fundamental del centralismo democrático.

El Partido tiene un Programa y Estatutos, obligatorios para todos sus organismos y afiliados, y un centro único de Dirección.

Todos los afiliados participan en la elaboración del Programa y de los Estatutos, de la táctica  general  y de la reelaboración de la línea en sus organismos.

Los organismos de Dirección se eligen de abajo hacia arriba y todos los afiliados pueden elegir y ser electos dentro de las normas estatutarias.

Todos los comunistas participan y tienen libertad de opinión y de crítica en el organismo correspondiente, así como la obligación de aplicar las resoluciones que resumen la opinión de la mayoría.

Los organismos inferiores deben aplicar las resoluciones de los organismos superiores.

Todos los organismos deben rendir cuentas periódicamente de su actuación al organismo superior y a los afiliados correspondientes.

En el Partido se desarrolla la disciplina consciente, cuyas normas son obligatorias para todos los afiliados.

En el Partido no se admite el fraccionalismo.

Estas normas permiten armonizar con sentido dialéctico, la imprescindible centralización con la más amplia democracia interna, la disciplina necesaria con la creación y la iniciativa política permanente.

Este   tipo   de   organización,   es   la   que   se   corresponde   con   el   carácter revolucionario del PCU, con su papel de vanguardia, le permite actuar como cuerpo homogéneo en  función  de  su  estrategia,  su  táctica  y  su  Plan  político  concreto,  ir acumulando prestigio en las masas. El rebajamiento de estos principios provoca la dispersión, siembra confusión en las masas y en las filas del propio Partido, se pierde la confianza del pueblo en nuestra capacidad de dirigirlo, genera condiciones para el enfrentamiento interno.

El    centralismo    democrático    es    una    unidad    dialéctica    de    elementos contradictorios, pero indivisible. A medida que mejora el funcionamiento y la calidad de la organización, en cuanto a su nivel teórico, político y organizativo, este principio potencia a la organización y su realización es más perfecta, la relación centralismo y democracia se va ajustando más a las necesidades políticas de la organización, en función del momento y las circunstancias históricas por las que atraviesa el proceso revolucionario.

La interacción permanente de los dos factores, genera condiciones favorables para el desarrollo y la expresión de ambos. La relación nunca debe ser centralismo o democracia o un poco de cada uno; es más centralismo y más democracia según lo que la  situación  política  y  la  organización  demanden,  pero  siempre  es  centralismo  y democracia juntos, entrelazados.

Rodney Arismendi planteaba al respecto: “En ningún caso, el Partido debe romper la relación dialéctica: si olvida el centralismo, la lucha por la discusión, la preparación de los cuadros, etc. caerá en un liberalismo de corte socialdemócrata y castrará al Partido. Si aplasta la democracia interior, si asfixia la discusión y la  crítica, y olvida la autocrítica, si abandona la verificación de la línea en la práctica, puede incurrir en una desviación burocrática, en la suplantación de la disciplina consciente por la administrativa”. (Rodney Arismendi: Lenin, la revolución y América Latina).

El camino para el desarrollo del Partido basado en los principios leninistas de organización, no es recitar las normas fundamentales del centralismo democrático, sino comprenderlas y trabajar cotidianamente rigiéndose por ellas, convencidos de que esa es la mejor manera de organizarnos para conquistar los objetivos que nos proponemos.

En el mismo sentido, el esfuerzo por la autodisciplina es más consecuente, si estamos convencidos de su carácter revolucionario, si se asume como un elemento valioso para nuestra organización y un aporte concreto al proceso de desarrollo integral del Partido, y no como una imposición.

Respecto de la disciplina, Lenin planteaba: “...¿cómo se mantiene la disciplina del Partido revolucionario del proletariado? ¿cómo se comprueba? ¿cómo se refuerza? Primero, por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la  revolución, su firmeza, su espíritu de sacrificio, su heroísmo. Segundo, por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si se quiere, de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias,  pero también con las masas trabajadoras no proletarias. Tercero, por lo acertado de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia. Sin estas condiciones es imposible la disciplina en un Partido revolucionario verdaderamente capaz de ser el Partido de la clase avanzada”. (V.I.Lenin: La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo).

El revisionismo en todas las épocas desde la discusión en el proceso de creación del Partido de Lenin y adquiriendo diferentes formas, combatían y combaten el centralismo democrático, incluyendo a nuestros liquidacionistas de fines de los 80’ y principios de los 90’, disfrazados con el traje de una supuesta “renovación”. Todos le hicieron y le hacen un gran servicio al imperialismo y a las oligarquías locales.

Debemos desplegar una lucha ideológica intransigente contra estas corrientes, en todos los planos, pero lo determinante para vencerlas y avanzar, es la construcción concreta de un gran PCU basado en los principios leninistas de organización.

Uno de los principios fundamentales de la vida del Partido, es la dirección colectiva en todos los organismos, la discusión y resolución de los distintos temas por parte de los afiliados. Este principio genera condiciones para la consolidación y desarrollo de los organismos, así como para la participación y el crecimiento político de los camaradas.

El análisis colectivo de los temas, minimiza la posibilidad de que los organismos cometan errores importantes, permite educar mejor en el cumplimiento de las tareas con criterio político y no administrativo, estimula la independencia de criterio y la iniciativa política. Es a la vez, apoyo y control de la acción que desempeñan los camaradas, en la medida  que  parte  de  la  discusión  en  una  reunión,  debe  ser  la  evaluación  de  los resultados políticos de decisiones anteriores. Todo ello forja al  organismo y a sus militantes en un estilo de trabajo que valora al colectivo, a la organización y la planificación, y es un valioso instrumento contra el culto a la personalidad y el individualismo.

En el marco del funcionamiento regular del organismo guiado por su Plan, la dirección colectiva se desarrolla en estrecha relación con la responsabilidad individual de los camaradas. Este método de trabajo, no sólo no rebaja el papel del dirigente, sino que lo apoya y genera las mejores condiciones políticas para su elevación, ya que como todos los principios y normas leninistas, se basan en una estrecha ligazón con las masas, que es donde los cuadros comunistas deben desarrollarse y encontrar el camino para cumplir su papel.

El centralismo democrático supone la utilización del método de la crítica y la autocrítica, como instrumento de valoración y calificación permanente del trabajo del Partido y de sus militantes.

Debemos estimular y generar condiciones para la discusión fraterna de la orientación política y las tareas, para la identificación de nuestros aciertos, errores y carencias, con el objetivo permanente de mejorar nuestro trabajo. El estímulo a la discusión política, al análisis objetivo de las diferentes situaciones y a tomar decisiones basadas en el intercambio de opiniones, debe traducirse luego, en que todos los comunistas de ese organismo actuemos en función de lo que se resolvió. En realidad, el fortalecimiento de la cultura de debate y el desarrollo de la camaradería en la discusión, también desarrollan el compromiso militante con las resoluciones que se toman. En ese aspecto, la crítica y autocrítica, fortalecen al organismo, a sus militantes y a la disciplina partidaria.

Entonces, el centralismo democrático surge del carácter revolucionario del Partido, de la necesidad de garantizar la unidad de la teoría y la práctica, la cohesión de la  organización  y  de  su  acción,  la  posibilidad  de  actuar  en  todo  momento  y circunstancia, surge de la necesidad de garantizar la unidad de dirección y de acción de los  comunistas como valor fundamental de  la  organización, sin la  cual  los  demás atributos se vuelven inoperantes y presa fácil del enemigo de clase.

La acumulación de fuerzas

Uno de los conceptos más dinámicos y complejos de la vida política y social es el de acumulación de fuerzas. Nos convoca al análisis constante de la realidad política y social. La caracterización de las bases materiales y del período histórico concreto, los objetivos estratégicos, los lineamientos tácticos fundamentales y su aplicación en la conducta  política  cotidiana,  está  en  la  base  de  la  forja  de  la  fuerza  social  de  la revolución.

¿Es acumulativa la lucha de clases? Si la respuesta es afirmativa, ¿qué es lo que la hace ser así?

La acumulación de fuerzas es la traducción política y social del fundamento material de la contradicción, que en última instancia conduce a la sustitución de una formación económico-social  por  otra:  la  que  opone  el  desarrollo  continuo  de  las  fuerzas productivas a las relaciones de producción que la aprisionan.

Para que esta contradicción básicamente ciega, aunque examinable como un hecho natural si se cuenta con las herramientas científico prácticas para ello, se exprese bajo la forma de  categoría viva del accionar social y político, (por aquello de que la historia la hacen los hombres y es la historia de la lucha de clases), es preciso contar con formaciones políticas y sociales representativas de las clases  que viabilicen sus formas específicas de manifestación y/o las conduzcan realmente. Estamos por lo tanto, ante un entrelazamiento activo de fundamentos materiales y de la acción consciente.

Sin conducción política efectiva, no hay acumulación de fuerzas. En ausencia de aquella, ésta es sustituida por la acción espontánea, casi siempre circunstancial, opaca en sus fundamentos reales y esencialmente caótica, de las clases en pugna.

Nos oponemos a las teorías y políticas que alienten los estallidos sociales en el proceso de acumulación de fuerzas. Oponemos y hacemos bien, "estallidos sociales", que hacen manar sangre de pueblo sin que quede atrás nada más que amargura y decepción, a la acumulación de fuerzas. Muchas veces hay detrás de estos fenómenos, hombres  y  mujeres  sinceros  que  actúan  irremediablemente  como  provocadores políticos.

¿Es  la  acumulación  de  fuerzas  un  proceso  político  y  social  que  existe  en cualquier tiempo y lugar? Entendemos que no. Lo que hace de la lucha de clases un proceso   acumulativo   es   de   hecho   la   acción   consciente,   guiada   por   objetivos determinados y encarnados en grandes masas. Acumular fuerzas significa preparar las condiciones para alcanzar objetivos programáticos y estratégicos. En este sentido es la categoría que se constituye en fundamento de la táctica. No hay, por lo tanto, acumulación consciente de fuerzas real sin teoría de la revolución.

La acumulación de fuerzas es y no es un proceso gradual. Es, en realidad, un nudo de contradicciones sólo comprensible plenamente a la luz de las leyes del movimiento, a la luz de la dialéctica, sin que esto signifique sustituir el análisis concreto de la realidad concreta por formulaciones dialécticas vacías de contenido.

Por ser parte activa de los vaivenes de la lucha de clases, se acumula y "desacumula". La derrota de la experiencia socialista en el este europeo, significó un salto atrás en los procesos de acumulación de fuerzas, de incidencia universal, una vez que las leyes de la realidad internacional se modificaron cualitativamente. Y, en el caso de nuestro país, la crisis de la fuerza política con más vínculos ideológicos, políticos y orgánicos, con la clase obrera y el sistema de organizaciones populares, el PCU, incidió directamente en el proceso político y social acumulativo.

¿Lo dicho significa que se interrumpió, en el caso de nuestro país, por ejemplo, este proceso? No significa eso. Pero para entenderlo, es preciso contar con una visión clara acerca de lo que se había avanzado en la forja de la conciencia de los trabajadores y de grandes masas y en la construcción de herramientas políticas y sociales.

La dictadura intentó socavar los cimientos de esos avances, pero lo hizo a costa del aislamiento político, no simplemente del suyo propio sino del poder hegemónico de las clases dominantes, lo que explicaba la preocupación de los sectores más lúcidos del bloque  de  poder.  Y,  en  verdad,  la  respuesta  activa,  cotidiana  pero  con  alcance estratégico a la pregunta de quién aísla a quién, es una exigencia constante para el bloque liberador    y, de hecho, es uno de los principios que conducen el proceso de acumulación de fuerzas.

Trabajar para la formación de la conciencia de los trabajadores y de grandes masas en la comprensión del programa que anuda los objetivos de un período histórico científicamente determinado, así como de las tareas    de la etapa, se constituye en principio rector de la actividad de aquellas expresiones políticas de las clases cuya vocación histórica es derribar el  viejo régimen  y sustituirlo por otro  acorde a  sus intereses. De allí que, en el bloque de los cambios, la participación real en el proceso acumulativo de las fuerzas que lo componen no es armoniosa. A veces, incluso, parece que algunas fuerzas se aprovechan de los esfuerzos que en esa dirección hacen otras formaciones políticas. De todos modos, son parte de la acumulación de fuerzas una vez que integran ese bloque transformador.

Ganar ideológica y políticamente a la clase de vanguardia, la clase obrera, se convierte en columna vertebral del proceso de acumulación de fuerzas. Esto es así porque se trata de la única clase interesada hasta el fin en la transformación revolucionaria de la sociedad, pero también porque es la que acumula más experiencia de lucha con sentido táctico y estratégico y, además, es la única capaz de convertirse en centro organizador teórico-práctico de la amplia alianza y de la diversidad de acuerdos políticos y sociales de aquellos que tienen contradicciones de distinta naturaleza con la política de las clases dominantes.

Esta  capacidad  para  constituirse en  centro  organizador es  válida,    si  no  se confunde el ámbito de la acción social con el político, toda vez que nunca se sustituyen y  nuestro  esfuerzo  principal  se  dirige  a  coordinarlos  sin  que  cada  uno  pierda  su identidad y especificidad.
La constante ampliación del bloque liberador pone siempre en riesgo esa misma vocación de cambios que lo hizo nacer. Hablamos del problema de la   amplitud y la profundidad en nuestra jerga. Es por esta razón fundamental que un principio que recorre constantemente el proceso de acumulación de fuerzas, es la contradicción dialéctica de la unidad y la lucha ideológica. El ingreso, a veces tumultuoso, de grandes masas al campo de la lucha por los cambios revela dramáticamente los distintos niveles de conciencia y organización de esas masas. Entonces centramos nuestra preocupación en la amenaza a las definiciones programáticas alcanzadas por el bloque de los cambios. En realidad deberíamos profundizar más en esta cuestión, una vez que corremos el riesgo de confundir decisiones tácticas y su especial lenguaje, con la cuestión más amplia y profunda del "rebajamiento del programa".

En ocasiones se producen fenómenos profundamente negativos cuando no es posible conducir el  proceso. Sin ánimo de  analizar las  circunstancias nacionales e internacionales que dieron lugar al nacimiento y desarrollo del peronismo, movimiento político de extrema complejidad, interesa destacar un aspecto de incuestionable importancia. Hasta los años 40 del siglo pasado, la clase obrera argentina desarrollaba sus herramientas y comenzaba a mostrar su potencialidad de lucha con una óptica consecuentemente clasista. En particular, resolvía exitosamente la prolongada disputa con las confusas organizaciones anarquistas que introducían en el movimiento obrero concepciones de raíz pequeño burguesa, corporativistas, aventureras y aislacionistas. Sin embargo, y en plazos muy cortos, este proceso prometedor se ve prácticamente interrumpido por el despliegue del peronismo, vinculado de una u otra forma, en esa década, al fascismo. La base material de la difusión del peronismo en el movimiento obrero y sindical, es la incorporación masiva a la clase obrera de millones de peones rurales  y pequeños campesinos desalojados de  sus tierras, en  los  cuales  prende el peronismo  con  su  demagogia,  unida  a  un  conjunto  de  medidas  sociales  que objetivamente eran de interés de los trabajadores. El movimiento obrero queda así sometido a la influencia ideológica y política de la burguesía. Esto significó un verdadero golpe a los fundamentos de la acumulación de fuerzas, que aún sigue presente en la realidad del país vecino.

En contrapartida, allí donde el movimiento sindical se unió en torno a una concepción clasista y defiende tenazmente su independencia de clase, unida a una gran política de estímulo al desarrollo del sistema de organizaciones populares, de la que siempre debe rodearse el movimiento obrero, se crearon las mejores condiciones para unir las fuerzas políticas avanzadas y disputarle el gobierno al bloque en el poder. Los ejemplos extraordinarios del Chile de los años 60 y de nuestro propio país, nos eximen de más comentarios.

Otro factor importante que debe tenerse presente en este proceso, es el permanente intento del imperialismo y las oligarquías locales de introducir en el seno del movimiento obrero y sindical, elementos de corrupción u otros, que por diferentes caminos terminan desvirtuando el carácter clasista de los sindicatos y poniéndolos al servicio de la burguesía.

La acumulación de fuerzas está presente en todas las formas conscientes de lucha y encarna, a su modo, en cualquiera de las vías que los pueblos elijan para hacer la revolución. Cuando un pueblo vive el drama de dividirse en torno a la definición de las formas de la acumulación de fuerzas correspondientes a las circunstancias histórico- concretas, una y otra se contradicen sin mediaciones y se perjudican mutuamente. El núcleo  racional  de  la  teoría  de  la  revolución,  en  esos  casos,  se  ve    afectado negativamente, la lucha de clases se vuelve confusa desde el campo de los cambios sociales y eso facilita enormemente el papel del bloque conservador. En realidad, no es tan  sencilla  la  cuestión  pero  básicamente  sigue  en  pie  lo  dicho.  Superar  esa contradicción se vuelve, entonces, la tarea más urgente de los pueblos que la sufren.

La acumulación de fuerzas es una forma de enfrentar el reformismo una vez que éste no acumula sino que “desacumula”. El tacticismo que lo caracteriza, unido a una vocación por administrar el sistema y no cambiarlo, implica la desorganización de las masas y plantea grandes problemas a la cuestión central de la forja de su conciencia. La lucha de clases, el discernimiento acerca de la dominación de clase y la necesidad de enfrentarla, se oscurece extraordinariamente, conduciendo al empantanamiento del proceso revolucionario.

Por otra parte, cualquier forma de doctrinarismo, también conduce a la parálisis una vez que produce desprecio por la acción política cotidiana y organizada. En verdad, es una forma de elitismo que se pone de espaldas a las tareas que las masas deben resolver en el día a día pero con un norte claro. El doctrinarismo es enemigo del proceso de acumulación de fuerzas.

En cualquiera de los dos casos, "desviaciones" decimos en nuestra jerga, es preciso, no obstante, analizar la realidad concreta, dado el grado extremo de generalidad de lo afirmado.

Sobre el Plan del PCU

Para referirnos a este tema, entendemos que es conveniente remitirnos a aspectos sustanciales del Plan político del PCU 2002-2005 (distribuido en los organismos en su oportunidad), que tienen que ver con la organización del Partido entre los trabajadores, particularmente en la clase obrera.

“...El objetivo central del Partido para la etapa, es la conquista del gobierno nacional con las masas organizadas y movilizadas, en torno a un Programa de transformaciones profundas de la sociedad, que hacen y sienten suyo en la oposición y  defienden  su  aplicación desde  el  gobierno nacional, popular y democrático...”

En función de este objetivo, el Plan aborda y desarrolla los principales lineamientos para el trabajo sindical, social y político, enlazado con las tareas de construcción, de forma que todos los organismos del Partido de la clase obrera, asuman las tareas de masas como su actividad prioritaria.

Respecto de la construcción del Partido, señala que la principal dirección de trabajo es fortalecer su organización en los centros estratégicos definidos en el Plan  y que  debemos  hacerlo  en  el  mismo  proceso,  junto  con  el  fortalecimiento  de  la organización de la clase.

Para desarrollar la tarea histórica de construir y fortalecer la organización de la clase y su Partido, el Plan avanza en el análisis de la situación de los trabajadores, así como de los cambios producidos en el mercado de trabajo, debido a la aplicación de la estrategia neoliberal del  imperialismo en  nuestro país  (parte de  este  análisis  ya  lo transcribimos más arriba, al referirnos al papel de vanguardia de la clase obrera).

Más adelante, el plan aborda los lineamientos más concretos de la tarea de los comunistas en ese sentido:

“En función de los objetivos políticos y teniendo en cuenta esta realidad, debemos organizar a la clase obrera para que pese más en la Central, y de manera simultánea y confluyente, entrelazar el trabajo sindical, social, comunal y reivindicativo del Partido, para hacer pesar (desde donde esté), a la clase en el conjunto del movimiento popular. Debemos trabajar desde los organismos funcionales y territoriales, para fortalecer la organización del movimiento sindical y rodearlo de pueblo organizado; promover su entrelazamiento en un solo movimiento, luchando por un Programa común, donde la clase juegue su papel de conducción. Y en ese mismo proceso, en tanto trabajamos con estos ejes, organizamos y fortalecemos al Partido en los centros de trabajo fundamentales.

El tema es cómo organizamos en concreto: cómo trabajamos para organizar sindicalmente, cómo entrelazamos el  trabajo sindical, social, comunal y  de Partido, cómo rodeamos de solidaridad efectiva, a los gremios en conflicto desde los organismos del Partido, tanto territoriales como funcionales, cómo atendemos los lugares fundamentales -que no será siempre ni obligatoriamente igual en todos lados, pero que siempre será a partir de la situación concreta del hombre o mujer al que llegamos-, cómo atendemos las diferentes situaciones para organizar y movilizar, que hoy muchas veces pasa por resolver primero el plato  de  comida  (que  la  derecha  visualiza y  trabaja, con  otros  contenidos sociales y objetivos políticos).

Por otro lado, si el objetivo principal es construir una organización fuerte en los centros  definidos  en  el  Plan,  es  importante  que  todos  los  camaradas  que trabajan    en    uno    de    esos    centros    estratégicos,    (sean    Nacionales, Departamentales o Seccionales), prioricen la militancia en ese lugar. Allí cada comunista debe trabajar con el objetivo de fortalecer la organización sindical o social y la organización partidaria si existen, o para construirlas si no existen. Esta es la orientación principal, con el fin de fortalecer al Movimiento Sindical y Social desde sus organismos de base, y comenzar a revertir la debilidad de nuestra organización partidaria en los centros estratégicos del Plan político. Esta orientación debe tomarse como un proceso, donde en cada organismo se tomen las medidas necesarias, para ocupar las responsabilidades que dejan los camaradas que pasan a militar a la organización partidaria en los centros de concentración del Plan”.

En  función  de  esta  concepción,  que  entrelaza  el  trabajo  de  masas  con  el desarrollo del Partido, se definen los sectores estratégicos de carácter nacional y se dan lineamientos de cómo avanzar en el desarrollo del Plan.

“...Dada la experiencia de los períodos anteriores, el desarrollo actual del Partido en los organismos y las características del Plan, para alcanzar los objetivos planteados, es necesario realizar una priorización en el tiempo, un escalonamiento de la concentración del esfuerzo y de los recursos, además de precisar dónde concentramos dentro de cada centro de concentración.

En ese sentido, y sobre la base de trabajar hacia todos los sectores estratégicos, es necesario priorizar en los siguientes centros de concentración: Conaprole, Puerto,  Construcción,  Estatales,  ANCAP,  SUTEL,  ADEOM,  FUS,  UNOTT, Movimiento cooperativo, Movimiento de jubilados, Zonas de emergencia social. En función de eso, debemos elaborar con los organismos que actúan sobre cada centro, un Plan que tome todos los temas (sindical, social, unidad política, Partido). De acuerdo a la metodología propuesta al inicio, un miembro de la Dirección debe ser responsable del desarrollo de ese Plan.

Una vez definidos dónde vamos a concentrar el esfuerzo, debemos diseñar una estrategia y organizar al Partido para que sus organismos, sean funcionales o territoriales, trabajen en su realidad concreta hacia el objetivo central de la etapa.”

5.  Estado de nuestra Concepción del Mundo.

El marxismo leninismo es una concepción del mundo global, es, además, el fundamento teórico general de la revolución de nuestro tiempo, la revolución socialista. Su significado no es sólo un modo histórico de pensar integrado a la  historia del pensamiento filosófico y social universal. Su principal valor histórico y su esencia revolucionaria, descansa en la capacidad para autodesarrollarse.

Lenin planteaba al respecto: “Nosotros no consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo acabado e inmutable: estamos convencidos, por el contrario, de que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todos los sentidos, siempre que no quieran quedar rezagados en la vida”. (V.I.Lenin, Tomo 2, pág. 492)

Con frecuencia se entiende mal la reflexión leninista acerca de las fuentes y las partes del marxismo. El marxismo tiene fuentes nutricias y se articuló en su nacimiento a partir de ellas. En realidad, el marxismo enriquecido por el leninismo, continuó su desarrollo con el análisis crítico de los avances de todas las ciencias, así como en el pensamiento  de  eminentes  marxista  leninistas  como  Gramsci  o  teóricos  como  el peruano Mariátegui. La obra de Rodney Arismendi constituye una importante contribución al desarrollo del marxismo leninismo. Asimismo, la producción teórica y práctica de todos los PPCC, son vertientes, -con las cuales se puede acordar o no-, del desarrollo creador de la doctrina.

Presente como guía en las más diversas condiciones culturales, sociales y políticas, es natural que se viera y se vea constantemente amenazado por deformaciones y/o abandono y sustitución de principios, que constituyen lo que podríamos llamar el "núcleo duro" de la concepción. En ese sentido, las diversas formas del revisionismo y el dogmatismo han sido históricamente las amenazas que enfrentó y enfrenta constantemente.

La crisis del movimiento comunista internacional que cristalizó y se realizó dramáticamente con la derrota de la experiencia socialista en el este de Europa, afectó profundamente la difusión, cultivo y aplicación sistemática de la concepción del mundo que    inspiran la acción de los partidos comunistas. El carácter, origen y proyección histórica de esta crisis, debe ser objeto de mayor reflexión por nuestro Partido. En realidad, también afectó el trabajo de intelectuales, artistas, filósofos y científicos en todo el mundo.
 
Para muchos, significó la prueba práctica que demostraba el fracaso de la concepción que abrazaban, iniciando así un proceso centrífugo que los alejó del marxismo leninismo. En una obra de extraordinario valor, una especie de Dialéctica de la Naturaleza del siglo XX impulsada por el filósofo francés Lucien Sève, se afirma lo siguiente:

"La desatención en la que, en Francia particularmente, han caído los problemas reales y aportes posibles de una inteligencia dialéctica de la naturaleza constituye la más extravagante anomalía que pueda observarse en el pensamiento científico filosófico contemporáneo."

Inspiradora de un proceso de formación de partidos obreros, que se acelera en Europa desde mediados del siglo XIX y en los últimos 20 años de ese siglo en América Latina y otras regiones del mundo, su incidencia entre científicos, filósofos y artistas fue pobre. Las críticas muchas veces aberrantes que el pensamiento dialéctico recibió por parte de filósofos influyentes a lo largo del siglo XIX y el XX, las dificultades naturales de  difusión del  marxismo, en  particular en  lo  que dice  respecto de  su inmensa  y compleja obra teórica, determinaron la lentitud de su difusión, más allá de la actividad práctica y teórico-política de los partidos que se formaban a la luz de sus ideas. Pero con el triunfo de la Revolución Rusa, comienza un proceso muy amplio de difusión del conjunto de la obra de Marx y Engels. La publicación de los Grundrisse, los cuadernos que sintetizaron las tesis fundamentales de El Capital, constituyó un acontecimiento intelectual en el mundo entero. Asimismo los trabajos teóricos de Lenin, en particular Materialismo y Empiriocriticismo y los Cuadernos Filosóficos, con sus profundos comentarios de la obra de Hegel, sobre todo de su Ciencia de la Lógica, le dan al marxismoleninismo una gran vitalidad y dinamismo. Importantes científicos, artistas y filósofos lo  asumen  como guía  de  sus trabajos. Asimismo, parte importante de  la difusión e investigación se deriva de la representación curricular del  marxismo en numerosas universidades de todos los continentes. Este fenómeno lo convierte en centro inevitable de debates enriquecedores y apasionados. Nacen y se difunden numerosas revistas dedicadas a la filosofía del marxismo -fue el caso de la revista Praxis entre nosotros- y se editan libros en todo el mundo, muchos de ellos de un gran valor teórico.

La investigación sigue una gran diversidad de caminos en todos los campos. En particular, en torno al proceso de formación del pensamiento de Marx y Engels, así como, obviamente, en torno a El Capital.

La cultura uruguaya reflejó ampliamente la difusión del marxismo leninismo y lo discutió con pasión. La Universidad de la República lo incorporó a sus planes de estudio,  como  ocurría  en  el  resto  del  mundo.  De  hecho,  las  ciencias  sociales comenzaron a girar en torno a los temas que promovía, obligando a investigadores, docentes y futuros profesionales a tomarlos en consideración.

Un tema abierto, es el de investigar este fenómeno cultural y su estado actual en nuestro país.

Por las razones que analizaremos más adelante, aparecen fenómenos negativos que trastornan este proceso, hasta el punto de correr el riesgo de convertir al marxismo en pieza de museo.
Con el proceso de vulgarización del pensamiento filosófico ocurrido a la sombra del stalinismo, la investigación científica soviética de los años treinta, comienza a subordinarse a imperativos de carácter ideológico y político. Stalin promueve al marxismo como filosofía de Estado y la dialéctica es reducida a cuatro leyes, en su libro Materialismo Dialéctico y Materialismo Histórico.

Un proceso de instrumentalización grosera de las ideas de Marx y Engels, da lugar a una metamorfosis caricaturesca  por la que la dialéctica pasa a constituirse en tribunal supremo de la verdad en las ciencias.

En diversos círculos intelectuales se da por saldada la cuestión e inclusive, su estudio comienza a ser abandonado en las universidades o por lo menos a considerarlo como una expresión histórica, sin incidencia en el pensamiento actual. No obstante, la situación comienza a revertirse, cuestión que también habrá que investigar en concreto.

(Ver “Marx y los desafíos de la época”, discurso de Rodney Arismendi al recibir el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía de la Escuela Superior del    PSUA “Carlos Marx”, 19/4/1983).

Análisis crítico de la incidencia de la práctica teórica del PCUS en la conformación del pensamiento filosófico del marxismo leninismo.

En medio del panorama auspicioso que presentaban las primeras décadas del siglo XX, aparecen dificultades inesperadas.

En 1948, un asunto estrictamente científico ligado a las nuevas teorías sobre la herencia, da lugar a un asunto que tiene un paralelismo extraordinario con lo ocurrido con Galileo en su enfrentamiento con el aparato ideológico de la  Iglesia Católica. Lisenko, un biólogo que dio nombre a este asunto, plantea que las tesis modernas sobre la herencia representan una desviación ideológica burguesa y son antidialécticas. El CC, encabezado por Stalin, condena estas teorías científicas que la vida demostró correctas y prohibe su estudio en la URSS. Esta decisión nefasta es seguida por las jóvenes repúblicas socialistas europeas y numerosos Partidos Comunistas la acompañan.

A partir   de situaciones como la descrita, se inicia un proceso de fosilización del marxismo leninismo, convertido en ideología de Estado, a la vez que da lugar a la formación de  una  intelectualidad  "oficial" que  materializa  esta  fosilización bajo la forma de manuales de "popularización" del marxismo leninismo en los más diversos campos, desde la filosofía y la economía política, hasta la ética y la estética. Este fenómeno profundamente negativo, afectó el desarrollo del marxismo  leninismo en el mundo entero.

El XX Congreso del PCUS pareció constituirse en instancia histórica de superación de estas deformaciones. No obstante, de hecho, no consiguió revertir la situación, aún cuando un grupo numeroso de científicos y filósofos produjo obras de gran valor creativo. Sin embargo su difusión internacional y en el propio campo socialista fue escasa.

No quiere decir esto que hubiera quedado paralizada la ciencia del campo socialista. Pese a las dificultades, se desarrollaron por ejemplo: la Cibernética, la Física, la Matemática y la Lógica Matemática, que dieron lugar a los avances de vanguardia en los vuelos espaciales. Numerosos campos de la ciencia se desarrollan en este período. También el de la defensa.

Los avatares del marxismo son múltiples y de inmensa complejidad. Apenas estamos esbozando algunas hipótesis, todas ellas necesitadas de investigación profunda y sustento práctico.

Relación Partido-concepción del mundo.

La  actividad  del  Partido  se  centra  en  su  objetivo  fundamental:  hacer  la revolución basándose en la aplicación creadora del marxismo leninismo. A su vez, las ciencias, la filosofía y el arte tienen sus propios condicionamientos, constituyen ámbitos de alta especialización.
La difusión del marxismoleninismo, la creación de ámbitos para la investigación en todas las áreas, constituyen un aspecto necesario de la política del Partido. Eso no significa, sin embargo, que el Partido como tal, dictamine lo que es correcto y lo que no lo es. Cuando un dirigente del Partido se pronuncia sobre algún aspecto de la actividad científica, filosófica o  artística, lo hace  bajo su responsabilidad y desde su propia formación específica. Lo que no puede hacerse, es buscar en una resolución política la confirmación de la corrección de las ideas científicas.

Esto no significa permanecer al margen de la situación real del trabajo en estos ámbitos. La idea de que existen concepciones hegemónicas en todos ellos, es correcta, pero la lucha contra estas ideas hegemónicas, cuando son expresamente hostiles a nuestra concepción del mundo, es una cuestión especializada que debe procesarse en sus ámbitos y que no puede resolverse por votación en algún órgano de Dirección. En el mismo sentido, es negativo promover la formación de “capillas” científicas o en el campo del arte, supuestamente fieles al Partido.

La tarea de ganar a los intelectuales y artistas para el marxismo-leninismo, la lucha para incorporarlos a la fuerza social de la revolución e incluso a la vida del Partido, no puede significar   ponerles una mordaza o zanjar políticamente   lo que se considere una "desviación" en la práctica de sus respectivos ámbitos de especialización.

Es preciso analizar críticamente la experiencia histórica para no caer en estas situaciones, que incluso tuvieron su expresión en la vida del movimiento sindical y popular en nuestro país. Por ejemplo, uno de los errores que supera el Partido en el XVI Congreso,  fue  el  de  la  sustitución  de  los  sindicatos  por  las  agrupaciones  que funcionaban en el medio sindical. (Informe de Arismendi al XVI Congreso). Desde aquel Congreso, el Partido definió correctamente la relación Partido-sindicatos, respetando la independencia de los sindicatos respecto de los partidos políticos, aunque, y aquí  está  la  diferencia, trató siempre de  asegurar la  orientación de  clase  de  los sindicatos. Lo hace a través de la participación de sus militantes en el movimiento sindical, de trabajar para fortalecer la organización de los trabajadores en sus sindicatos, de  elevar  su  conciencia  política  promoviendo  su  unidad,  su  organización  y  la experiencia de lucha por sus intereses de clase, persuadiendo, convenciendo, en ese proceso incorporando al Partido a lo más avanzado de la clase obrera, los trabajadores y el pueblo.

Sin dudas, los lineamientos estratégicos y la táctica delineada por la Dirección y los diversos organismos partidarios involucrados, en la medida que nuestro Partido es la expresión política de los intereses cardinales de la clase obrera, se esfuerzan por crear las condiciones para que cumpla  su papel histórico universal. Sin confundir el rol de cada uno. Ambas cosas, el criterio de independencia de clase y el esfuerzo por incidir decisivamente en el movimiento sindical, ilustran en lo que se parece y en el contraste, la idea planteada.

¿Esto significa que los comunistas no deben estudiar la filosofía del marxismo, la economía política, las corrientes artísticas, etc., y que los intelectuales y artistas no opinen, se organicen y participen en el proceso revolucionario? No. Estamos analizando la relación Partido-ciencia-arte, a la luz del posicionamiento históricamente correcto que ha tenido nuestro Partido al respecto, y de algunas experiencias negativas de las que pretendemos aprender.

La justa relación debe darse en el marco del entrelazamiento de la participación de todos los sectores interesados en construir una sociedad más justa y solidaria, en el proceso  de  lucha  por  avanzar  en  ese  camino  en  torno  a  intereses  comunes, materializados en un programa de transformaciones.

Es preciso estudiar y profundizar creativamente el marxismo, una vez que sin ello  no seremos capaces de cumplir nuestro papel. A la vez, recurrir a los trabajos de todos los que tienen la formación necesaria para la formulación de nuestro programa, para estudiar y hacer propuestas sobre los caminos que un gobierno progresista deberá seguir para avanzar en democracia hacia la Democracia Avanzada y el Socialismo y para el análisis concreto de la realidad concreta en cada momento histórico.

En el proceso de la lucha ideológica con otras concepciones, debemos ganar a los intelectuales para nuestra concepción del mundo, ganarlos como militantes en su ámbito, tanto en la utilización sistemática del método marxista de análisis e investigación, como en su defensa, enfrentando a otras metodologías antimarxistas en su esfera de actividad. Así como trabajamos para ganar ideológicamente a los intelectuales para la revolución, debemos contribuir a la difusión del marxismo para que juegue un papel esencial en el desarrollo de las ciencias y la cultura uruguaya, como parte del desarrollo de la cultura universal


En ese sentido, nuestra obligación es bregar por la eliminación de todo vestigio de fosilización teórica e ideológica que aún pueda existir entre nosotros y más allá de nuestras fronteras partidarias. De modo que la lucha contra el dogmatismo y el revisionismo debe encontrar al Partido firmemente anclado en la comprensión rigurosa de su papel y su relación con las demás fuerzas políticas, sociales, culturales.

Tareas  de  investigación  a  impulsar  para  el  desarrollo  de  nuestra  concepción filosófica.

Una primera e impostergable tarea a impulsar, es la del análisis de la experiencia realizada en el proceso de conformación y difusión del marxismo leninismo, tanto a nivel internacional como entre nosotros.

Otra, es estimular el estudio creador que nos permita contar con un instrumento teórico e ideológico acerado, sobre la base de la investigación crítica de la actividad en los más diversos campos. Eso incluye la historia crítica del Movimiento Obrero internacional  y  uruguayo,  el  papel  esencial  de  la  clase  obrera  en  el  proceso revolucionario en América Latina.

Es necesario que la Universidad, la actividad terciaria en general, vuelvan a ver en el marxismo una herramienta insustituible para la orientación de su actividad y en el proceso de formación curricular. Esa no es una tarea espontánea; debemos trabajar en esa dirección a partir de las consideraciones hechas anteriormente.

Habrá que instrumentar, con modestia y sentido de la realidad, un ámbito institucional adecuado, una cierta estructura para la realización de estas tareas.

 

Modificado por última vez enMiércoles, 12 Julio 2017 17:50